CARRETERA X
¡Genial! Ruinas  para el turismo

CARRETERA X<BR><STRONG>¡Genial! Ruinas  para el turismo</STRONG>

Los atractivos turísticos a veces nos pasan bajo las narices sin darnos cuenta de su valía para mover grupos hacia su contemplación, y naturalmente, cobrar por esa contemplación. Porque sepa usted que así como hay ojos que matan, hay ojos que destiñen, descascaran, desbaratan y hasta destutanan. Por eso es necesario y razonable que a los turistas se les cobre por mirar, incluso por mirar a las personas.

Porque volviendo al asunto de que hay ojos que matan, imagínese que un turista de esos que nunca han visto mujeres buenas le clave los ojos a una mulatica de esas frágiles que tenemos por aquí y la mate de una mirada. De alguna manera hay que resarcir la pérdida de la familia. Pero volvamos a las ruinas turísticas.

Si ustedes miran atentamente y con ojos estéticos esa foto podrán apreciar cómo se destacan esas ruinas medio arropadas por la vegetación, símbolo de su antigüedad. ¡Esas ruinas valen oro! Claro, si sabemos cómo manejarlas orientadas hacia el turismo.

Por ejemplo. Las ruinas en cuestión están en la carretera saliendo de Enriquillo hacia Oviedo… ¿qué? ¿no les dice nada eso? ¡Por eso es que estamos como estamos! ¡Eso significa que esas ruinas bien pueden asociarse al famoso cacique Enriquillo! ¡Al primer guerrillero que se alzó en armas… bueno, se alzó en flechas… o se alzó en palos y piedras, en lo que sea,  pero se alzó, que es lo importante… Pero sigamos.

Si agarramos esas ruinas por los moños podemos crearle la historia de que ahí era donde Enrriquillo venía desde las lomas de Pedernales a pasar los fines de semana luego de andar guerrillando contra los españoles. ¿Lo ven ahora? Seguimos.

Podemos armar cerca de las ruinas un fogón antiguo, incluso con algunos palos viejos, y crearle su historia también. Ahí era donde a Enrriquillo le horneaban las cholas con lambí. Igual podemos colocar un par de rocas más o menos grandes y planas y asegurar que sobre esas piedras era donde Enrriquillo se sentaba a comerse las cholas con lambí. Y si encontramos una piedra apropiada, media cóncava ella, podemos asegurar que esas son las huellas de las nalgas de Enrriquillo. Pero sigamos.

En algún lugar apropiado se pueden clavar dos palos: los que sujetaban la hamaca de Enrriquillo. Naturalmente, no vamos a exagerar poniéndole una hamaca, porque entonces no nos creerían ni un carajo y ahí mismo se nos caería el atractivo. Pero veamos qué otra cosa podemos incluir en las ruinas.

¡Ya! ¡Una calavera! O quizás mejor un esqueleto entero. Y podemos tejer una vaina romántica, por ejemplo: que ese es el esqueleto de la última novia de Enrriquillo, degollada por los españoles cuando allanaron el sitio y al no encontraron a Enrriquillo la torturaron hasta morir, porque ella nunca dijo que Enrriquillo estaba por unos matorrales por ahí “dando del cuerpo”.

Una cosa importante es que la gente que guíe a los turistas debe tener algunas dotes histriónicas. Es esencial que cuando estén explicando esas cosas sean lo suficientemente expresivas. Por ejemplo, cuando hablen de lo del degüello de la novia de Enrriquillo debe quebrárse la voz y hasta soltar alguna lágrima. Casi puedo asegurar que por cada lágrima que suelten es un dólar de propina que les cae.

Señores, hay que afilarse con lo del turismo. Cada vejestorio que aparezca por ahí es una historia que contar de los indios, de los africanos, de los cimarrones, de los piratas y hasta de los narcotraficantes, sin con ello nos caen dólares.

Y el turismo llegó a Los Patos

Los Patos es el río más corto creo que del mundo. Frío también, y de aguas sabrosísimas, mejores que cualquiera embotellada.

Pues en Los Patos ya el turismo… no llegó, ¡invadió! Señores, en ese sitio ya no hay lugar para uno abrir una tienda de camping. Y desde que amanece la bachata arropa a todo el que pasa.

