Catedrales bajo el mar

Catedrales bajo el mar

POR FÁTIMA ÁLVAREZ
Basta con observarlas para recibir la impresión de estar frente a lo sagrado. Un espacio divino minado de silencio en el que los escasos rayos de luz bailotean sobre la oscuridad en una especie de danza ceremonial atávica. Sus estructuras, más que piedra sobre piedra, parecen enormes columnas góticas de alguna catedral que quedó atrapada bajo las entonces aguas bravías de la era de la glaciación y ahora quieto remanso de paz.

Son las cuevas sumergidas de República Dominicana. Un tesoro inexplorable e inexplorado que, aún siendo conocido, no ha sido valorado como el recurso natural y turístico que es.

Existentes desde hace probablemente millones de años, las cuevas sumergidas forman parte de los humedales subterráneos “que sirven como importante reserva hidrológica del planeta, susceptibles de ser incluidas como Humedales de Importancia Internacional para su protección y manejo, en la lista de la Convención Ramsar sobre Humedales”.

Esta convención busca preservar, en el ámbito mundial, estos reservorios de vida como uno de los ecosistemas más importantes para el desarrollo sostenible del planeta.

República Dominicana es, junto a Yucatán y las Bermudas, uno de los pocos territorios del mundo poseedores de estas “ciudades bajo las aguas”; pero, a diferencia de las anteriores, en Dominicana no se han implementado proyectos de cuidados y conservación de estos recursos.

Fue quizás Denis Bourret, un francés apasionado por el buceo submarino, quien primero se interesó por estas formaciones kársticas, tras vivir las experiencias de Yucatán y Las Bermudas.

Acompañado por el fotógrafo José Alejandro Álvarez y el equipo de la Fundación Espeleobuceo Hispaniola, Bourret se abalanzó por los húmedos pasajes de las cuevas hasta adentrarse en ese mundo subacuático de otras intensidades, coloratura y magia.

 “Al ver lo que allí existe y lo desprotegido que está, intentamos hacer algo para protegerlas, pero lamentablemente no habían regulaciones”, dice Álvarez cuando narra los inicios de esta experiencia.

Como bien señalan Álvarez y Bourret, las cuevas poseen un interés que va más allá de lo puramente estético; lo histórico, geológico, antropológico, biológico, hidrológico y cultural pudieran hacer de estas cavernas sumergidas un nicho de explotación turística y ecológica que mueva a miles de turistas cada año hasta República Dominicana, generando un flujo económico más allá del “todo incluido” que ofrecen los resorts ubicados en los polos turísticos del país.

“Estos son hábitats únicos que han estado aislados por miles de años, cuyas cavidades se formaron secas y luego, después de la última glaciación, se inundaron”, dice Bourret.                                         

“Como recurso hidrológico, la mayoría de estas cuevas son de agua dulce, lo que las convierte en una fuente de agua potable, un recurso cada vez más escaso en el mundo, y que tienen un interés arqueológico, ya que se han encontrado restos de piezas usadas por los indígenas para sus actividades ceremoniales”, explica José Alejandro Álvarez.

Destacan ambos miembros de Espeleobuceo que la competencia turística de estos grandes humedales frente a los del resto del mundo, no son equiparables, debido a que la industria del turismo en otros países está ampliamente desarrollada y mueve altas sumas de dinero debido a su exclusividad y a lo costoso de este tipo de turismo.

Al mismo tiempo destacan que este turismo es altamente rentable y atractivo debido a la protección de que son objeto estos recursos, las condiciones para una práctica de buceo segura y a la creación y aplicación de las regulaciones que amparan este patrimonio.

“Parte de eso es lo que hace la Fundación Espeleobuceo Hispaniola, como son las señalizaciones de las cuevas, concienciación de las personas que viven en las inmediaciones, para que acondicionen, adecenten y eliminen la basura del entorno, lo que permite que resulten atractivas”, dice Álvarez.

Algunas de las cuevas sumergidas poseen techos embovedados, encima de los cuales existen infraestructuras que corren riesgo debido al colapso que pueden sufrir estas bóvedas, al ceder el peso favorecido por las filtraciones que erosionan el terreno.

“En muchos casos las personas que residen en las cercanías de estas cuevas pueden sufrir enfermedades producto de la insalubridad, debido a que utilizan el agua de las mismas fuentes subterráneas para el consumo humano, vertiendo allí sus propios desechos y aguas residuales.

