CIELO NARANJA
Mapeando las ruinas de Santo Domingo

<STRONG>CIELO NARANJA<BR></STRONG>Mapeando las ruinas de Santo Domingo

Concentrada y silente, como si en su ser borde estuviese hilando muchos latidos eclesiásticos, económicos, negros, y consolidando esos meandros coloniales que todavía se nos presentan fieros: así es la Calle las Mercedes.

Testigo de la primera hora colonizadora, entre su sinuosa forma y nuestros quinientos años de historia hay una correspondencia íntima. Nacida en la conjunción de la Capilla de los Remedios y la Casa de Contratación, sigue su curso por la célebre “cuatro esquinas” para luego bordear una de esas fallas tectónicas que habría de desaparecer de Santo Domingo hasta seguir por la Iglesia de la Altagracia, continuar tres esquinas después con la Iglesia de las Mercedes hasta desembocar frente a un costado de la Puerta del Conde.

Siempre fue una calle densa. Crónicas y cartas dan cuenta de sus habitantes de la primera hora. Jesuitas, comerciantes, funcionarios se fueron arremolinando aquí. Su más célebre habitante sería un español, el gran Tirso de Molina. De sus números, sólo uno se grabó en la conciencia urbana hasta los años 80: el número 81, la vieja casona que durante más de cincuenta años fue residencia de la familia del historiador Emilio Rodríguez Demorizi. De don Emilio todos tendremos el mismo recuerdo: la visita que le hacíamos, el atendernos tras las rejas, él siempre en su casa y casi quien fuera detrás, no importando las adversidades climáticas. Una vez pude traspasar el muro, sentarme en la sala y degustar un café: justo una tarde en que don Emilio estaba por llegar y doña Silverita atendía al visitante con sus atenciones habituales.

Las esquinas con la Calle Mercedes estamparon la historia capitalina. Comercios, familias tradicionales, locales como el Hotel Francés y la Iglesia Evangélica Dominicana marcarían su significado en el entramado urbano. De todas ellas, la más famosa sería “la esquina de los bancos”, en la Mercedes con Isabel La Católica.

El presente de Las Mercedes no es muy halagador. La maquinaria de los arruinamientos la atenaza. Ya no puede hablarse de la “esquina de los cuatro bancos” y casi ni sombra hay de sus habitantes, salvo el muy heroico caso de Orlando Minicucci. Justo en el tramo comprendido entre la José Reyes y hasta la calle Sánchez, pueden advertirse dos grandes casas-cascarones, una de ellas justo frente a la Iglesia de Las Mercedes.

Es curiosa la tenacidad que durante años asumieron las autoridades de Patrimonio para que el finado cineasta Jean-Louis Jorge no pintara de rosado una propiedad adquirida en la zona. Ahora hay hermosas edificaciones repletas de musgo, explotadas por la humedad, la naturaleza, y la mano de la especulación inmobiliaria. La técnica de esta última aunque conocida no es enfrentada: primero se destruye todo el interior de la vivienda, conservándose la fachada. Al poco tiempo se detiene el ímpetu empresarial por cualquier razón, y la lamentable cáscara que es la fachada es la estructura que nos contiene.

En el mapa de los arruinamientos que estamos elaborando, el segmento de la Calle Las Mercedes no es el mayor, pero es un laboratorio explosivo: si aquí funcionan las ruinas –como lo hacen en el Conde, el malecón y al 30 de Marzo- entonces todo podrá ser herrumbre. ¿Nosotros también?

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Espacio: Pensamiento: Caribe: Dominicano