Coctelera

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En el hospital José María Cabral y Báez, de Santiago, hay dos haitianos indocumentados que reciben asistencia médica y son sobrevivientes de una tragedia que necesita ser esclarecida para el bien de todos, especialmente de los dominicanos.

Esos haitianos ameritan, no solo una atención médica esmerada, dirigida a que recuperen su salud, sino una vigilancia extrema por parte de las autoridades criollas, pues pueden resultar piezas claves en el esclarecimiento de un hecho que consterna a todo aquel con un poco de sensibilidad… Veinticuatro haitianos, óigase bien, veinticuatro haitianos que eran trasladados ilegalmente al país, en un camión cerrado, perecieron por asfixia, según informes preliminares, ya en territorio dominicano, en las proximidades de Dajabón. El solo conocimiento de esa noticia debe llenarnos de espanto, pues resulta muy cuesta arriba creer que hechos como el ocurrido son inevitables…  En primer lugar, interesa saber la facilidad que tuvo el conductor del camión, del furgón o la furgoneta, para cruzar la línea fronteriza que divide los dos países que comparten el dominio de la isla. Sobre todo, cuando este vergonzante hecho ocurre en los precisos instantes en que la frontera dominicana es reforzada, cuando se desarrolla allí una operación especial de vigilancia, y cuando se presume que, del lado haitiano, la vigilancia debe ser mucho mayor después de la posposición de las elecciones y la muerte del general brasileño que era jefe de las tropas de ocupación. Mire, Magino, llega el momento en que a usted le importa un carajo lo que digan los demás, pero cabe preguntarse si es hoy la frontera dominico-haitiana más larga que hace cuarenticinco años o si, en cambio, se ha reducido el número de efectivos militares a cargo de su vigilancia. Hablemos claro este asuntito: la frontera no tiene un centímetro más o un centímetro menos, y puede usted apostar que hoy el número de efectivos militares dobla al fijado en 1960. ¿Qué pasa, entonces? Vaya usted a saber, pero no se haga muchas ilusiones que las vagabunderías tienen que estar al por mayor y al detalle…  Veinticuatro haitianos mueren en forma que aun no se ha aclarado de manera oficial, pero usted puede estar seguro que ya hay cabrones movilizándose para crear problemas mayores al país. Ahora vienen las acusaciones de violaciones a los derechos humanos, de tráfico de seres humanos y muchísimas vainas más. La situación se presenta tan hermosa para quienes desean fastidiar este país, que cualquiera diría, en una prueba de delirio de persecución, que estas cosas se hacen ex profeso para precipitar acontecimientos que los dominicanos no deseamos, como son aquellos de encontronazos con haitianos o anhelos de imperialistas de que tropas foráneas controlen las dos naciones. Ya manejan una que tratan de mostrar, cada día más, resulta algo inviable como país…  Por eso, Maginito, el gobierno tiene que tomar ésto muy en serio. No es suficiente que jefes militares y policiales se pasen el día hablando pendejadas cada vez que un periodista le coloca un micrófono por delante. Las fuerzas de seguridad de la nación, las civiles y las militares, tienen que unir esfuerzos e investigar cuanto ha pasado. No importa que, para ello, tenga que llevarse gente de su propio entorno por boca de burro o por cómplice… Lo que resulta intolerable es que veinticuatro seres humanos que huyen de la miseria en su país, encuentren la muerte en la nación donde creían que encontrarían esperanzas de una vida mejor. Quienes han muerto no son veinticuatro animales. Son veinticuatro seres humanos que llevaban clavada, en su propia carne, el dolor de las injusticias sociales. Eso, Magino, no puede quedar así. No son bestias las que han caído. Bestias sí son, en cambio, quienes estén involucrados en este crimen masivo. Bestias son quienes trafican con el dolor ajeno para enriquecerse. Bestias son estos desalmados que no se cansan de generar dificultades muy peligrosas a la nación. Para cazar esas bestias, sí, ¡cazarlas!, el gobierno dispone de un costoso aparato represivo. Pues que lo use y lo use bien, dado que ya está bueno de para que un grupo de pendejos y abusadores tenga a esta pequeña nación caribeña sumida en el caos y sea considerada, a nivel internacional, como una sociedad que no se cansa de abusar de quien es calificado más débil para aprovechar esa debilidad como punta de lanza en una penetración incontenible. De hablar vainas, ya está bueno. Lo que se reclama es acción para poner orden en la frontera. Y esa acción no se logra con un rosario en las manos.