Coctelera

Coctelera

Freddy Miller Otero, para probar que Radiotelevisión Dominicana era “el manicomio mejor organizado del Caribe”, inventó un baile de disfraces que le costó el empleo. Acudió temprano, una mañana, a la lavandería de la empresa, y preguntó si los disfraces del baile de esa noche estaban listos. El baile lo “ubicó” en el lujoso club nocturno de RTD-TV.

La encargada de la lavandería no sabía nada de eso y preguntó al subadministrador Luis B. Matos por los dichosos disfraces, advirtiéndole que el tiempo corría. Matos hizo la pregunta de lugar al administrador Abraham Santamaría Demorizi, quien “sospechó” que el general J. Arismendy Trujillo Molina (Petán) había dispuesto el baile y a él nada le había comunicado. Tímidamente preguntó a Petán por el asunto y el general, en una de sus típicas reacciones, le dijo que era un atrevimiento organizar un baile de disfraces sin su consentimiento y le ordenó salir de su despacho. El tema se desarrolló, entonces, de “arriba hacia abajo” y no fue difícil comprobar que había sido Miller Otero el primero en preguntar por los dichosos disfraces. Freddy fue despedido, una vez más, pero poco después se reclamó de nuevo su talento…  Freddy era un amante de la pesca. Pero ni los pescadores escapaban de sus bromas. Escribía una columna sobre pesca y recuerdo que, en una oportunidad, me dijo que iba a armar un escándalo para probar lo “cuentista” que era el pescador. Fue cuando se inventó lo del “peje cajón”, un pez que, según él, tenía forma cuadrada o rectangular. Escribió sobre el asunto y de inmediato siguieron declaraciones de pescadores que habían visto el pez anunciado por Freddy. Uno de ellos llegó al extremo de considerarlo “un peje ataúd”, pues además de la forma rectangular, tenía “cuatro cachetes de velas” en los extremos….  En materia política, y públicamente. Freddy era lo que podía considerarse “un indiferente”, calificativo que se daba en la época a quienes jamás participaban en actividades dedicadas a promover al dictador Trujillo. Aunque en privado, Freddy hacía ciertos pronunciamientos que se podían interpretar como de protestas jamás fue un abierto opositor radical. Es más, con algunos amigos, se ganó algunas críticas por un merengue que compuso para censurar al naciente régimen de Fidel Castro en Cuba. Miller Otero fue el autor de la pieza aquella en que se hablaba de Jesús Sosa Blanco, procesado en el estadio de El Cerro y condenado a muerte por crímenes cometidos durante la dictadura de Fulgencio Batista. El merengue decía “pobre Jesús Sosa Blanco/por tu coraje y valor/ te asesinó Fidel Castro. ¿No habrá sido de pura vaina que Miller Otero escribió eso?…. Freddy era un pescador muy especial. Recuerdo que, al estilo de Luis Napoleón Bergés Reyes (Ruffing), había ocasiones en que iban al colmado de don Agustín a buscar sus “avíos” de pesca: un queso, un jamón, un pan de rodajas, mantequilla y varios litros de ron más uno de scotch…. Aún así, mi querido Magino, el Milord, como también le llamábamos quienes verdaderamente le queríamos, gustaba tomar en serio su pasión por la pesca. Y por encima de todo eso, su pasión por el mar, que amaba intensamente. El mar era su “compañero de ensueño”, como acertadamente escribió el periodista Gustavo Guerrero Pichardo, recientemente fallecido, su amigo y socio en más de una y mil excursiones de pesca… q Freddy conocía los peligros que reserva el Caribe para quienes se internan en sus aguas. “Curricán” se llamaba la columna que escribía hasta poco antes de su muerte y Curricán intituló uno de los textos en que relató la forma en que pudo salvar la vida en el bote en que viajaba junto a Gustavo Guerrero, su primo Iván Fitch y su inseparable amigo Marcos Tejeda (La Araña). Pese a una experiencia muy desagradable, Miller Otero jamás dejó de querer el mar con una locura arrolladora. ¿Acaso pensaba esa mente privilegiada que el mar sería su tumba definitiva y que a esa tumba no podrían acercarse falsantes a rendirle un postre tributo que no nacía, precisamente, del corazón?….  Miller Otero era una persona a la que no interesaba el dinero. Por más que lo necesitara. Recuerdo que, en 1957, cuando su primo hermano José Martí Otero le editó “Cuentos Color Sepia”, lo primero que dijo Freddy fue que carecía de recursos para pagar la impresión de la obra y que cubriría la factura de lugar después que vendiera los 500 ejemplares que se hicieron. El libro fue impreso en la pequeña editora que tenía don Aníbal Tejeda en la calle Presidente Vásquez, de esta ciudad. Entregados los libros, Freddy comenzó a regalar ejemplares a sus amigos y bien pronto la obra desapareció del escenario como por arte de magia…. Mañana, si Dios así lo quiere, concluiré estos recuerdos de un querido amigo.