CARTAS AL DIRECTOR
Inconsecuencias

CARTAS AL DIRECTOR <BR>Inconsecuencias

Señor director:
En una de las páginas de la magnifica novel del doctor Balaguer, LOS CARPINTEROS, él afirma que si se quiere conocer a Mundito solamente es necesario darle un mandito. Dura pero realidad sin medias tintas en una nación en donde muchos se creen superdotados, llamados a ocupar las más altas posiciones de la nación con la ayuda y el trabajo de muchos dominicanos incautos, para luego olvidarlos olímpicamente.

Realidad dolorosa cuando en una Secretaría de Estado que se presume quienes la dirigen son personas con cierto nivel de cultura, y envían cartas de cancelaciones sin nombre ni posición del que van a mandar para su casa.

Dura realidad cuando el amigo, el compañero, el familiar, no asume personalmente el compromiso sagrado de ayudar a una persona y lo delega en una tercera que hace y deshace en su nombre restándole no solo afectos, sino posibilidades de llegar a otras posiciones.

Realidad de cuando uno se pasa seis meses llamando a un ministro supuestamente amigo, al que se ha apoyado en otras ocasiones y no cogen el teléfono.

Dolorosa realidad cuando un funcionario, pasado de tragos, manda a buscar a uno para luego mantenerlo esperando por horas, y luego de otro junto volver a mandarlo a buscar.

Mi abuela materna decía que la política era sucia, pero realmente sucia la hacen aquellos que la ejercen para beneficio propio o de los suyos, cuando están llenas las carteras de familiares direc- tos e indirectos, cuando uno cree en la palabra de un Presidente y luego todo se queda en eso.

Creo que la política en nuestro país ha pasado a ser solamente para aquellos que gustan de mentir, de fingir, de adecuarse a la circunstancia, de irrespetarse e irrespetar a los demás, que la amistad, y que el afecto pasan a segundo plano cuando el dinero está por el medio, y cuando se le prestan oídos a los chismes de envidiosos, cuando se maltrata por maltratar a personas que so- lamente han demostrado cariño y respeto por los que ocupan posiciones.

Y eso pasa en casi todos los sectores de la vida nacional, es un problema de amiguismo, o de que dice el dueño, o de que viene del despacho del Secretario, o es una orden superior, maldita herencia del Trujillismo, y aquí todos nos conocemos, y es fácil saber el nombre de los que se han hecho ricos ejerciendo profesiones, ocupando cargos, y de los que no.

Pero eso no vale, vale más el chisme, el olvido, la falta de solidaridad, la mentira, la sonrisa supuestamente franca, la amistad encubierta de desdén por alguien que nada le ha quitado, que nada reclama, que solamente quiere vivir, y ejercer un trabajo, porque nada es más feo, y más in- deseable que un lambón que priva en serio, o en que cumple órdenes.

Un día tendremos que unificarnos algunos de los marginados de los afectos de los amos y de los perros para llamarlos por sus nombres, desenmascararlo, y dejarlos tal como son ante el ju- rado mayor, y escrutinio de las futuras generaciones.

Son víboras con sonrisas de conejos.

Dios debe perdonarles sus errores, porque todo en la vida es pasajero, desde la Presiden- cia de la República, hasta el humilde cargo de barrendero o mensajero.

Atentamente,