CARTAS AL DIRECTOR
Revalorización

CARTAS AL DIRECTOR <BR>Revalorización

Señor director:
Desde que estoy al frente de la Subsecretaría de Estado de Educación, encargado de Gestión y Descentralización, visito las escuelas y llevo un mensaje del Presidente de la República, el doctor Leonel Fernández, y de la Secretaria de Estado de Educación, la licenciada Alejandrina Germán, en el cual soy portador de que debemos valorizar los emblemas nacionales.

No es necesario haber tomado un curso de semiótica o leerse un volumen de Umberto Eco para comprender que las luces de un semáforo, una señal en la autopista, un gesto con las manos o un guiñe con los ojos tienen un símbolo que debemos decodificar.

Desde antes de iniciar mi labor como maestro y a través de mi posición como subsecretario de Estado de Educación, he llevado una labor tesonera por el rescate y valorización de los emblemas nacionales que son: el Himno, la Bandera y el Escudo de Armas.

Un objetivo que nos hemos propuesto es recorrer la geografía nacional para rescatar y revalorizar esos bienes espirituales de nuestra identidad como pueblo libre y soberano, y junto con maestros y alumnos estoy presente en el izamiento y arriada de nuestra enseña tricolor.

Nuestros Emblemas Nacionales son unos bienes que necesitan de los valores de nuestro espíritu para su mantenimiento y perfección. Esos bienes son fines que nos hemos propuesto por los valores que los intuyen, y se materializan con nuestro ideal de libertad y soberanía.

Queremos que cada niño o niña —y este es el mandamiento expreso del Presidente de la República, y de la Secretaría de Estado de Educación— al momento de izar la bandera en su escuela cante nuestro Himno Nacional con solemnidad y respeto, pero también con energía y entusiasmo; que cada niño dominicano se ufane de ver tremolar ese lienzo sagrado y que sintamos arder a su influjo la luz viva de un fuego interior, cuando flota alegre besada por los cálidos rayos del sol como dice el poeta de la Patria en la canción.

No todos tendremos el honor y el privilegio de pasear nuestra bandera en señal de triunfo como Félix Sánchez en Atenas y hacer que nuestro himno sea escuchado en el mundo entero; pero sí todos tenemos el compromiso y la obligación de prestarle a nuestros emblemas el respeto y la veneración que como hijos le debemos a estos símbolos patrios.

Es hermosa nuestra bandera cuando flota en lo alto de un campamento militar o en el fuerte San Luis de Santiago, en el Cerro de Capotillo en Dajabón, o cuando un contingente de hombres armados la empuñan en conmemoración de una fiesta nacional; pero mucho más hermosa y sublime es cuando manos infantiles la enhestan en el frente de una escuela y una voz blanca de niña dice los versos de Deligne:

¡Qué linda en el tope estás,
Dominicana bandera!
¡Quién te viera,
quién te viera
más arriba, mucho más!

Atentamente,