¡Celebremos ese chin!

¡Celebremos ese chin!

Lo bueno de lo que está pasando en el panorama político dominicano es la cantidad de expresidentes, de excongresistas, exjueces y actuales funcionarios que no volverán.
Este no es un juicio caprichoso ni parcializado. Los partidos que nos han gobernado desde la muerte del dictador no han logrado superar sus obras de servicio social. La victoria clara es la desaparición del crimen político, como era norma en la dictadura, con casos lamentables y que todavía duelen, pero, ahora mueren por accidentes, violencia intrafamiliar, suicidio, y asaltos, como resultado del desorden imperante, y que si se suman van bastante parejos.
Todavía recuerdo cuando los calieses de Trujillo mataron a Fernando Mitchel, vecino del barrio Miramar, en SPM, de quien ni siquiera apareció el cadáver, aunque sí dejó el uniforme de la banda municipal de música, y que me tocó heredar, con todo y el significado que eso tenía para mí, pues se trataba del padre de Fernandito, mi gran amigo, con quien hice el servicio militar obligatorio. Todavía recuerdo cuando se llevaron a la cárcel de La Cuarenta, a Nivarcito y otros compañeros de curso, solo por hacer panfletos contra Trujillo. Recuerdo también cuando Radhamés, el hijo del dictador, llegó a San Pedro en la fragata Mella, y nos sacaron de las escuelas para marcharle y rendirle homenaje, sin que el muchachito si dignara a saludar y dar las gracias, pues, dicen, se encontraba borracho, aunque en la noche las autoridades le hicieron una fiesta, a la que los padres de las muchachas más bonitas de la ciudad tenían que llevar a sus hijas, a disposición de los muchachos de Radhamés, quienes obviamente seleccionaron a su gusto, y esa misma noche todas quedaron desfloradas.
Recuerdo también el discurso que tuve que decir, lo admito, por presión de la gente del Partido Dominicano, un día del músico, pues me cambiaron el texto que había preparado, y me añadieron loas al régimen, e incluso la invitación a votar por Héctor Trujillo en las siguientes elecciones, algo que -lo confieso- a mis quince años no me supe negar. Qué triste pensar el día que nos sacaron de la escuela a votar por Trujillo, y cuando yo había decidido votar por un candidato de oposición que se inventaron, al llegar al lugar de votación, el síndico trujillista nos dijo: “Mis hijos, vengan por aquí, a la fila de los que van a votar por Trujillo”, mientras del otro lado estaba la mesa vacía de los que se atrevieran a votar en contra.
No podemos volver a esto, pero tampoco podemos aceptar como normal lo que ha pasado en los gobiernos de los últimos años, con una corrupción generalizada en la administración pública: robo en los tres poderes del Estado, los grandes y los chiquitos, y en total impunidad, pues como asociación de malhechores los funcionarios se confabulan, como diciendo: ‘yo robo’, ‘tu robas’, y ‘robamos todos’. Lo peor es la manera de dividir el presupuesto, con funcionarios ganando uno y dos millones de pesos, ¡todos los meses!

Felizmente este tigueraje llega a su fin, y expresidente, ex senadores, exjueces, y exfuncionarios no volverán, y, aunque la democracia brille por su ausencia, ¡celebremos ese chin!

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