CARRETERA X

CARRETERA X

POR  DOMINGO ABRÉU COLLADO 
Algunos trucos del peaje

Entre las definiciones de «truco» que aparecen en el diccionario están las siguientes: «cada una de las mañas o habilidades que se adquieren en el ejercicio de un arte, oficio o profesión».

«Ardid o trampa que se utiliza para el logro de un fin». Y tal parece que la gente del peaje de Las Américas (y probablemente de los demás peajes también) han ido desarrollando trucos con el fin de hacerse especialistas en el «arte» que busca sacar el máximo beneficio al negocio que comenzó con 25 centavos y ya va por los 30 pesos.

Paso a la narración. En marzo pasado estuvimos por la autopista  de Las Américas buscando como llegar al residencial «Riviera del Caribe», que está antes del peaje de oeste a este, búsqueda que nos llevó hasta el mismo peaje. Como no íbamos más allá consultamos a uno de los militares de puesto para saber cómo retornar sin pasar por el peaje. Éste nos remitió al administrador del peaje, señor Pedro Berigüete, a quien le expusimos que veníamos de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente –identificación por medio–  con el encargo de indagar sobre una denuncia de un grupo de residentes de «Riviera del Caribe» sobre la amenaza de destrucción de una caverna en el área, y que como se trataba de un trabajo oficial y no requeríamos pasar el peaje, le solicitamos nos permitiera retornar sin efectuar el pago… eh, 30 pesos son 30 pesos!!

Pues Pedro Berigüete nos dijo que no, que si pasábamos por ahí, aunque fuera para dar la vuelta teníamos que pagar los 30 baros. Le adujimos que el diseño original del peaje permitía el retorno de los vehículos que no necesitaban pasarlo o que por determinada razón tenían que regresarse, y que por alguna razón ilógica ahora no se permitía. Pero Berigüete insistió en que no, que él «vivía en Nueva York y que allá no se permite devolverse en el peaje».

La cuestión es que tuvimos que pagar los 30 pesos para poder devolvernos, porque el tipo se plantó en sus 13, se puso el puño en la cintura contoneándose «que no, que no, que no», viró los ojos para arriba pestañeando repetidamente mientras apretaba la boca, y ahí lo dejamos con su autoridad, todo él reinando en su principado.

Hace dos o tres años escribimos sobre otro truco del peaje. Este consistía en que cuando se caía alguna moneda y la barra no levantaba, el conductor se veía en la obligación de lanzar al colector «peajístico» el dinero faltante, mientras un empleado que veía el asunto se entretenía silbando y con la cara orientada hacia el mar mientras con el rabillo del ojo miraba la situación. Cuando el conductor se iba, el tipo iba y tomaba la moneda (de 1 ó de 5 pesos) y se la guardaba para sí. Luego esto se corrigió, porque no era negocio para la compañía, puesto que el dinero no entraba a sus arcas. Pero evidentemente se han desarrollado otros trucos, como éste del «no retorno si no paga».

Creemos… bueno, más de ahí, estamos seguros, de que se trata de un trucaje más para birlarle a los ciudadanos más dinero del que normalmente debe recaudarse. ¿Se corregirá este asunto? ¡¡Who knows!!

El muro del truco en cuestión

He aquí de lo que hablamos en el segmento anterior. Como puede verse, la construcción original llega hasta un punto en el que deja un espacio como de 100 ó más metros entre ésta y la estación de peaje, naturalmente, para permitir el retorno, sea por emergencia, sea por persecución policial a delincuentes (o viceversa, no hay mucha diferencia), sea por necesidad de una ambulancia o de los bomberos… sea por lo que sea. Pero no es cierto que esa no sea la construcción original, como se ve.

Lo que también se ve es la extensión de las divisorias de plástico, más la colocación de piezas de muro New Jersey para evitar el retorno de los vehículos.

A esto se podría alegar que hay una vía marginal o paralela para pasar al lado norte de la autopista, pero incluso nosotros, que anduvimos por casi todas las carreteras del país, se nos fue la susodicha marginal –o la dejamos pasar–  pensando en la posibilidad del retorno antes del peaje, como normalmente debe ocurrir, puesto que el residencia «Riviera del Caribe» está muy cerca del peaje.

