Buscando el equilibrio

Buscando el equilibrio

POR MU-KIEN ADRIANA SANG
Había algo indefinido pero completo en sí mismo,
nacido antes del Cielo-y-Tierra.
Silencioso e ilimitado, único e inmutable, 
aunque impregnándolo todo sin excepción,
puede considerarse como la Madre del mundo.
No conozco su nombre;
lo denomino “Tao”;
y, a falta de mejor palabra, lo llamo “Lo Grande”.

Uno de esos días, un estudiante inquieto me preguntó si amaba la naturaleza. Respondí afirmativamente, le dije ¡Claro que sí!. ¿Por qué? Siguió indagando el inquieto joven. Porque la naturaleza es el espacio maravilloso donde puedo encontrar la paz necesaria para seguir el día, le respondí.

Inconforme de mi respuesta, siguió indagando. Me preguntó si detrás de esa afirmación mía había un trasfondo filosófico. Seguí contestando a mi insistente interlocutor. Le dije que había aprendido a amar la naturaleza y su significado cuando descubrí el mundo oriental y su filosofía, especialmente el taoísmo. Le dije, como aprendiz de taoísta, soy amante de la naturaleza. Seguí mi reflexión diciéndole que algo que había aprendido leyendo a Lin Yutang, el  río, las montañas y el mar me sacuden los sentidos. Los taoístas dicen que la vida es como el río, que comienza siempre en un lugar, la montaña, y termina siempre en el mismo sitio que es el mar, y en ese lapso y en ese transcurso donde va de la montaña al mar, ese río va atravesando llanuras, va cruzándose  por piedras, va desviándose en algunos lugares para evitar maltratarse, entonces va haciendo curvaturas, de esa misma manera es la vida y nosotros cada día somos como el río, que aunque sabemos que vamos río abajo, a veces tenemos que pasar por piedras, evitar algunos lugares y hacer curvaturas; y por eso creo en la naturaleza como un espacio vital para nosotros reencontrarnos con el espíritu mismo con la misma manera de amar lo que nos rodea para lograr la paz espiritual.

Después de un día agotador, decidí aplicarme mi propia fórmula. Me distraje con las nubes, con las palmeras que jugaban con el viento, con  el sol inclemente que exacerbaba los sentidos, y entonces, mirando la vida desde ese ángulo, olvidé el agotamiento del día, las presiones, los trabajos inconclusos…para sentirme de nuevo viva y agradecer a Dios de este regalo.

Según el taoísmo, el cuerpo humano es un universo en miniatura que debe mantenerse en completa armonía con la naturaleza. Para los chinos, esta relación es simplemente el complemento de polos opuestos, es decir, el  yin  y el yang, que significan literalmente los lados de la colina, sombría por un lado e iluminada por el otro. El yin y el yang constituyen partes esenciales de todas las filosofías orientales, que consideran que en los elementos opuestos y, a la vez  complementarios, es que está la esencia de la naturaleza.

Como dice la Enciclopedia de las religiones, refiriéndose a estos conceptos. En el  yin predomina en todo lo que es oscuro, umbrío, frío, mojado, menguante, encorvado, terrestre, femenino. El yang por el contrario, es luminoso, caliente, seco, creciente, obstinado, agresivo y celestial.

Lamentablemente, nuestra sociedad occidental ha golpeado insistentemente a la naturaleza, la ha herido de muerte, solo por el vil dinero, olvidando que sin este espacio vital nuestra vida no significa nada.

Amigo lector, ama el llanto de la lluvia, y trata de buscar en ella paz y reposo a los días de tedio, cansancio y preocupaciones. El cielo, cuando llueve, llora por tus penas.  Disfruta del sol ardiente, regalo maravilloso de nuestro sistema planetario, para encontrar en sus rayos la vitalidad necesaria de seguir caminando. Apóyate en el viento, deja que con su fuerza se alejen tus dudas y tristezas.  Seamos como el agua del río que camina sin cesar, a sabiendas de los obstáculos, porque sabe que llegará, sin duda alguna, al mar en calma que lo espera.

“…. el dao [tao] es wu ming (no tiene nombre) y wu xing (no tiene forma); lo que tiene forma (you xing) y por tanto puede tener un nombre (you ming) son las cosas concretas limitadas. El dao, aunque sin forma y sin nombre, es la raíz de todas las cosas con forma y con nombre. Por eso dice [Ren] que el dao también es you”.