Coctelera

Coctelera

Nunca he abrigado dudas de que Freddy Miller Otero y sus acompañantes en un bote de pesca, fueron víctimas de una draconiana medida dictada por la dictadura de Rafael L. Trujillo. El dictador dominicano esperaba desembarcos de expedicionarios en contra de su régimen, en ese caldeado año de 1959. Y había impartido instrucciones a la Fuerza Aérea Dominicana (FAD) de bombardear o ametrallar cualquier embarcación que pudiera interpretarse que traía exiliados o se llevaba dominicanos que deseaban escapar de su régimen…. 

El 5 de mayo de 1959, hace hoy justamente 48 años, Freddy Miller Otero, junto a su compañera Julia, apodada “La Diabla del Mar”, una hermana de ésta y dos niños de apenas unos diez años cada uno, salieron del puerto de Santo Domingo con destino a Boca Chica, según testificó Marcos Tejeda (La Araña), quien llegó tarde y por eso no pudo ir en el bote, como hacía de costumbre. Marcos relató que un “lobo de mar”, apodado Anico, al ver salir la embarcación, comentó que los tripulantes de la misma iban muy contentos “y no saben que se pueden jodé porque etá prohibido en eto día salí a la mar”. Lo que sí pudo establecerse es que ese 5 de mayo el mar estaba en completa calma. Gustavo Guerrero escribió que había recogido informes de que un capitán del puerto de Santo Domingo, al ver salir el bote, notificó a San Isidro que se trataba de Miller Otero y sus acompañantes, quienes serían recogidos en alta mar por un buque que los sacaría del país. Creo un tanto novelesca esa versión. El jefe de la FAD era el general Fernando Sánchez Otero, hermano de Freddy y jamás me ha pasado por la mente que éste pudiera dar la orden de ametrallar a su pariente y mucho  menos causar a su propia madre un dolor irreparable…  Siempre he creído que por alguna razón desconocida, el bote en que viajaban Miller Otero y sus acompañantes se internó en alta mar y fue detectado por aviones de patrullaje. Pudo creerse que se trataba de una embarcación que venía o salía, sin autorización oficial, y se dió la orden de bombardearla o ametrallarla. Lo cierto del caso es que del bote no apareció ni una tablita y mucho menos restos de sus ocupantes. Al conocerse la “desaparición” de Miller Otero y sus compañeros de bote, “se desplegó una búsqueda risible”, según escribió la hija del poeta, Jeanette Miller, búsqueda en la que intervinieron barcos y aviones. Desde luego, y como había que esperarlo, nada se encontró. Lo que ha dado cierta fuerza al rumor de que se tenía conocimiento oficial de que el bote era dirigido por Freddy, eran algunos comentarios críticos al régimen que hacía con sus amigos de más confianza y su canto intitulado “Poema del Loco Aburrido”. Fue allí cuando gritó: “Y mientras se caminan los mismos horizontes/y se come con agrio sudor de campesinos/y se viste con trapos/, para más adelante decir que “nos obligaban a ser más pacientes”. El poema concluye expresando que la luna, en un cielo sin encantos, “ameniza de noche/la misma pesadumbre/de un problema de sueños que no tiene palabras”… También puede haber despertado cierta suspicacia, el hecho de que Rafael Almonte, quien en distintas ocasiones acompañaba a Freddy en sus excursiones de pesca, se asustó tanto que el día de la desaparición se asiló en la embajada de México en la entonces Ciudad Trujillo…  Recuerdo, Maginito, que hace unos añitos, un joven empresario “vió” a Freddy Miller Otero cuando “descendía” de una “nave espacial” en la carretera que va de Santo Domingo a San Cristóbal. Freddy se “identificó” y explicó cómo había salido de esta galaxia. Desde un principio reían, pues estaba consciente de que si existe alguna civilización superior a la nuestra en otro planeta, sus habitantes son los suficientemente inteligentes para jamás apoderarse de un hombre que, como Freddy, podría desorganizar la vida en dicho planeta con suma facilidad. De ese mismo hombre que una vez escribió que en Sans Soucí podía colocarse una gigantesca flecha lumínica señalando hacia la ciudad capital, con la leyenda “manicomio”…. Freddy Miller Otero murió joven, muy joven. Apenas contaba 41 años de edad, pues había nacido el 9 de octubre de 1918. Brilló muy jovencito en el mundo cultural, y apenas contaba veinte años cuando dirigía la revista “Agora”, junto a Freddy Prestol Castillo y Franklyn Mieses Burgos. Su muerte privó al país de un talento del cual había mucho que esperar, pues ¿ha pensado usted lo que hubiera sido Freddy Miller Otero en un ambiente de completa libertad? Hoy, Maginito querido, en este cuadragésimo octavo aniversario de su desaparición, rindo tributo a la memoria de uno de los seres más extraordinarios que he conocido.