Coctelera huésped

Coctelera huésped

¡Hola Don Magino!  Permítame “teclear” en la computadora que me dejó mi adorado Coctelero, pues asistí a la despedida del general (r) Miguel Ángel Hernando Ramírez, fallecido a los 83 años de edad, y debo confesarle viejito charlatán que fue muy triste, pero altamente emotivo y reconfortante. Sobre todo cuando vi la humildad y sencillez con la que sus familiares se despidieron de él, con el cariño y el amor hacia su padre, no hacia el héroe nacional, me dió aún más satisfacción.

 No se podía esperar otra cosa, Don Miguel Angel era una persona fina, educada sencilla, ¡un verdadero caballero! Sin embargo, el balance final no me gustó. Le explico…  Fui estudiante promedio en historia en mis días de estudio, aunque confieso que me apasiona el tema, no puedo recordar las fechas y eso en esta asignatura es fatal. Grabo gran parte de los episodios intentando transportarme a ellos a través de «la máquina del tiempo» de Herbert George Wells, por lo tanto, no soy el más indicado para juzgar… Pero mire Magino, ¡carajo! en nuestro país existen verdaderos eruditos, grandes, destacados historiadores. Gobernantes y funcionarios conocedores de la historia reciente de nuestro país, de los hechos más relevantes, sus actores y protagonistas. ¡SUS héroes! muchos de los cuales conocían personalmente al Comandante Hernando, pensé que los iba a ver a todos en fila juntos grandes empresarios del país, los cuales se benefician de sus aportes a la democracia y a las libertades que disfrutan los dominicanos. ¿Cómo es posible que no estuvieran allí? rindiendo honor, dándole un adiós, manifestándole su agradecimiento… Don Miguel Ángel fue sepultado en una sencilla tumba al lado de su hija Brenda, con la complacencia y resignación cristiana de todos sus familiares, pero no la mía…  Esa  es una morada digna para el padre, más no así para el Héroe de Abril, ni para los demás Héroes. ¿Qué mensaje es el que estamos mandando? ¡No coñ…, perdóneme usted, mi caro Magino, que me perdonen sus familiares! Pero… con esa hoja de servicio, entrega a la nación y con su ejemplo de honradez hasta el día de su partida… ¡Esa no debe ser su morada final, comandante Hernando Ramírez! Nuestro cerebro solo nos funciona para el odio, los rencores, la mezquindad, la avaricia, la maldad, pero no nos funciona para hacer que ciudadanos de este nivel sean sepultados en lugares especiales junto a otros héroes, o en plazas o monumentos construídos para ellos, para que sirva de ejemplo y testimonio a generaciones. También designar alguna nueva gran avenida con sus nombres… ¡Demostramos que somos poquitos! Algunos, seguiremos jod… porque de nuevo le digo: ¡Esa no debe ser su morada final, comandante Hernando Ramírez! ¡Qué viva la Democracia que usted ayudó a construir!