Cementerio forense

Cementerio forense

SERGIO SARITA VALDEZ
INPF@codetel.net.do 
Mi abuela paterna solía repetirnos esta frase: en el mundo hay cosas que colgando parecen otra cosa. Semejante expresión era usada por ella para referirse a hechos inverosímiles acontecidos a su alrededor.

Es probable que si aún viviera de seguro la oiríamos repetir lo mismo una vez se enterara de algo inaudito pronto a suceder en la ciudad primada de América. En la cultura occidental es una tradición depositar los restos mortales de nuestros seres queridos en el camposanto, con el propósito de garantizarles un eterno reposo.

 Aparentemente los aires neoliberales andan experimentando a sus anchas por estas inocentes tierras de poca gente que la defienda. Tal vez ese sería el gas anestésico utilizado por la Procuraduría General de la República para convencer a la Sindicatura del Distrito Nacional a autorizar al INACIF a construir un departamento de Patología Forense en el cementerio Cristo Redentor. Es posible que semejante novedad caribeña atraiga a curiosos turistas y hombres de ciencia de varios confines de la tierra, a fin de conocer el único país en el mundo, en donde se desvirtúa la sagrada misión de un cementerio, construyendo una morgue forense para la práctica de la medicina legal.

Es probable que antes del 16 de mayo el Instituto Nacional de Ciencias Forenses pretenda invitar al Jefe de Estado para cortar la cinta que deje formalmente inaugurada la primera y única morgue forense cementerial existente en Europa, Norte, Centro y Suramérica. Es de ley y justicia reconocer la originalidad, excentricidad, genialidad y temple de los cerebros capaces de generar y poner en ejecución tan estrafalaria y ridícula obra. Ya el pasado gobierno de Hipólito Mejía intentó trasladar a Patología Forense para el kilómetro 28 de la autopista Duarte para ponerla a laborar junto a los locos y los tuberculosos. Ahora ya no será con dementes y tísicos que trabajaremos sino bajo el macabro acompañamiento del barón del cementerio. Contengamos la risa y guardemos las energías para los nuevos capítulos de otras quijotadas sanchopancescas del INACIF que harán morir de carcajadas.

Pena que el Alcalde distrital no haya consultado con los arrendatarios de los solares del Cementerio Cristo Redentor previo a otorgar el permiso, puesto que de seguro le hubiésemos aconsejado no embarcarse en semejante aventura que lesiona seriamente la esperada solemnidad que debe reinar en el sitio en donde reposan las cenizas de nuestros seres queridos. Indignados, subvalorados y humillados deberán sentirse los patólogos y médicos forenses cuya mesa de trabajo y análisis científico lo será un camposanto.

Reqiescat in Pace nuestros difuntos y dignificación para los médicos forenses no es mucho pedir para los relegados profesionales de esta importante pero incomprendida especialidad.