“LOS INDIOS DE AGUA”

La mitología dominicana narra historias acerca de  “los indios de agua”, cuyos orígenes reales pudieran estar encerrados en los vestigios de la cultura taína que todavía existen en algunas de estas cuevas, y de los cuales se han hecho interesantes rescates que se encuentran en el Museo del Hombre Dominicano.

Trozos de cerámica taína, correspondientes a piezas ceremoniales, encontrados en algunas de estas cuevas sumergidas, demuestran que los indios utilizaban estas concavidades húmedas para la celebración de ritos y cultos a sus deidades.

“Pese a esto, no ha habido iniciativas estatales para proteger estas cavidades. Aunque sí ha generado interés en centros de buceo, revistas internacionales y personas independientes”, dice Denis Bourret, mientras José Alejandro Álvarez agrega que no se puede generar un turismo alrededor de estas cuevas impactadas por la contaminación o ubicadas en zonas de difícil acceso turístico, ya que el espíritu aventurero de los amantes de este tipo de turismo debe estar apoyado en una infraestructura que incluya baños, iluminación, senderos de acceso, ranchetas para pernoctar o mantenerse a la sombra, entre otros elementos.

VIDA EN LA OSCURIDAD

Como en todo ecosistema, la fauna de las cuevas sumergidas evoluciona acorde a las condiciones naturales del entorno. Debido a las bajas temperaturas y a la oscuridad de estas aguas, los animales que allí habitan no tienen ojos y se desplazan con un equipo sensorial de alta definición.

“Esa fauna que se ha desarrollado allí lo ha hecho adaptándose a las condiciones naturales de las cuevas. Han estado aisladas y no han tenido contacto con otras especies del exterior. Eso puede tener un impacto enorme si logramos descifrar en toda su dimensión el potencial que tiene”.

“Para ello vino hace poco un científico especializado en esa rama  –Tom Ilfe–, justamente para estudiar estos ecosistemas”, explica Álvarez.

“Ya se ha encontrado una especie de animal invertebrado, parecido a un ciempiés. Tiene de dos a tres milímetros, no tiene ojos y sus patas y cuerpo poseen un pelillo, que bien podría ser parte de su sistema sensor”, añade Bourret, mientras destaca que “estamos preparando un proyecto para recolección e identificación de la fauna que se encuentre en las cuevas. Es probable que encontremos animales específicos de estas cavidades, que no puedan encontrarse en ningún otro ecosistema”.

Explican los expertos que el científico Ilfe utilizó una sonda para medir la salinidad, la temperatura y el oxígeno, un estudio bastante completo hecho con un aparato de precisión que mide cada dos segundos estos parámetros desde la superficie hasta la parte más profunda, tabulando las informaciones y dando los resultados.

LAS CUEVAS SUMERGIDAS

De excelente impresión y con fotos de primera calidad, “Las cuevas sumergidas de República Dominicana” fue el primer intento compartido de rescatar estos recursos subterráneos.

Apoyados por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, los miembros de la Fundación Espeleobuceo Hispaniola lanzaron esta primera voz de alerta… que no ha tenido eco en el resto de las instituciones ni tampoco acciones que vayan más allá de las que en la actualidad realiza la Fundación.

El libro posee un listado de las cuevas sumergidas reportadas por la entidad privada, pero sólo detalla los estudios y datos reportados de catorce de ellas.

De cada una de éstas explica el tipo de cueva, su localización, longitud y máxima profundidad. Además, hace una descripción detallada, los cambios que ha sufrido la caverna acuática con el paso del tiempo, el estado de conservación y el tipo de buceo permitido en el área.

La cartografía es uno de los estudios primarios para evaluar y poner en valor estos recursos, ya que mediante el mapeo de estas cavidades se conocen sus proporciones, áreas y diferenciaciones.

Algunas de las cuevas reseñadas en la obra y que son fácilmente utilizadas como piscinas naturales de uso continuo por los residentes de su entorno y uno que otro turista, son Cueva Roca, Cueva Taína, El Tildo, Padre Nuestro, Ojos Indígenas, Laguna Pepe, Hoyo de Molina y Las Flores.

Pedernales, Santo Domingo, La Altagracia, La Romana, y la región Norte, son las comunidades con más alta presencia de cuevas sumergidas. En San Isidro, Boca Chica y Hato Mayor hay presencia menor de estas cavidades acuíferas.

Los interesados en el libro “Las Cuevas Sumergidas de República Dominicana” pueden dirigirse a las librerías Cuesta, Thesaurus y a la Fundación Espeleobuceo Hispaniola. La dirección electrónica es www.espeleobuceo-hispaniola.com.do.