Con ojos de “turista interno”

Con ojos de “turista interno”

Todo es según el cristal con que se mire, dicen los que saben. Les cuento, con ojos de “turista interno”, qué cosas he visto desde el jueves al domingo en un viaje a Portillo.

 La nueva carretera a Samaná es un encanto. El peligro es que no se trata de una autopista y muchos caen en la tentación de correr de más, con consecuencias como el accidente del domingo con siete muertos y muchísimos heridos.

Falta vigilancia policial. En las tres estaciones de peaje hay militares o policías vestidos de verde olivo, pero en todo el trayecto de ida y vuelta no ví ni un solo patrullero, ni policías en motocicletas o a pié.

A diferencia de otras carreteras del país, en esta no hay vendedores a sus orillas, ni intersecciones como si fuese una avenida o calle, con excepción de varios cruces como por ejemplo para salir hacia Bayaguana.

Me apenó ver en Los Haitises varios conucos a la orilla de la carretera, algunos con maíz, otros con yautía.

Es lo que siembran usualmente los conuqueros criollos y haitianos, con efectos devastadores para ecosistemas frágiles como Los Haitises.

Es un enorme contraste llegar al Cruce de Molenillo y caer en la vieja carretera a Samaná.

Es como salir de un país a otro. Hoyos, basura, gente tirándose encima de los carros, construcciones casi encima del asfalto, enormes autobuses llevando turistas rubios del aeropuerto a sus hoteles… Se crispan los nervios de cualquier conductor.

Decidimos irnos por El Limón, que es más lejos pero menos tortuoso. Dado que Chen y el Comedor Hernández, en Matancitas, Nagua, quedaron fuera de la ruta, aventuramos almorzar en un restaurante en Sánchez. Nos va mal.

En campos de béisbol entre El Limón y Rancho Español vemos decenas de jóvenes haitianos jugando fútbol. No son turistas. Es notable que hay muchas construcciones nuevas pero también muchos hombres desocupados.

En la recepción del hotel los empleados son haitianos. Mi pobre francés resulta mejor que su peor español. Parece que llegamos a Martinica. Varios tubos sépticos rotos amargan el olfato.

Botar el golpe en Portillo es un encanto. Las Terrenas ha crecido tanto en apenas un año y pico que asombra… La gozadera es desbordante pero quizás falta orden.

Cuatro días pasan volando y al irnos queremos volver. Lo haremos tan pronto olvidemos todos los “peros”…