Caminante, detente

Caminante, detente

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Caminante, detente, que la guerra fue inventada por los hombres. Y, cuando el fuego de las pasiones te irrite, sé medido, caminante, apacigua tu cólera sacrificando un poco tu vida, que luego las horas transcurridas te darán tranquilidad y volverán de nuevo los momentos apacibles.

Ten presente que las injusticias también fueron inventadas por los hombres y podemos desterrarlas con la paciencia que da el Señor Jesucristo con su prudencia y su sabiduría. Lo primordial, lo importante, es llegar hasta Dios por el buen sentimiento que Él nos suministra, y, si llegamos, quedarán resueltos todos nuestros problemas, que no se te ocurra buscar una demostración filosófica o teológica de la existencia de Dios, porque no te llegarán a convencer. Ya que Dios es todo bondad y sabiduría.

Caminante ama, detente ante ese templo de la vida y admírale con veneración, respétalo, no lo profanes, Él es inmensamente prodigioso, Él solamente puede llenar nuestras vidas y es nuestra misión, llenar los huecos, pero todos sin dejar ninguno. Recuerda que este mundo es sordo a la tranquilidad y no niega jamás el amor y nos enseña que hay que luchar con mucha fe y entusiasmo para alcanzar algo, que el amor es cosa de paciencia inagotable, si lo sentimos debemos avivarlo con ternura y con bondad. Caminante, nuestra sed de perfeccionamiento debe ser inagotable; no despreciemos la vida, necesitamos de ella, que en el mañana no lamentamos aquellos minutos perdidos; recordemos que la felicidad se sostiene solamente unos instantes casi imperceptibles.

Caminante, nuestra sed de servicio debe ser permanente porque el Señor así lo requiere, y Él, sabe cómo motivarnos, tengamos paciencia que Dios, sabe cómo dirigirnos y por eso nos da la vida, pero nos pide compartir todos momentos y que ayudemos a los envejecientes desvalidos, porque ellos son también sus hijos que parecían al igual que a nosotros. Unámonos alrededor del supremo creador y lograremos estar a salvo porque el Amor lo puede todo.