Cáncer social

Cáncer social

La violencia, los crímenes cometidos por la delincuencia generalizada, ocupan sin duda el primer lugar entre las causas de preocupación de nuestra sociedad, logrando, inclusive, disputarse la supremacía con las grandes dificultades económicas que abaten a los dominicanos.

La Conferencia del Episcopado Dominicano, en una carta pastoral, ha dejado sentir su abatimiento y pesar por esta situación y ha llamado, con el buen tino que caracteriza sus consejos, a combatirla y erradicarla.

Ciertamente, para vencer muchas de las otras dificultades que tenemos, el país tiene que presentar un clima de seguridad ciudadana estable, para que puedan ser desarrolladas sin obstáculos múltiples actividades que motorizan el progreso en todos los órdenes.

Los asaltos, robos, violaciones, secuestros, ajustes de cuentas, ejecuciones, tráfico y consumo de drogas y otras acciones se están produciendo con una frecuencia tal que han obligado a modificar muchos hábitos y han perjudicado grandemente, primero que todo a la familia, y luego a las actividades sociales, culturales y económicas.

-II-

En un aspecto de su Carta Pastoral los obispos advierten que sería deplorable y provocaría la indignación y repulsa general que unos pocos, por sólo razones políticas, quisieran desestabilizar el país o perturbar su gobernabilidad, promoviendo la violencia.

Esta visión en particular debe ser tomada muy en cuenta por las autoridades, pues los obispos son personas generalmente muy bien informadas y poderosas razones deberán tener para lanzar dardos de tanta gravedad.

Sea como fuere, lo cierto es que los gérmenes de la delincuencia y la violencia mantienen a la defensiva, casi en desbandada, los elementos de que dispone la sociedad para garantizar su salud. Hay barrios en los cuales las bandas siembran el terror e imponen un virtual toque de queda con sus disputas a balazos, sus asaltos y crímenes.

En realidad, la población se siente indefensa, desprotegida y no hay a la vista señales o indicios de que las autoridades vayan a ponerse en condiciones de tomar el control y desarticular a los grupos que mantienen en zozobra a la sociedad.

-III-

El número de armas en manos de la población civil es un claro indicador de que la autoridad está en desventaja. Por un lado está el hecho de que hay un número indeterminado y alarmante de armas poseídas y utilizadas ilegalmente por los delincuentes. Por el otro lado, es cada vez más alto el número de ciudadanos que adquieren armas por medios lícitos para protección propia, de los suyos y de sus intereses. Una sociedad en esas condiciones es una sociedad en peligro, insegura, susceptible de ser escenario de muchos hechos de sangre.

En fin, la carta de los obispos es un llamado oportuno y atinado para que las autoridades le pongan fin, de una vez por todas, al estado de crimen e inseguridad que estamos viviendo. Ese cáncer que amenaza cada vez con más fuerza a nuestra sociedad, nuestro orden, tiene que ser extirpado a tiempo, antes de que haga metástasis y se torne incontrolable.