CARRETERA X
Como tragándonos la tierra

<p><strong>CARRETERA X</strong><br />Como tragándonos la tierra</p>

POR DOMINGO ABREU COLLADO
Esto es en tierras del Ingenio Consuelo, en San Pedro de Macorís, pero es lo que está pasando en prácticamente todo el territorio de la República Dominicana: nos estamos tragando la tierra, comiéndonos los suelos, sepultando la superficie, aplastando toda posibilidad de supervivencia y cerrándonos el paso.

Me explico. Estas tierras fueron en principio bosques, luego, buena parte de ellas fueron terrenos labrantíos, y luego fueron tierras cañeras. Su uso fue hasta ahora la producción agrícola, y ese era su mejor uso, su mejor empleo. Ahora están siendo sepultadas por la construcción de casas, de urbanizaciones. Ahora estas tierras están siendo condenadas a la asfixia, hasta que alguna vez, dentro de miles de años, el hambre nos obligue a destruir lo construido y despertarlas para ponerlas a parir de nuevo.

Porque ahora parece que no lo vemos. Solamente la tierra es capaz de producir alimentos. No hay sapiencia humana capaz de ello. Y si vamos a sepultar toda la tierra productiva estaremos sepultando toda posibilidad de supervivencia, porque no será posible –ni lo es en estos momentos- alimentarse solamente de comida importada. Y es en ese sentido por donde nos llevan… o por lo menos nos quieren llevar.

Y lo vamos viendo por todas las carreteras por donde pasamos. Se están sepultando todas las tierras buenas, todas las mejores, todas las óptimas, incluso las no tan óptimas. Nos vamos quedando sin tierra donde sembrar y cosechar.

Quienes solamente están planificando para el crecimiento horizontal de las ciudades, solo para el crecimiento horizontal de las ciudades, lo saben. Saben que a grandes pasos nos quedaremos sin tierras. Saben que no es posible utilizar los terrenos de montaña para la producción en gran escala, para producir toda la alimentación que necesitamos ahora y que necesitarán los 10, los 20, los 30 y los 40 millones de dominicanos que alguna vez poblaremos el país.

Si seguimos sepultando la tierra, la única tierra que nos puede mantener ¿dónde vamos a obtener comida para tantos dominicanos? Si seguimos aniquilando la posibilidad de sobrevivir a cualquier hambruna que pueda presentarse, por causas de cualquier accidente de la naturaleza, por causas del cambio climático, por ejemplo, ¿dónde vamos a producir la comida que necesitaremos?

No es alarma innecesaria. Son hechos. Nos estamos cargando a grandes pasos el único huerto por el que no tenemos que pagar alquiler ni nadie puede prohibirnos el paso para ir a buscar la fruta: nuestras tierras. Ningún país nos permitirá ir a sembrar sus tierras para producir lo que necesitaremos.

En este caso de San Pedro de Macorís no se trata de ocupaciones ilegales. Se trata, como pueden verlo, del comercio de la urbanización en gran escala. Y está ocurriendo en los grandes valles del Cibao, en San Francisco de Macorís, en Santiago, en La Vega, en Bonao, en toda la periferia de Santo Domingo…

La posibilidad más económica y rentable de alimentar la población dominicana actual y futura está en nuestras tierras. Si sepultamos nuestros campos de labranza… nos jodimos. Así de simple, así de llano, tan llano como estas tierras.

Como insectos tras la luz

La parte del malecón frente al edificio de oficinas de E. León Jimenes se ha convertido en el lugar de mayor convergencia de Santo Domingo, por una razón: hay luz.

Como insectos tras la luz llegan todas las noches en sus vehículos cientos de jóvenes que hace rato superaron la capacidad del parqueo que como jardín costero construyó el Grupo León Jimenes como alternativa de recuperación y segunda utilización del punto donde son vertidas las aguas de desecho de la cervecería luego de ser tratadas y conducidas al mar.

La falta de energía eléctrica en muchos otros lugares con posibilidades de reunión vehicular ha obligado a estos «amantes de la luz» a refugiarse bajo la mezcla de rayos de neón y mercurio que llueven en este punto. Parecería que corren peligro de morir si esta luz les falta. Parecería que, como las plantas, urgen de luz para sobrevivir, por lo menos sobrevivir hasta el día siguiente, cuando entonces buscarán la sombra y los acondicionadores de aire.

