Chávez al Alba

Chávez al Alba

PEDRO GIL ITURBIDES
Les confieso que ignoro cómo se ve Hugo Chávez al alba. Pero tengo plena seguridad de que con terceras intenciones recurre a este vocablo que identifica el momento en que se ilumina el oriente antes de la salida del sol. Los expertos en política internacional aseguran que pretende enfrentar el proyecto de la Asociación de Libre Comercio de las Américas. Al ALCA, pues, Chávez le presenta el ALBA, afirman algunos expertos.

La Alternativa Bolivariana para las Américas es, sin embargo, más que tal intento. Chávez ha dado muestras de que es apasionado y vehemente. Al coquetear con Fidel Castro, el mandatario venezolano quiere decirnos que los venezolanos constituyen un país de plena independencia. Y esa independencia, por supuesto, la cantaletea ante las puertas de otro gobierno del continente, el de los Estados Unidos de Norteamérica.

Porque el ALBA no es tanto una confrontación al ALCA sino al influjo político estadounidense. Sin embargo, su más claro propósito es enfrentar a los monopolios y oligopolios petroleros representados en las grandes corporaciones multinacionales de este ramo industrial y comercial.

Entre tanto, los mercados consumidores de petróleo en las Antillas mayores y menores, podríamos beneficiarnos. Chávez exhibe la susodicha inclinación cuando invita a los mandatarios isleños, a suscribir el ALBA. Gracias a éste, y a su órgano operativo, Petrocaribe, podríamos recibir petróleo a un precio relativamente menor al de mercado. También podremos pagar una parte del mismo, a más largo plazo.

El ministro venezolano de Energía, Rafael Ramírez, dijo a poco de esa firma que el proyecto «es una política de Estado». En consecuencia, no es una decisión coyuntural por el alza de los precios del oro negro. Tampoco es un recurso determinado por circunstancias de cierta eventualidad. Como política de Estado obliga al gobierno federal de la Venezuela de Chávez en un acto de solidaridad con naciones de su entorno.

Conforme las cifras que se manejan en los medios de comunicación social, los dominicanos consumimos millón y medio de barriles mensuales. A los precios actuales, estas compras suponen una erogación de US$90 millones por mes. Conforme el Acuerdo de Caracas, la República debe pagar tres cuartas partes, equivalentes a US$67.5 millones.

Chávez quiere que Petróleos de Venezuela (PDVSA) se levante más temprano que las multinacionales que participan en el negocio. Con ventas directas y distribución propia, PDVSA colocará ese petróleo en Itabo con un ahorro mensual de 10 a 12%. Pero además, entre el 30 al 50% de su valor pasaría a un fondo de financiamiento al desarrollo, que pagaremos en plazos de entre 20 a 40 años.

Para las reservas internacionales de nuestros países en conjunto, el ahorro rondará los US$50 millones anuales. Pero cuanto es más importante para Chávez: socavará una parte de los negocios de las grandes empresas que explotan, refinan y distribuyen este hidrocarburo o sus derivados. Y es hacia allí a donde apunta su objetivo.

Con tales mecanismos no debilita el poder político de los estadounidenses en las Antillas. Después de todo, algunas de tales empresas son de origen angloholandés y sólo marginalmente se tocan los intereses de Washington. Pero Chávez se da una gran satisfacción.

Situándose al alba de este lucrativo negocio de casi siglo y medio, Chávez pretende forjar una plataforma comercial que colida con las multinacionales. Pero el ALBA es la macroestructura política, en que se inspira un reto que aspira a cuestionar más que a Washington, a las multinacionales petroleras.