Coctelera

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“Agripino  llama la austeridad. No le responden. ¿Habrá cambiado el número de su teléfono?”. Farmacia Mella…

Sectores  agropecuarios y de la construcción respaldan al Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) en su petición de regularizar la migración haitiana, pero –siempre hay un pero- sugieren tener cuidado a la hora de sancionar la contratación de mano de obra indocumentada.

El CONEP, hace unos días, reclamó sanciones para los empresarios que usen indocumentados pero –¿usted ve, viejo Magino, que siempre hay un pero?– aclaró que los empresarios no emplean ilegales. La respuesta a ese puntito expuesto por el CONEP la da Jaime González, de la Asociación de Constructores y Promotores de Viviendas: “Si se sanciona a quienes contratan obra de mano ilegal, de haitianos, se tendría que penalizar prácticamente a todo el sector de la construcción”…

Monseñor  Jesús María de Jesús Moya, el obispo de San Francisco de Macorís, es un hombre que aparentemente mantiene un bajo perfil en su ejercicio eclesial. El prelado católico, sin embargo, es un pastor de almas muy bien enterado de cuanto ocurre en la diócesis bajo su mandato y es un fiel creyente de la doctrina social de la Iglesia.

Por esas razones, viejo verde, monseñor De Jesús Moya pone el dedo sobre la llaga cuando afirma que los grupos de poder y políticos se han aprovechado, por décadas, de las condiciones de pobreza en que viven moradores del Bajo Yuna y otras comunidades de su parroquia. No se pierde el obispo cuando asegura que la única herramienta válida para resolver esa situación es la educación y la formación de conciencia. ¡Es por eso, monseñor, que se impide a los pobres educarse debidamente!…

En cualquier  otra época se hubiera calificado a De Jesús Moya como simpatizantes de ideas “extrañas” por el hecho de considerar necesario que la gente se involucre en la solución de sus problemas y acabar con las soluciones fáciles. El obispo dijo que hay gente que espera tormentas para recibir comidas, ropas y otras cosas. De Jesús Moya, con gran claridad de pensamiento, expresa que a la gente hay que convencerla de que mientras más dádivas reciban más tarde llegará su emancipación.

El prelado fustiga a los políticos que se valen de la ignorancia de la gente para mantenerla en la pobreza. De Jesús Moya, tocando un tema de palpitante actualidad, afirma que es también la falta de educación la que hace que la gente viva a la orilla de los ríos, perpetuando la pobreza. Recomienda que se unifiquen varios factores para que la gente sea autogestionada y se sumen a la solución de los problemas de sus comunidades. Y sentencia que siempre habrá pobreza pero que la pobreza no debe ser característica del país.