Caamaño

Caamaño

RAMÓN BONA RIVERA
Francisco Caamañó Deñó tenía una visión política muy corta. No veía más allá del círculo revolucionario que le rodeaba. Por eso creyó que tras su desembarco guerrillero todo el pueblo dominicano se levantaría en armas para apoyarlos. Así, tras su salida al exilio a ocupar un cargo diplomático en Londres, en enero de 1966, Caamaño daba por seguro que el profesor Juan Bosch ganaría arrolladoramente las elecciones, y entonces él, Caamaño, retornaría al país aclamado como el líder de la revolución de abril.

Bosch ganó las primeras elecciones celebradas en el país después de la muerte de Trujillo. En dicha contienda electoral contra Unión Cívica Nacional, el profesor Bosch, prácticamente un desconocido para el pueblo, obtuvo una mayoría abrumadora de 628 mil votos, equivalentes al 59.5% del total de los sufragios, frente a apenas 317 mil votos alcanzados por la UCN.

Bosch había regresado al país en octubre de 1961, tras veinticuatro años de exilio desde 1937.

Para que el profesor Bosch pudiera participar en las elecciones, el presidente Balaguer envió al Congreso una modificación a la Carta Magna, el 6 de diciembre de 1961, mediante la cual se suprimía la exigencia constitucional de que para ser presidente de la República se requería haber residido en el país los cinco años inmediatamente anteriores a la elección. Esta modificación constitucional finalmente fue realizada por el Consejo de Estado el 16 de septiembre de 1962.

Y así, sólo catorce meses después de su regreso, el 20 de diciembre de 1962 Bosch ganaba las elecciones.

Fue el voto conservador y trujillista el que le dio el triunfo a Bosch, en rechazo a las prédicas enarboladas por Unión Cívica Nacional que amenazaba con destrujillizar el país con un “látigo de siete suelas”, y en apoyo a las consignas conciliadoras de Juan Bosch de “borrón y cuenta nueva”. Y fue sin dudas, también, el respaldo sutil y eficiente de Balaguer.

Ese voto trujillista y conservador que había dado el triunfo a Bosch en 1962, fue el mismo voto que inclinó sus preferencias hacia Balaguer en 1966. Ese voto oculto, silente, es lo que explica que en la zona de intramuros, escenario geográfico de la revolución constitucionalista, en algunas mesas electorales en donde el Partido Reformista ni siquiera tenía delegados por temor a alguna agresión, se dio allí el fenómeno paradójico de que Balaguer obtuvo más votos que Bosch.

Balaguer ganó las elecciones al obtener 760 mil votos, equivalentes al 56.5% del universo de los votos, frente a 495 mil votos del Partido Revolucionario Dominicano. El discreto pero efectivo voto conservador dirigía todo el peso de su respaldo hacia Joaquín Balaguer, ante los riesgos de inestabilidad y violencia que pudiera implicar el retorno de Bosch al poder.

Mientras Balaguer se mercadeaba a lo largo de todo el país como el candidato de la paz, Bosch se recluía denunciando peligros permanentes contra su vida –peligros que eran reales por los odios generados por la guerra– a la vez que empleaba una prédica altisonante, similar a la que llevó a los cívicos a la derrota en 1962, llegando incluso a invitar a que fueran a votar por él “con piedras y palos en las manos”.

Como sicólogo social que era, Bosch no podía ignorar cual sería la reacción de rechazo que produciría en el electorado conservador esa violencia verbal y la incertidumbre que generaba su candidatura.

Así que cuando Bosch perdió las elecciones y Balaguer “fue impuesto en el poder por la bota imperialista”, el coronel Caamaño sufrió un grave desconcierto.

Caamaño había estado siendo abordado insistentemente por los distintos grupos de izquierda que anhelaban influenciarlo y finalmente conquistar su figura. Esto se venía efectuando desde los días mismos en que el coronel de abril encabezaba del bando militar constitucionalista, pero una vez en Londres esto se profundizó mucho más.

De esa manera, ya en Londres, casi todas las informaciones que Caamaño recibía venían sesgadas por el interés políticos de esos grupos. Y muy pronto se vio totalmente cercado por ese anillo y sometido a un intenso asedio ideológico que produjo una rápida transformación en su pensamiento. Lo convencieron, y se convenció el mismo, de que tras el “triunfo fraudulento” de Balaguer la única respuesta posible era la lucha armada.

En octubre de 1967, con la ayuda de agentes secretos de la Dirección General de Inteligencia cubana (DGI), Caamaño desapareció. Entró a un bar en París, y en el baño se disfrazó haciendo irreconocible su aspecto. Entonces lo condujeron por tren hasta Checoslovaquia desde donde voló a La Habana.

Pocos meses más tarde, a principios de 1969, el jefe de la DGI cubana en París, Orlando Castro, desertó abiertamente y con su familia se fue a Estados Unidos. Es obvio que desde mucho tiempo antes este funcionario estaba suministrando información, y como él había sido el jefe del operativo del viaje de Caamaño a Cuba, para nadie era un secreto entonces, desde su misma desaparición, en dónde era que se encontraba Caamaño.

En los pasillos de la UASD, durante los años 68 y 69, el comentario obligado entre los grupos de izquierda era que Caamaño se encontraba en Cuba, hasta que por manido dejó de mencionarse. Hamlet Hermann, que para la época era el director del Colegio Universitario, tiene que haberlo oído cientos de veces.

Caamaño permaneció más de cinco años en Cuba y en todo ese tiempo confrontó enormes dificultades para reclutar la fuerza guerrillera. En su mejor momento, apenas habían entrenándose poco más de treinta hombres, algunos de los cuales incluso eran analfabetos, y hubo que implementar secciones de alfabetización elemental para ellos. Dice Hamlet Hermann que a su llegada al campamento de Caamaño en Cuba en 1970, donde él esperaba encontrar cientos de hombres, grande fue su sorpresa cuando solo vio allí alrededor de una docena.

En Santo Domingo se estructuraban los comandos clandestinos de la resistencia, bajo el mando de Amaury German Aristy. Esta sería la guerrilla urbana que respaldaría la invasión de Caamaño. Como tarea previa, estos cometieron diversos asaltos y atracos a sucursales bancarias, comercios en general y agencias gubernamentales, para procurar el dinero que financiaría las operaciones.

Caamaño pensaba que el profesor Juan Bosch y el PRD respaldarían su proyecto, pero muy pronto se dio cuenta de que no sería así.

Señala Claudio Caamaño que poco antes del desembarco guerrillero el coronel Caamaño reunió a sus hombres y les dijo “que él entendía que como individuo, como persona, el enemigo más poderoso que teníamos para llevar a cabo nuestra lucha por la libertad, la soberanía y los derechos de nuestro pueblo, hoy por hoy no es Balaguer, sino Juan Bosch. Que Balaguer era el enemigo que todo el mundo conoce y Bosch el enemigo que nadie conoce”.

Finalmente, el jueves 2 de febrero de 1973, por playa Caracoles, desembarcó el coronel Caamaño con una escuadra guerrillera de nueve hombres. Dos semanas más tarde el foco había sido silenciado.

Mientras tanto, la República Dominicana asistía al mayor proceso de crecimiento económico y ascenso social experimentado en toda su historia.

Caamaño vino a derrocar un gobierno legítimo y constitucional. No contó para ello con el apoyo de sus compañeros de armas que en 1965 se habían levantado gloriosamente en respaldo de la constitucionalidad.