¿Aún arde el Mississippi?

¿Aún arde el Mississippi?

¿Recuerda usted la película Mississippi Burning?  Título traducido al español “Arde el Mississippi”. Dos detectives del Buró Federal de Investigaciones (FBI) investigan la muerte de un ciudadano asesinado, básicamente, por el  color de su piel.

Eso ocurre en el sureste de los Estados Unidos, en esos estados donde los esclavos fueron usados como fuerza de trabajo para sembrar, cosechar, soportar abusos y morir.

Hay que ver  cómo una comunidad oculta y pelea por mantener el secreto de un asesinato, actuando bajo el terror y el odio más radical.

Estados Unidos es una sociedad donde hay tanto de todo que también hay quienes viven en una burbuja, aislados de la realidad circundante, de espaldas a la vida.

Esa gente, cuyos ancestros fueron capaces de huir de los abusos antirreligiosos de Europa en busca de la libertad, se volvió rápidamente  contra su origen y creencias y cometieron toda suerte de abusos contra otros seres humanos a quienes les negaron el derecho a la vida.

Estados Unidos creció y se desarrolló bajo concepciones filosóficas tan contradictorias como su pregonado amor a la libertad y a la igualdad, mientras  la economía de toda una región se basaba en la explotación del hombre por el hombre bajo la abyecta forma de la esclavitud.

El ejercicio de la moral victoriana, practicada de manera selectiva, ha provocado confusión, atraso y apego a formas absurdas y negadoras de la libertad.

Esa moral de refajo sucio que sale debajo de la falda, no condenó a Ted Kennedy por dejar ahogar a su acompañante cuando tuvieron un accidente automovilístico.

Recuerdo cuando Gary Hart, un aspirante presidencial demócrata con muchas posibilidades, fue torpedeado en la santabárbara con la  publicación de una foto de una hermosa modelo sentada en sus piernas; no era su esposa. La hipocresía pegó el grito en el cielo y el hombre abandonó la carrera en busca de la Presidencia. 

Años después William Jefferson (Bill) Clinton, en pleno ejercicio presidencial,   eyaculó en la boca de una jovencita, en plena Casa Blanca, hubo un gran escándalo y al final le echaron agua al vino.

Al general Eisenhower no le cuestionaron la “enfermera” que, durante la segunda guerra mundial, lo acompañaba hasta la cama.

A Richard Nixon le perdonaron la vagabundería de Watergate.

Bush hijo llegó al poder por una discutible decisión de la Suprema Corte de Justicia y gobernó dos períodos.

Ahora acusan de acoso sexual a un niño norteamericano que dijo que la maestra era bonita, que estaba buena.

¿Le metió la mano por debajo de la falda? ¡No¡ ¿Cuál es el pecado, quién no confundió los sentimientos de niño y se enamoró de la maestra?

Pobre niño negro de las Carolinas.

¡Caramba¡ la historia continúa.