CARTAS AL DIRECTOR
Las madrinas policiales

CARTAS AL DIRECTOR<BR>Las madrinas policiales

Señor director:
El orden y la seguridad en el mundo son el equilibrio en la sociedad. Los encargados de mantener estos dos pilares de la democracia son las instituciones policiales.

por su contacto permanente con los ciudadanos la policía es proclive a ser permeada y corrompida.

Para contrarrestar el fenómeno de la narcocorrupción en lo que se define -cuerpo del orden- se realizan reingeniería por medio de los entrenamientos, técnicas modernas de investigaciones, persecución, operativos y sometimientos a la justicia de violadores de la ley.

Consciente del peligro de la corrupción policial se realizan esfuerzos para erradicarla.

Uno de ello es la profesionalización y la modernización. Solamente aplicando una correcta línea de mando se puede tener una policía eficiente, transparente, firme y coherente en cuanto a ser un vigilante de las normas legales.

En cualquier parte del mundo existen hechos vergonzosos cometidos por policías.

Las policías modernas de los Estados Unidos, Europa y Asia en ocasiones son cuestionadas por las inconductas de sus jefes y miembros.

La delincuencia policial en México quedó evidenciada en 1995 cuando una patrulla detuvo un Jeep Cherokee en el barrio de Tecamachalco y trataron pistolas en manos que los ocupantes entregarán dinero y pertenencia.

Este vehículo era ocupado por Ernesto Zedillo, el hijo del presidente de los Estados Unidos de México, Ernesto Zedillo.

En un discurso el primer mandatario mexicano dijo a la Nación: «nada ni nadie debilaterá mi determinación de construir el verdadero imperio de la ley que merece el pueblo mexicano».

El periodista Andrés Oppenheimer, en el libro -En la frontera del caos- en la página 307 pone al descubierto que «en 1995, según un informe confidencial de la Secretaría de gobernación, había en México alrededor de 900 bandas criminales armadas, de las cuales más del 50% estaban constituidas por miembros actuales o reiterados de la agencias de la ley».

Más adelante en la página 309 afirma lo que «era peor, cada una de estas fuerzas policiales tenía un sinnúmero de agentes secretos que eran conocidos como -madrinas-, que no figuraban en los libros pero cuyas responsabilidades iban mucho más allá de la de informantes».

Las madrinas en México se dedicaban a robar automóviles, atracar, y asesinar por encargo.

Los jefes policiales de importantes Estados mexicanos se dedicaban a proteger los grandes capos.

Este fenómeno se daba en Colombia, donde el Cartel de Cali financiaba en el Valle del Norte a cinco (5) mil policías.

Tanto México como Colombia, en vez de desprestigiar más de lo que estaban sus cuerpos policiales se dedicaron a sanearlos fortaleciendo sus imágenes. El arma de la policía es la credibilidad para combatir el crímen, los atracos y los violadores de ley. Si pierde esto su trabajo se hace difícil.

Es innegable que la Policía Nacional, tiene que ser sometida a un proceso de entrenamiento, modernización y transparencia castigando a los que abusando de la autoridad cometan hechos delictivos.

El mejor instrumento para tener la policía que merecemos está en la reforma policial. Los doce puntos esenciales que contiene esta pieza convertida en ley por el Congreso Nacional es el resultado de un trabajo científico en equipo dirigido por el Mayor General Rafael Guerrero Peralta, y su exponente-vocero el actual jefe de la policía Mayor General Manuel de Jesús Pérez Sánchez.

La reforma y la modernización de la policía es un asunto de dinero y voluntad política. En lo que viene esa reforma a los policías hay que darle un buen sueldo, equipos de comunicaciones, (vehículos principalmente motores), armas cortas modernas, chalecos anti-balas, seguro médico y de vida. Cuando un policía tenga lo que  necesita y entrenamiento será más efectiva y honrada porque no dependerá de las ayudas de los panas fríos ni mucho menos de los narcos-delincuentes sean de corbatas, uniformados o sin uniformes.

Todo está en la reforma, es un asunto de aplicarla con el respaldo del presidente de la República el doctor Leonel Fernández Reyna, que le ha declarado una guerra a la delincuencia, y debemos cooperar con ella.

Atentamente,
Rafael G. Santana