Comedimiento

Comedimiento

Entre lo que se puede y lo que se debe hacer desde el Poder en un período de transición es necesario que medien la legitimidad y la oportunidad, la ética y el comedimiento. Si no son satisfechas estas premisas y se aprovecha la ocasión para cometer travesuras, se estaría causando perjuicios no sólo al Gobierno entrante, sino también para los gobernados de todas las épocas.

Así, por ejemplo, los senadores ejercieron su cuota de poder al convertir en ley el Proyecto Sectorial de Areas Protegidas, pero si se hubiesen acogido a la oportunidad y la ética, si hubiesen sido comedidos, hubiesen desistido de materializar en la transición la tropelía que cometieron. Hay que reconocer -eso sí- que el conocimiento de ese proyecto llevaba ya algún tiempo y que los senadores no hicieron más que darle continuidad, aunque en momento inoportuno.

Pero la transición entre un Gobierno que concluye y otro que inicia su período de cuatro años siempre ha sido un tanto tormentosa. Preocupa que a estas alturas el Poder Ejecutivo se esfuerce por dejarle al próximo Gobierno una que otra herencia envenenada, con cuestiones del talante de un proyecto de ley que le exoneraría a cada uno de los síndicos y vicesíndicos la importación de un vehículo de motor, sin límite de precio, categoría y cilindrada.

En este caso también se ha hecho uso de una cuota de poder aún vigente, aunque se ha hecho para otorgar un irritante privilegio. )Cómo es posible que justo cuando el Gobierno necesita más ingresos y el Fondo Monetario Internacional presiona por una reforma fiscal para obtenerlos, el Poder Ejecutivo pretende una exención de impuestos de esa magnitud y naturaleza y con unos fines injustificables?

[b]II[/b]

Nuestras críticas por este proceder no significan, de ninguna manera, que estemos viendo la viga únicamente en el ojo del actual Gobierno. Estamos bien claros en cuanto a que, en su momento, en el pasado período de transición, también se cocieron habas como las que motivan nuestra crítica. Aquellos procederes también merecieron nuestra censura.

Nuestra posición tiene que ver con el hecho de que los desmanes, por más que sean disfrazados de legales y legítimos, terminan perjudicando a la población y hablan muy mal de nuestra forma de administrar los bienes del Estado.

Se tiene noticia de que en ciertas áreas del Gobierno ha sido incrementada exageradamente la nómina de empleados desde que se supo que el electorado había votado contra la reelección. Es necesario que el Presidente le ponga freno a esta actitud, asumiendo una posición enérgica para disuadir este desparpajo. Hay que hacer valer la muy reciente declaración presidencial, de que el Gobierno impondrá una estricta austeridad hasta el cambio de mando.

El país no puede continuar sometido a relajo alguno en cada transición. Siempre, salvo en las ocasiones en que se impuso la funesta reelección balaguerista, el Gobierno saliente se ha desvivido por multiplicar los problemas que habrá de dejar al sucesor.

No se puede hablar de transición ejemplar mientras ocurren estas cosas en la administración pública. Esperamos, por tanto, que el Presidente Mejía tome el toro por los cuernos y conduzca como gobernante un período de transición limpio, tan limpio como el proceso electoral que su Gobierno acaba de auspiciar y en el cual ese Gobierno fue vencido por la oposición en unas votaciones libérrimas que han ganado el aplauso mundial.