CARRETERA X
Gente de hierro, almas de viento

CARRETERA X<BR><STRONG>Gente de hierro, almas de viento</STRONG>

Un enorme hipocampo vigila la carretera a la entrada de La Romana. Detrás suyo crece como en un mundo propio todo un universo en hierro. Es el mundo de José Ignacio Morales, conocido como El Artístico, dotado el hombre de una capacidad poco común para darle vida a los fierros, capacidad que ha ido así mismo forjando en otros.

Porque el tipo no solamente ha hecho suyo un particular estilo de creación y desarrollo, sino que lo va trasmitiendo a otros –familiares, conocidos, empleados- como a una especie de discipulado con una característica física inicial: manos duras como mazos, gente de hierro; y una sensibilidad innata o adquirida con la práctica: almas de viento.

Ser gente de hierro no fue siempre y únicamente una  buena cualidad para el trabajo duro, indoblegabilidad ante el avatar. También se consideraban de hierro aquellas personas de corazón duro en insensible. Pero en este sitio, donde todo es de hierro, las figuras parecen haber asumido la representación de esa indoblegabilidad incorporando también la sensibilidad, no necesariamente humana, sino aquella sensibilidad inherente al conjunto vivo, a la diversidad biológica, donde los seres humanos no han podido corromper.

Moverse entre estas estructuras terminadas o en proceso de formación, es como pasearse en medio de otro universo para el que somos invisibles. Las figuras, enormes la mayoría, nos ignoran, nos dejan pasar y hacer, mientras viven una especie de vida contemplativa, muy propia. Van creciendo sin envidiar otros espacios, los espacios humanos del exterior, sin querer incorporarse al tráfago de la carretera. Miran desde su mundo interior, mientras dejan al viento cruzarles el cuerpo construyéndoles el alma. Tal es la sensación que se vive en lo que inició «El Artístico» hace más de 20 años a golpes de herrero.

Tomarle la nobleza del hierro 

Conocí a José Ignacio Morales una mañana en el Parque del Conservatorio. Nos había juntado con Roberto Llerena, José Miura y otras personas la intención de desarrollar en la Cueva de Santa Ana un proyecto de habilitación para niños, en el que la informática, la fílmica, la pintura y la forja se encontrarían para dar paso a una alternativa de educación no convencional con proyección de permanencia en esa cueva.

El proyecto no prosperó y solamente nos vimos ese día. «El Artístico» estuvo allí puntual, como lo hacen aquellas personas que no se sienten estrellas del espectáculo. En realidad no conocía de este hombre más que una obra: el enorme reloj del bulevar de la avenida 27 de Febrero, cuya fama venía precedida por una deuda. Me explico, lo más impactante en torno al reloj de la 27 de Febrero es que todavía no se le ha pagado a José Ignacio su trabajo. Mucha fama, mucho bulevar y nada de pagar la deuda. Pero lo ha tomado con la nobleza del hierro.

Hace poco pasaba frente a su taller y me llamó la atención el gigantesco hipocampo. Para incluirlo entre los temas de «Carretera X» por su rareza me detuve a buscar información, sin saber que me estaba metiendo en un mundo del que el hipocampo no es más que el señuelo.

Buscando más información que la que obtuve en el taller de José Ignacio me enteré de una cantidad de cosas que bien puestas y expuestas no cabrían en una página.

Aparte de que muchos de sus trabajos «andan» por el mundo ornamentando parques, bulevares, hoteles, oficinas, residencias y villas de distintas ciudades, casas de gente muy nombrada (muchos de ellos muy buena gente) está prestigiada por la presencia de la obra de este señor del hierro.

Robert Redford, Mica Stergun, Bren Simon, Oscar de la Renta, Dominic Bluhdorn, Julio Iglesias, Gloria y Emilio Stefan, Iván Rodríguez y otros famosos se cuentan entre quienes cuentan su admiración con obras de José Ignacio en sus casas.

Varios hoteles del país y de otros países, como la cadena Riu de México, han incluido grandes obras en hierro, bronce y cobre de «El Artístico». Pero su obra más duradera y valiosa no está hecha en hierro.

En el taller del Artístico funciona una escuela en la que se trabajan muchos otros metales junto con la educación de menores sacados de las calles para ser forjados en el trabajo del hierro, el aluminio, la madera, las piedras preciosas, el oro y el cristal. Es una escuela donde se aprende lo material siempre será preferible mantenerle en bajo perfil, prefiriendo levantar la condición humana en su mejor faceta: la nobleza.

Una proyección hacia ultramar

El trabajo de José Ignacio Morales es conocido en muchos países gracias a la difusión de publicaciones como «House and Garden Magazine», «New York – Florida Design», «Chicago & Relo Monor State Magazine», «Southern Accents Magazine» y otras. Sin embargo -hasta donde sé, y no es que sepa mucho- lo hecho por Morales no ha sido bien difundido en la República Dominicana.

Al diseño y creación inicial de lámparas, verjas, puertas y portones siguió el concepto de la figura humana en sus más variados aspectos. La particularidad de «dar vida» y expresión tanto a humanos como animales en hierro y otros metales. Sin embargo, esas capacidades no se quedaron para la modernidad. Es decir, en «El Artístico» se evolucionó hacia la capacidad de recuperar el pasado en las formas metálicas, como hacia la idea de irse un poco más allá de lo moderno, incorporando aires futuristas en obras muy especiales.

Al Artístico no le falta trabajo pagado, lo que le permite realizar donaciones en materia de trabajo comunitario, como la donación hecha a El Seibo, una gigantesca cruz para materializar la significación de su nombre: Santa Cruz del Seibo.

Puerto Rico ha sido uno de los países que ha reconocido más el trabajo de José Ignacio Morales. En ese país las obras de Morales prestigian grandes hoteles y algunas ciudades. Pero la mayor satisfacción de José Ignacio es la oportunidad que han recibido su familia y sus empleados de contar con trabajo digno, seguro y de futuro asegurado y en crecimiento.

Reconocimiento de un rey

Por más que lo republicano sea lo más avanzado, lo monárquico no pierde su encanto. De ahí que ser reconocido por un rey, o una reina, siempre tendrá cierto peso específico a la hora de presentar historia de trabajo.

Por esta misma época, el año pasado el rey de España, Juan Carlos I, otorgó la condecoración de «Cruz Oficial del Mérito Civil» a José Ignacio Morales por su esfuerzo en beneficio de la formación de la juventud.

Le tocó a la embajadora de ese país, María de Jesús de López-Palop, entregar al «Artístico» la condecoración real en un acto celebrado en el propio taller del artista del hierro.

Pero esta condecoración no está desvinculada de la vida y formación de José Ignacio Morales. En realidad, España se condecora a sí misma también con este reconocimiento, pues fue gracias a un programa de educación técnica ofrecido por el gobierno español a través de la Escuela Vocacional de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional que Morales recibió los rudimentos que le permitieron desarrollar sus habilidades y crear el mundo de hierro en el que actualmente trabaja.

Esa vez, en dicho reconocimiento, acompañaron a recibirlo de manos de la embajadora López-Palop el gobernador de La Romana, Plutarco Pérez; el síndico, José Reyes, familiares de José Ignacio y otras personalidades de la Provincia.