CASO ORLANDO
Ex juez dice orden de muerte la dio Lluberes

CASO ORLANDO <BR>Ex juez dice orden de muerte la dio Lluberes

POR FERNANDO QUIROZ
Sin lugar a dudas y fuera de discusión, la orden de asesinar al periodista Orlando Martínez la dio el general retirado Salvador Lluberes Montás (Chinino), afirmó el abogado Juan Miguel Castillo Pantaleón, el ex juez de instrucción que investigó el caso, y relató los pormenores de sus pesquisas.

«Él puede argumentar lo que quiera por el resto de su vida, negar que haya dado la orden, en eso tiene ocho años, dizque muriéndose, pero bebiendo whisky», expresó Castillo Pantaleón refiriéndose a Lluberes Montás.

Los coacusados por el asesinato de Orlando, el 17 de marzo de 1975,

son el general retirado Joaquín Antonio Pou Castro, Rafael Alfredo Lluberes Ricart (Lluberito), el ex cabo Mariano Cabrera Durán y Luis Emilio de la Rosa Beras

Fueron condenados en primera instancia a 30 años de prisión por la entonces juez de la Séptima Cámara Penal, Katia Miguelina Jiménez.

Pero una sentencia del 25 de julio de 2003, la Segunda Sala de la Cámara Penal de la Corte de Apelación de Santo Domingo anuló en todas sus partes la sentencia de Jiménez alegando violación al derecho procesal de los prevenidos.

Posteriormente la Corte de Apelación inició desde cero el proceso y redujo las penas impuestas a los acusados.

Lluberes Ricart y Cabrera Durán están condenados a 15 años de prisión y Pou Castro a 12 años. Lluberes Montás fue desglosado del expediente.

El ex magistrado sostuvo que a los dos que Lluberes Montás supuestamente dio la orden del asesinato, Pou Castro e Isidoro Martínez, (La Caja), fallecido, lo confirmaron. Dijo que desde entonces Pou Castro ha dicho de todo para desmentirse

Las investigaciones llegaron hasta ahí, no fue posible al momento, determinar esferas más alta de la línea de mando, dijo Castillo Pantaleón, quien participó recientemente en un panel organizado por el Colegio de Periodistas Dominicanos (CDP), con motivo del 30 aniversario del asesinato de Orlando. En la actividad también participaron el periodista Juan Bolívar Díaz, director de Prensa de Teleantillas, y Narciso Isa Conde, coordinador de la organización de izquierda Fuerza por la Revolución, y amigo cercano de Orlando.

 Castillo Pantaleón recordó que tiene pruebas auditivas que demuestran cómo hubo un boicot a la transmisión por televisión del juicio, específicamente por orden de un banquero que prohibió la difusión, tras sostener conversaciones con Lluberes Montás.

LOS CULPABLES

«Cómo llegué a la convicción de que esos eran los responsables, de que di en el clavo, porque lo primero que hice fue trabajar con lo que había que era un expediente muy viejo, manipulado y preparado con el que, obviamente, no se podía llegar a ningún sitio», dijo el ex juez.

Los nombres de los responsables, dijo, llegaron a salir por lo menos una vez en los periódicos. Bonaparte Gautreux Piñeiro (Cabito), dijo Castillo Pantaleón, fue el periodista que el 31 de octubre de 1975, siete meses después del asesinato, hizo esa noticia para El Nacional, pero sólo circuló en el Distrito Nacional, para el resto del país le cambiaron la portada.

Contó que la evidencia física no estaba en el expediente, pues no había autopsia y no tenía una foto del muerto. «Tomamos toda esa parte, la metimos otra vez en la gaveta y empezamos de cero, para averiguar cómo mataron a Orlando», precisó.

Comenzó de manera discreta a realizar las investigaciones de campo, en vez de traje y corbata, muchas veces usó jeans, camiseta y gorra. Entonces se le aparecía a cualquiera que considerara podía aportar datos, y le invitaba a «tomarse un café».

LA FOTO

La foto que Castillo Pantaleón colocó en el expediente la sacó del archivo del periódico El Nacional. Es la fotografía que un reportero gráfico tomó el día del velorio que permite ver la herida.

También encontró un negativo que contenía imagen del carro que conducía Orlando, que indicaba el lugar donde un proyectil le había atravesado el brazo izquierdo y se había alojado en la base de una bocina en la puerta del pasajero delantera derecha. Eso daba una indicación de la trayectoria desde donde le dispararon.

La foto de la cara indicaba de dónde provino el disparo mortal, lo que eliminó muchas hipótesis manejadas en los medios de comunicación, entre ellas que el asesino estuvo montado en el carro de la víctima.