En este caso no hay posibilidad de «atender la demanda en función de su crecimiento», como diría alguien especializado en mercadeo. En este caso la demanda es de luz, pero es lo que menos hay, cuando de la noche se habla.

Según he oído, para acomodar a tantos buscadores de luz y darles mayor beneficio por su preferencia, la cervecería va a instalar unas mangueras directamente desde los silos de cerveza para que estos jóvenes puedan «embicarse» y refrescarse en las noches de más calor, ahora que va terminando el crudo invierno del Caribe. Así que esperen ahí sentados.

Anjá, la Metro Goldwyn Mayer en Dominicana

Para mí resultó una agradable sorpresa encontrarme con este letrero en la carretera que va desde la ciudad de Hato Mayor hacia Capote. Ya sabía yo que en algún momento una de esas grandes compañías productoras de cine iba a instalarse en grande en la República Dominicana.

Y nada menos que la Metro Goldwyn Mayer, la famosa empresa cineasta del rugiente león, el más famoso y visto felino del mundo del espectáculo.

En realidad, a mi juicio, esta zona de Hato Mayor presenta grandes posibilidades para la filmación de películas de todo género, desde películas de aventuras hasta las comedias más hilarantes. Y eso parece que lo vio también la Metro Goldwyn Mayer.

En relación con la producción de películas de aventuras Hato Mayor presenta diferentes escenarios naturales en sus montañas, lapiaces, zonas de cavernas (recuérdese que Hato Mayor posee –muy cerca de aquí- la cueva más larga del país) y zonas de selva por la parte de Los Haitises. Y no lejos está Sabana de la Mar, para esas superproducciones en el mar, de lucha contra calamares gigantes, películas de piratas y corsarios, extraterrestres bajo el mar y tórridas escenas de amor en sus playas.

¡Y qué decir de sus extensiones llanas! Estas son ideales para esas apocalípticas superproducciones, sean de guerra, de revoluciones o de indios y vaqueros. Para estas últimas se pueden buscar varios cientos de vacas y disfrazarlas de búfalos, no faltaría más.

Creo que Hato Mayor tiene en la Metro Goldwyn Mayer su mina de oro… bueno, eso fue lo que pensé cuando vi el letrero. Pero cuando entré buscando el campamento con calles y casas del oeste norteamericano me topé con que no, que se trata de un campamento cristiano para reunir fieles a no se qué cosa… Bueno, alguna vez será.

Un vertedero para el polígono central

Yo no sé cuándo lo inauguraron. Pero el vertedero que aparece en la foto está –como pueden verlo- en la misma avenida Winston Churchill, casi llegando a la avenida 27 de Febrero.

No me detuve a investigar mucho porque era mediodía y a esa hora uno como que está en la cuestión de reposición energética. Pero imagino que ese vertedero debe contar con todos los adelantos de la moderna tecnología que permite a la sociedad deshacerse de los desechos sin tener que embarrarse las manos o pasar por malos olores.

Imagino que en el interior de ese vertedero se ha instalado un sistema de correas inoxidables transportadoras y seleccionadoras de basura. Es decir, que dichas correas, atendiendo a una programación computadorizada, va separando la basura por materiales: plásticos a un lado, vidrios a otro, basura orgánica a otro lado, metales por otro sitio… etc.

Igualmente, el sistema las va envasando de acuerdo al material y las envía a un depósito, donde cuando se ha acumulado determinada cantidad es removida automáticamente a un recicladero de vidrio, a otro de metales y a otro de plásticos, mientras que la basura orgánica se hace salchichón.

Yo espero que se instalen otros vertederos similares por los demás sectores del Distrito Nacional y de todo Santo Domingo donde se están necesitando para enfrentar el problema del reciclado de materiales desechados.

Lo único que me extraña de este vertedero es que no haya salido antes en la prensa, porque con tales adelantos que imagino en su interior puede convertirse en un atractivo turístico de primer orden, algo así como un vertederoturismo con tecnología de puta… de puta madre.