Y si nosotros, que somos de Santo Domingo, y que corremos por cantidad de carreteras, nos pasamos del paso hacia la dichosa marginal, qué será de los que andan buscando por primera vez cómo entrar a esa zona. O sea, que todo el que se pasa de dicho paso va a parar al peaje y, naturalmente, a pagar 30 cañas.

Entre lo penosamente falto de estética, además, está el aspecto de remiendo que presenta este segmento de Las Américas, sólo por… ¿cómo era el título de la vaquerada aquella?… ¡ah! «Por unos dólares más».

Otro detalle de Las Américas

La gente ha tenido que recurrir a su propia inventiva para manejarse al cruzar la autopista Las Américas salvando vehículos, alturas, desniveles, fosos con dragones y otros obstáculos. La foto muestra un «puente levadizo» en uno de los puntos más utilizados por la gente para el cruce, en el que evidentemente hay que saber cómo cruzar o aprender previamente. Para ello –no está ahora, pero seguro que estaba antes del último ciclón–había un instructivo colocado sobre un panel acrílico en letras rojas y amarillas (imagino yo) informando de los siguiente pasos para cruzar el puente. Más o menos así: 1. Acérquese hasta estar sobre la gramita del muro más alto y persígnese. 2. De tres pasos afincando delicadamente los pies sobre los leños (ni se le ocurra pisar fuerte). 3. Al llegar al madero mayor dé un salto lanzando primero el pie derecho (si usted es derecho), o el pie izquierdo (si es zurdo de los pies). 4. Al caer sobre el muro más bajo, conserve el equilibrio y los dos pies juntos. Mucho ojo con los carros y más ojo con los vehículos grandes, cuyo ventazo puede llevárselo de encuentro. Finalmente, el paso número 5, dé gracias a Dios y encomiéndele su vida para el cruce de la autopista.

Otro detalle más, como puede ver en la foto, es la oferta de los servicios de reparación de neumáticos desinflados a causa de punzadas inesperadas por objetos metálicos (y a veces no metálicos) abandonados en plena vía pública, pérdida de presión como consecuencia de desperfectos en el dispositivo de entrada de aire al neumático, dislexia neumática por razones de golpes o desbalances, explosiones por profundo desgaste exterior del neumático a consecuencia del encuentro inesperado con una colilla de cigarrillo encendida y otros percances. Es decir, un gomero.

Pues habrá que sacar propias conclusiones del servicio que da el «gomero-gomero» en plena autopista Las Américas, porque el tipo cobrará hasta la cargada en brazos de la goma cruzando por el puente levadizo hasta llevarla a su casa y volver con ella, mientras el dueño del vehículo espera en él para evitar que se lo desvencijen los ladrones. En fin…

Sin una sola señal

La vía a la derecha del «pantalón» que se ve en la foto es el desvío que aparece de Este a Oeste, por Las Américas, luego de pasar el peaje en la misma dirección. Pero es bueno que se sepa que no hay ni una sola señal que lo avise, es decir, que avise que en ese punto se puede tomar hacia los barrios y urbanizaciones que existen en el lado norte de dicha autopista.

Al llegar ahí, lo que más se destaca es un letrero del hotel Quality, y, como resulta normal, uno puede pensar que ésa es simplemente una vía de entrada al hotel y seguir de largo buscando un acceso hacia los barrios, y no lo va a encontrar hasta llegar al puente Juan Carlos de Borbón.

De manera que si usted va para «Riviera del Caribe» y se pasa de este punto, tendrá que recorrer todos esos kilómetros para entonces regresar, o por la autopista para tomar el desvío, o atravesando los barrios para llegar a la calle marginal y seguir hasta el sitio buscado.

La pregunta es la siguiente: ¿por qué bestias nos hay letreros indicadores de ese desvío, intersección, pantalón o como quiera llamársele, si es el único punto donde puede tomarse? ¿No piensa Codacsa u Obras Públicas que la gente necesita orientación escrita, señalizaciones para poder manejarse en una ciudad? Más cuando en dicha ciudad cosas como el peaje se están manejando privadamente y recurriendo a todos los trucos de manejo de tránsito habidos y por haber para recaudar más dinero.