Coctelera

Coctelera

¡Ojalá que llueva tolete, en la ciudad! Así cantaba ayer, parodiando a nuestro Juan Luis Guerra, una joven señora a la que acaban de darle el golpe de bibijagua —¿se acuerda de la guaracha del 40?— a la hora de llevar a sus dos hijos a un colegio que no es bilingüe, es decir, que no es de la “high”, de “primera” o del “jet set”. Para un varoncito, de cinco años, que cursa el pre primario, hubo de adquirir cinco libros, el más barato con un costo de 350 pesos y el más caro con un precio de 600. Para el otro vástago, quien inicia el sexto grado de primaria, le “indicaron” trece libros distintos. El único “barato” es el manual de Moral y Cívica, con un valor de 275 tululuses. Los libros restantes tienen precios que oscilan entre 500 y 550 de los hedionditos. Pero esos son los “trailers” del calvario que muestra una cinta que no filmó Hitchcok, pero que es, sin duda, de puro suspenso…q Al tratarse de un colegio serie B, “del otro lado del río”, como decían nuestros viejos al referirse a Pajarito o Villa Duarte, primero hubo de cantearse con el pago de la inscripción “más el mes de julio”. Se supone que es julio del 2007, pues las clases se iniciaron el 21 de agosto. Se da el caso, sin embargo, de que el año lectivo se clausura en junio del 2007 y en julio del mismo año los estudiantes no estarán recibiendo docencia. Pero eso no importa en este país donde le revientan las costillas a cualquiera y el “Defensor del Pueblo” no puede surgir por los intereses políticos que lo quieren para sí. Las mensualidades a pagar por la joven señora son “relativamente bajas” en comparación con otros centros, pues sólo le cobran entre 1,200 y 1,500 pesos al mes. Eso no es todo viejo Magino. Al comenzar el año, cada niño tiene que llevar al colegio, para entregarlo allí, cuatro rollos de papel higiénico y una resma de papel bond, 8 1/2 por 11. ¡Y entregar cinco pesos semanales por el consumo de agua!…  La joven señora dijo que hizo malabares para comprar los libros y que acudió a una librería de la cual “es cliente”. En esa librería, afirmó, “cambian” libros al iniciarse el año escolar, es decir, a muchos padres le reciben tomos en perfecto estado y los cambian por los nuevos que necesitan los clientes. Pero ahora, sigue relatando la madre explotada, le indicaron que no podían hacer los cambios con libros del año pasado, pues había textos cambiados que no volverían a ser usados. Y señaló que el librero le comentó que lamentaba el asunto, pues tres libros que ella llevó se encontraban prácticamente nuevos. “Parece que esas materias no fueron impartidas, pues esos libros no fueron tocados”, así le dijo el librero a la afligida mamá. Pero lo lindo de todo esto, es que el librero, por lo bajito, le confió que no descarta la posibilidad de que aquí se impriman libros en combinación con colegios, pues ya se trata de un negocio de muchos millones de pesos…Bien, mi querido Magino, el drama de esta madre es el de miles de madres dominicanas, que cada año pasan las de Caín para enviar sus hijos a las aulas escolares. Y eso que sólo se ha hablado de los gastos en los planteles. ¿Qué me dice usted del costo de los uniformes? ¿Y del calzado? Hay centros escolares que se especializan en vender esos efectos y no sabemos si los beneficios que dejan esas operaciones —”para dar mayores facilidades a los padres”— son contabilizados, para los fines correspondientes, en la Dirección de Impuestos Internos. ¿Y las mochilas? Son de rigor, pues ahora los niños tienen que cargar libros y cuadernos que eso es un gusto. Tienen que colocarse las mochilas a las espaldas, salvo los que las usan a manera de maletitas con ruedas. Hay veces que usted ve niños cargando esas mochilas y cree que se gesta una generación de Quasimodos. Y no le vamos a contar lo de las contribuciones que se hacen cada año y en múltiples ocasiones, por cualquier quítame esta paja… Todos sabemos, Maginito, los problemas que confronta el Estado en materia educativa. Admitimos que el presupuesto que se destina a la educación pública es insuficiente como también entendemos que mucho dinero que podría ir a educación es desviado para otras cosuanitas. Nos damos cuenta de que la proliferación de colegios privados, especialmente los medianos y pequeños, es una consecuencia de la deficiencia en la educación pública. Y admitimos, también, que esos colegios privados, quizás por la precariedad estatal, operan como les viene en ganas y muchos de ellos asumen posiciones soberbias al considerarse que están por encima de leyes inaplicables. Lo que jamás admitiremos es que el Estado, pese a todas las dificultades que pueda encontrar, por más globalizado que esté el mundo, decline su responsabilidad en cuanto a la educación se refiere, no a la pública ni a la privada, sino a la educación en sentido general. Y es claro, muy claro, que por rutina, por temor o por lo que sea, el Estado, frente al sector educativo privado, se lava las manos, ¡sin jabón! y permite a este último constituirse en una isla aparte, y no artificial, sino muy real.