Brasil disfruta el dulce éxito del potencial de su azúcar

Brasil disfruta el dulce éxito del potencial de su azúcar

Por Jonathan Wheatley
En la oficina principal de Dedini, en Piracicaba, en el estado de São Paulo, José Francisco Davos, director de desarrollo de negocios, encontró 40 minutos para conversar entre las visitas de do delegaciones extranjeras, una de Estados Unidos, la otra de Sudán.

Los visitantes de hoy son clientes y clientes potenciales, que vinieron a ver la tecnología que ha hecho de Dedini el suplidor principal de equipos para las fábricas de alcohol y azúcar en Brasil.

El auge del etanol en Brasil solo están comenzando. Los optimistas hablan del país como una Arabia Saudita verde, cuya combinación de tierra, clima y tecnología podría convertirlo en el mayor productor de un bio-etanol eficiente.

El país producirá cerca de 4,6 millardos de galones de etanol a partir de la cosecha actual, empleando la mitad de los 16 millones de hectáreas de tierra sembrada de caña de azúcar. Estados Unidos produce 4,9 millardos de etanol a partir de unos 78 millones de hectáreas sembradas de maíz, pero, mientras la tierra en EEUU es escasa, Brasil tiene un espacio enorme para expandirse.

De sus 790 millones de hectáreas de tierra cultivable, 440 millones se utilizan para pastoreo, 150 millones en cultivos como la soya, y 200 millones están ociosas, de acuerdo con Marcos Jank, un especialista en el comercio agrícola designado este mes par dirigir UNICA, la asociación de la industria del azúcar y el etanol. 

Si usted conduce 300 kilómetros hacia el interior del estado de São Paulo, desde Paracicaiba -a través de un territorio ondulado, con frecuencia cubierto desde un extremos al otro del horizonte de un mar verde de caña de azúcar- usted llegará a Catanduva, donde Usina Cerradinho, una planta productora de azúcar y etanol propiedad de una familia, está trabajando a plena capacidad. Este año, la cosecha empezó la primera semana de abril, más temprano de lo habitual porque el central tendrá que trabajar continuamente hasta octubre para cumplir con los contratos.

El año pasado, la compañía, ahora en su segunda generación abrió su segunda planta cerca de 100 km siguiendo el camino. “Eso fue antes de todo este alboroto con el etanol”, dice José Fernández Rio, el gerente administrativo. Ahora se está preparando para invertir US$180 millones en una tercera planta en la frontera del estado, en Goiás, con el financiamiento de BNDES, el banco de desarrollo del gobierno de Brasil.

Nuevos inversionistas, como Noble Group, de Singapur, y el grupo privado de acciones de EEUU, Infinity Capital están llegando como una corriente continua. Compañías cotizadas brasileñas, como COFAN, han atraído a los inversionistas de acciones privadas, principalmente de EEUU. Si los estimados de UNICA están en lo cierto, los inversionistas construirán una nueva planta de azúcar y alcohol en Brasil todo los meses, durante los próximos seis años; proyectos que ya están en marcha, dice, absorberán cerca de US$15 millardos.

Dedini, el fabricante de los centrales, está operando al 75% de su capacidad y tiene 18 proyectos en sus libros. Las ventas han crecido de manera sostenida entre 20%-30% durante los últimos cinco años y llegarán a R$1,8 millardos este año. Mientras que los mercados de exportación se van abriendo, 80% de las ventas con en Brasil.

Antiguamente, los extranjeros se habían quemado las manos en el sector agrícola de Brasil comprando a los agricultores locales, para descubrir demasiado tarde que el conocimiento local y la experiencia son esenciales para el éxito.

Muchos de los recién llegados parecen estar mejor preparados. Clean Energy Brazil, del Reino Unido, por ejemplo, tuvo el cuidado de incluir productores brasileños experimentados con los inversionistas internacionales y los suplidores de servicios de materias primas.

Persisten interrogantes sobre si la inversión está garantizada. El mercado inmobiliario de Brasil promete una demanda sostenida, puesto que la tecnología desarrollada localmente del “flex fuel” significa que más del 90% de los nuevos vehículos funcionan con etanol, gasolina, o una mezcla de ambos.

Sin embargo, deberán producirse muchos cambios en los mercados desarrollados antes de que la imagen de una Arabia Saudita verde se convierta en realidad. “Muchos de los inversionistas van a dar con una sorpresa desagradable”, dice un consultor en São Paulo, que atiende el área.

Todavía hay incertidumbre en cuanto a qué cuotas de biocombustibles –si es que la hay-     se van a instituir en algunos mercados potencialmente significativos, como Japón.

Además, la tarifa para el etanol establecida en EEUU a 54 centavos por galón significa que el mayor mercado potencial de exportación de Brasil está prácticamente fuera de alcance.

Jeb Bush, el hermano del presidente George W. Bush, y presidente de la Comisión Inter-americana de Etanol admitió que la tarifa “bloquea” el desarrollo de un mercado de etanol en la región.
VERSIÓN AL ESPAÑOL IVÁN PÉREZ CARRIÓN