Aquellos tiempos en que Los Patos era un edén de susurro del río, arrullar de la brisa y tranquilidad para acampar ya pasaron. Ahí llegó el bullicio, la bebedera, la cueredera, la chulería y todo aquello que le sigue.

El ayuntamiento, no sé si de Enriquillo o de Paraíso, ha negociado casetas en el sitio que eso es un desastre. Yo estoy seguro que todo eso creció al amparo del concepto ese de que hay que darle oportunidad a todo el mundo y de que hay que donar casetas y que el partido, etc. etc.

Pues muy bien. Pues sepan que ya los compañeros y compañeras (del partido que sean) están vendiendo a extranjeros las casetas. Así que puede usted encontrar “neoinversionistas” turísticos que a poco serán los dueños totales del sitio, y que naturalmente alegarán que lo han adecentado, porque lo que había antes (es decir, ahora) era una especie de barrio-mercado, sucio, pobre y dominicano. Yo no sé en qué condiciones se entregan las casetas, que evidentemente hay un negociazo con el donar y el vender ma’pa’lante que ya echó a perder Los Patos.

¡El turismo en acción! Ya falta poco 

En esta parte de la carretera que lleva de San Cristóbal a La Toma se cruza sobre una cañada que fue cubierta por la carretera. La cañada conduce uno de los arroyos que bajan de las lomas del Pomier, Carvajal, y otras de esa zona.

Pues desde hace unos tres años esa parte ha ido cediendo. Ya una vez, hace poco más de un año lo publicamos por aquí. Ha ido cediendo más. Y por esta carretera pasan todos los políticos de San Cristóbal a realizar campaña política hacia Hato Damas, Villa Altagracia, El Pomier, Naranjo Dulce, San Francisco y muchísimos otros parajes. Y todos tienen que haber sentido ese bajón en ese punto, tan pronunciado que ya abrió un hueco en un lado de la carretera.

Pero nada, nadie se detiene a verificar el estado de la carretera, y mucho menos a proponer su reparación. De seguro lo estarán prometiendo para cuando “ganen”.

Pero ya falta poco para que un desplome definitivo se lleve un par de gentes o a un grupo de éstas, porque el día que eso se desplome y una camioneta cargada de gente se vaya de hocico las lamentaciones no van a faltar, igual que las acusaciones contra el síndico que esté, de eso no hay duda.

Ahora, la pregunta es la siguiente: ¿vamos a pasarnos la vida en esto?

Hace un año o menos dos motoristas perdieron la vida cuando cayeron en un hoyo parecido en la misma carretera. Inmediatamente el síndico mandó a cubrir el hoyo, ¡santo remedio! Y como en este país la desprotección es nacional ¿a quién iban los familiares a reclamarle? Pero nada, esperemos en la orilla, que ya falta poco.

Tilapia con lo que sea

También conocida como biajaca, la tilapia es un pez introducido en los años 50 con el propósito de controlar la presencia de las sanguijuelas en los arrozales del país, principalmente en los arrozales del Cibao. Su gran capacidad de adaptación y su facilidad para reproducirse resultaron ideales para el objetivo de su introducción, pero además, resultaron de gran importancia para la dieta de la población rural.

Muy bien, ahora la otra versión.

La biajaca llegó para resolver un problema de hambre que mantenía a la población “tuche”, principalmente en los campos, donde las caras lánguidas tenían a las jaibas casi al borde de la extinción. Su facilidad de captura permitía atraparla a “mano pelá”, y de ahí a una lata de agua hirviendo sobre cuatro piedras. Pero igual que sancocharse, se asa, se fríe, y si el hambre puya pues a puro limón. También puede secarse al sol para mejor conservación.

La tilapia o biajaca se come de diferentes maneras: tilapia con yuca, tilapia con plátano, tilapia con rulo, tilapia con batata, tilapia con guineitos, tilapia con papas, tilapia con arroz, tilapia con pan, tilapia con yautía, tilapia con ñame, tilapia con coco, tilapia con tilapia, y con tilapia otra vez.

La gente que más ha recurrido a este famoso pez –que algunos dicen que sabe a tierra- es la gente del sur, que por lo regular desarrollan cierta especialidad en tragarse un pez con todo y espinas. Y lo de que sabe a tierra es un cuento, pues como mejor sabe la tilapia es con hambre.