Ayudar a otro a morir, ¿un acto de amor?

Ayudar a otro a morir, ¿un acto de amor?

POR MARGARITA QUIROZ
Cuando una enfermedad como el cáncer progresa hasta llegar a la fase terminal, la persona afectada presenta síntomas de dolor que pueden ser intensos y débiles y que a la vez provocan un sufrimiento importante que altera su calidad de vida y la de su familia.

Cirugía, quimioterapia, radioterapia, hormonoterapia, en fin… Cada día las  esperanzas de vida se extinguen y lo que resta es esperar.

La familia por lo general trata de ocultarle la enfermedad, mientras el enfermo, pese a su desgaste físico y emocional, se apega a la vida.

Ante tal panorama ¿Qué se recomienda hacer? La medicina del dolor  plantea que lo idóneo es  “ayudar a morir a la persona agonizante”. Sí, así como lo lee.

A entender de la psicóloga y terapeuta chilena Magdalena Figueroa, cuando una persona está aquejada de una enfermedad terminal es mucho lo que se debe hacer desde la óptica emocional y espiritual.

A través de la medicina del dolor, a base de cuidados paliativos, se cuida al enfermo y se trata el dolor y otros síntomas que alteran su calidad de vida y la de su familia. Se facilita el apoyo emocional, se promueve el bienestar y se mejora la calidad de vida.

Los cuidados paliativos persiguen disminuir el sufrimiento del enfermo y de su familia, mejorar la calidad de vida de ambas partes, fomentar la autonomía del enfermo, potenciar la participación activa de la familia haciéndola sentir útil y dándole recursos para hacer frente y controlar situaciones difíciles que pueden presentarse y ayudar a los familiares a elaborar su duelo antes y después del fallecimiento del ser querido.

Los cuidados paliativos son un concepto moderno de atención al paciente que incluye a profesionales de la salud y a voluntarios que proporcionan apoyo médico, psicológico y espiritual a enfermos terminales y a sus seres queridos.

Una de las metas principales de estos cuidados es el control del dolor y de otros síntomas para que el paciente pueda permanecer lo más alerta y cómodo posible. Los servicios de cuidados paliativos están disponibles para personas que ya no pueden beneficiarse de los tratamientos curativos; el paciente típico de estos cuidados tiene un pronóstico de vida de seis meses o menos.

De acuerdo a Figueroa, las familias de los pacientes son también un enfoque importante de los cuidados paliativos y los servicios están diseñados para proporcionarles la asistencia y el apoyo que necesitan.

“Ayudar a morir a las personas”, filosofía que se desprende de los denominados cuidados paliativos, plantea que el ser humano que atraviesa esta situación no tiene por qué sufrir dolor ya que “su dignidad se maltrata”.

La medicina del dolor surge hace unos 15 años en Francia e Inglaterra y desde entonces forma parte importante dentro del equipo médico multidisciplinario que en momentos como estos asiste al paciente.

Antes de comenzar esta terapia lo primero que se debe hacer para facilitar el tránsito del paciente de la vida a la muerte es eliminar el dolor a través del suministro de medicamentos. Luego, el psicólogo  comienza la sesión y “prepara a la persona para morir”.

¿CÓMO SE PREPARA A UN ENFERMO TERMINAL PARA QUE MUERA?

Primeramente, dice la especialista, “ayudar a otro a morir” es un acto de amor. Por tal razón, es importante que el paciente muera en su hogar, lejos del ambiente hospitalario.

Según la experta, con más de 12 años de experiencia en el tema, cuando el enfermo y la familia aceptan la muerte, esto facilita grandemente el proceso.

La terapia se basa principalmente en conversaciones reflexivas y positivas, tomando en cuenta que un paciente, que atraviese por esta situación, tiende a ponerse agresivo y depresivo.

Una vez el paciente acepte que va a morir hay cosas positivas que se pueden hacer como: arreglar situaciones inconclusas, tratar de perdonar y ser perdonado, repartir una herencia, hacer un testamento o legalizar documentos. “Yo personalmente le pongo mucho énfasis al perdonar a la gente que nos han hecho daño, aunque sea mentalmente o con un llamado telefónico y a la vez hacerse perdonar o reparar el daño que uno ha hecho para no dar ese paso tan trascendental que es la muerte, lleno de culpa”, dice.

La familia también debe de estar preparada para aceptar la muerte y debe “permitir que el pariente muera”. Nunca ocultarle la enfermedad.

Un enfermo terminal siempre escucha y siente, entonces los familiares deben aunarse para tocarle y hablarle de temas positivos. Cuando estas personas reciben este tipo de cuidado por lo general mueren en paz.

Es un error decirle “no quiero que te mueras”, “Si tú te mueres me quedaré solo o sola en el mundo”, “por favor no te vayas”, “si te mueres yo también moriré”, estas son frases que en lugar de ayudar al enfermo a morir en paz, contribuyen a prolongar su agonía desencadenando una muerte agónica.

Por el contrario, al paciente se le debe hablar la verdad, aunque “a priori” se escuche cruel, él tiene derecho a conocer qué está pasando con su cuerpo y a cuáles tratamientos médicos será sometido.