Tan pronto logró establecer esa evidencia material, consideró que tenía una hipótesis firme de perpetración con la base, al momento de realizar los interrogatorios, para decir cómo ocurrió el crimen.

En el año 1996 ya tenía una cercana impresión de cómo había ocurrido el hecho. «Tenía una película mental de cómo había ocurrido eso 22 años antes».

Para el secreto de la investigación, dijo, no había que ser muy inteligente. «Sencillamente, empezar por lo simple, por saber de dónde dispararon y se comenzar a elaborar una tesis, como se determinó el número de la placa y color del vehículo…».

Recordó que Orlando era un periodista asumió una crítica sin ningún tipo de restricciones, de hombre libérrimo, que le llevó a enfrentar demasiado sectores al mismo tiempo. «Lo mismo peleaba contra multinacionales que contra terratenientes». «El hombre era tan libre que andaba sólo», añadió.

Tuvo la suerte, indicó, Castillo Pantaleón, de que todos los investigados confesaron el crimen. «Después dijeron que era que le daban golpe, ¡pero bueno, confesaron!».

LO ATRAPARIAN

Dos de ellos, De la Rosa y Lluberito, le confesaron, por separado, que estaban seguros de que lo iban a atrapar:

-«Ven acá, tú en ningún momento pensabas que te iban a agarrar», recordó el entonces juez que le preguntó a Luis Emilio de la Rosa.

-«No, yo sabía que usted estaba en la cosa, porque usted hizo una vez un programa con Nuria», respondió.

Y agregó: «Yo le dije a mi mujer –en su casa- ¡c.ñ.! este hombre está en la vaina.

«¿Sabe por qué confesaron esas personas? Porque sencillamente las senté y les hice el cuento, mira: Tú te juntaste el tal sitio, hiciste esto, lo otro. Después que terminaba me preguntaban y cómo usted sabe eso». Tuvieron que admitir los hechos y hacer las confesiones ante secretario.

MISTERIOSO INTERROTARIO

Castillo Pantaleón relató todo el misterio que rodeó recibir la entrega de una copia del interrogatorio del caso de Orlando en el 1975. «Ese fue un misterio, parece una novela. Juntarse con ese hombre era un problema», precisó con relación a esa persona, que no identificó, aunque dijo que ya falleció.

En ocasiones tuvo que verlo en un estacionamiento de un supermercado, con gorra puesta. Otro día, le llevó por San Cristóbal, a una plantación de guandules, y temeroso, por la creencia de que el juez andaba con grabadora, caminaba delante, moviendo guandules secos, para que no se escuchara nada. «!Oye, así no podemos!», le detuvo Castillo Pantaleón en medio de un ardiente sol, para explicarle lo que ya conocía del caso.

Cuando escuchó la exposición, le respondió: «Doctor, y para qué usted quiere hablar conmigo si usted lo sabe todo. Luego de gran insistencia logró que le admitiera que tenía copia del expediente, y pudo conseguir copia.

AUTORES

El operativo era muy complejo, contó Castillo Pantaleón. Tenía un jefe coordinador que era Isidoro Martínez González que iba con un chofer; iba delante un Datsun 120, que vino al país exonerado para el Partido Reformista, y que estaba asignado al A2, donde iban Mariano, Lluberito y Luis Emilio de la Rosa.

De la Rosa, dijo el Castillo Pantaleón, fue un joven atrapado por la circunstancias. Le dijeron, vamos allí. Luego, era el que más asustado estaba porque no tenía padrino.

 

PAGINA EN BLANCO

Castillo Pantaleón recordó que se especuló mucho e insinuó que la muerte de Orlando fue ordenada por ciertos sectores. Hizo referencia a la llamada página en blanco que dejó el ex presidente Joaquín Balaguer en su libro Memorias de un Cortesano de la Era de Trujillo.

En esa obra, en la página 295, consta una foto de su rival político, Juan Bosch, rodeado de los periodistas Orlando Martínez, Ramón Reyes, Antonio Espinal y Manuel Severino. Encima, el doctor Balaguer escribió:

«Esta página se inserta en blanco. Durante muchos años permanecerá muda, pero un día hablará, para que su voz sea recogida por la historia. Callada, como una tumba cuyo secreto a voces se levantará, acusador, cuando el tiempo permita levantar la losa bajo la cual permanece yaciente la verdad.

Su contenido se deja en manos de una persona amiga que por razones de edad está supuesta a sobrevivirme y que ha sido encargada por mi de hacerlo público algunos años después de mi muerte». El doctor Balaguer falleció el 14 de julio de 2002.