¿Cabría Paquita Escribano en la Academia Dominicana de la Lengua?

¿Cabría Paquita Escribano en la Academia Dominicana de la Lengua?

POR MARIO BONETTI
En una agradable conversación que sostuve con el poeta Bruno Rosario Candelier, el presidente actual de la Academia Dominicana de la Lengua, me enteré, como ya conté anteriormente, que de ahora  en adelante, las «puertas de la Academia están abiertas a toda clase de ciudadanos que se interesen por el idioma».

Yo «sin mundo ya y herido por el cielo» (Franklin Mieses Burgos) le pregunté irreverentemente: «¿caben también Paquita Escribano, el Archipámpano de la Carcajada y el Dr. Pildorín?».

A lo que él parsimoniosamente respondió con su típica ecuanimidad en afirmativo porque ellos son (serían) exponentes del lenguaje popular.

Sin comentarios.

No haré comentarios pero sí una anécdota. Cuando yo era estudiante de la Universidad de Río Piedras, San Juan, Puerto Rico, por el año 1962, tuve allí a Max Henríquez Ureña como profesor y del cual me enganché por sus conocidos méritos intelectuales.

Cuando en una conversación que tuvimos, me parece que fue en el comedor de la Universidad hace 43 años, yo le expuse mi dolor por el mal Español que se hablaba en la Isla, en la Florida y en algunas partes del Caribe.

Del gran Max yo sólo esperaba respuestas sosegadas y bien pensadas, como era su estilo y como siempre hablaba conmigo cuando conversábamos de política (casi siempre sobre Cuba y Dominicana) y de cultura después de las clases.

Pero esta vez su respuesta fue apasionada y lo único que recuerdo literalmente de ésta fue aquella sentencia condenatoria de la Real Academia Española  cuando me espetó: «pero es que han sido los mismos españoles los que han claudicado aceptando como bueno y válido todo lo que surge».

Sin comentarios.

¿Y qué pasaría si algún día un grupo o puñado de cultores y trabajadores del idioma tomáramos la decisión de no seguir los lineamientos de España y declarar la guerra de independencia idiomática?

¿Es eso organizativa y administrativamente posible?

¿Se podrían superar obstáculos organizativos, como lo es la vinculación orgánica de las academias regionales a la RAE sólo y gracias a una voluntad independentista? ¿O se trataría en verdad de la carencia idiomática del suficiente «material colgante» (ya la RAE aprobó esa expresión) para defender una convicción contraria a la de la Madre Patria?

1. ¿Se han o se están cualquierizando las tres Academias dominicanas?

Estas consideraciones intemperadas e intempestivas tuvieron como estímulo inicial la noticia llegádame por un periódico de que recientemente  en la ADL hubo admisiones y propuestas de admisiones.

Pero antes de seguir pergeñando estas líneas aclaro que lo hago en el más estricto sentido deportivo de la vida y la cultura, como lo propugnaba José Ortega y Gasset (prólogo al libro del Conde de Yebes: «20 años de caza mayor»).

Yo no soy lingüista ni escritor – en el sentido que usualmente se le confiere a ese vocablo – ni mucho menos miembro de la ADL, pero eso no es ni obstáculo ni óbice para tener licencia para poder opinar deportivamente, sin vínculos ni compromisos con algo o alguien, acerca del cuestionado tema en cuestión.

He leído que el economista, educador y autor de un libro de cuentos Dennis Simó, quien es también Rector de la Universidad APEC, fue admitido como miembro pleno o titular. Como tal el señor Simó es el superior jerárquico de la señora Irene Pérez Guerra, funcionaria de la APEC, quien fue la persona que hizo originariamente la propuesta de admisión, algo que habrá sido del agrado de su jefe.

Por otro lado, he sido enterado de que también se hizo la propuesta de admisión de un impresor radicado en San Pedro de Macorís. Yo sé de una Academia que se ha cualquierizado por medio del sabotaje de las condiciones estatutarias para ser admitido como miembro regular (no se debe decir «miembro de número» porque en esa Academia no se eligen los miembros por vacantes, sino por lo que haya en el panorama político-social) y todo eso con postreras intenciones electorales de su Presidente.

O que se ha tratado de reactivar, y de hecho se han reactivado, como miembros «cadáveres de ficheros», expresión esta que designa la membresía pro-forma en una institución sin participar, empero, de la vida de ésta, o sea, se trata de una membresía ficticia que consiste en que la persona en cuestión figura simplemente en el fichero o en el listado como miembro.

¿Cuál es el porcentaje de cadáveres de ficheros que hay en las Academias dominicanas? ¿Responde la muy arraigada práctica de mantener la apariencia de ser una institución viva con cadáveres de fichero como zapata de soporte arquitectónico a una muy dominicana tradición?

¿O se trata de una tradición hispánica, o más aún, latina?

Se me dijo también en ese contexto que una Academia le había ofrecido membresía a una periodista que escribe amenamente de cosas pasadas y también a un intelectual y analista de cosas pasadas y presentes, sin que se les conozcan publicaciones con suficiente calidad científica (en ambos casos) para ingresar a una Academia. Mi denuncia se basa en el entendido de que respetamos la imagen de una academia científica como se la respeta en las latitudes de donde proviene la concepción y práctica de academias científicas.

¿Quién califica para ser miembro de una academia científica, ya sea de la lengua, de la historia o de las demás disciplinas científicas?

¿Quién debería ser miembro de la Academia Dominicana de la Lengua?

¿Sólo escritores o sólo lingüistas?

¿Si nos atenemos a los lingüistas del rango de Carlisle González Tapia, uno de los mejores del país junto con Rafael Núñez Cedeño, califican los escritores que ya están dentro?

¿Por qué el cuidadoso y diplomático Federico Henríquez, el silencioso Matos Moquete no opinan en público al respecto?

¿Qué piensan el tímido Juan José y el orgulloso Marcio?

¿Y los demás, que piensan?