Atuendos de gobernantes

Atuendos de gobernantes

UBI RIVAS
Fue al final de los años 40 de la centuria anterior cuando los presidentes de Cuba, Ramón Grau San Martín y Carlos Prío Socarrás pusieron de moda y estrenaron que los gobernantes vistieran la famosa chacabana cubana como atuendo diario de vestir. Consistió en una certera como lógica decisión en el vestir para un país tropical, con diez meses de mucho calor y apenas dos meses, noviembre y diciembre, con temperaturas reducidas por debajo de los 25 grados centígrados y el resto sobre 30.

En el continente africano, fue muy recurrente en la década de los 50 de la centuria pasada advertir como los gobernantes de los nuevos países que surgían al concierto de las naciones luego de culminada la II Guerra Mundial, recibían a los gobernantes visitantes de otros continentes, a la reina Isabel II de Gran Bretaña, entre éstos, en safaris o chamarras, prendas de vestir adecuada al tórrido clima africano.

En nuestro país, el vestir riguroso fue siempre una constancia en los gobernantes, tanto del siglo antepasado, el pasado y no tanto ya en el actual, y recordamos cómo en la Era de Trujillo, el generalísimo, perínclito y benemérito vestía de riguroso chaqué, con sombrero alto y bastón, y así los integrantes de su gabinete, algo desproporcionado para un riguroso clima como el nuestro.

Es a partir del primer Consejo de Estado que presidió el doctor Joaquín Balaguer y en el segundo que presidió el licenciado Rafael F. Bonelly, cuando empezó a aligerarse el atuendo de los gobernantes con un traje formal, más claro que oscuro.

Ha sido el ex-presidente Hipólito Mejía el primer gobernante que en 161 años de vida republicana modificó a niveles reprochables el vestir en los jefes de Estado, acudiendo a la Casa de Gobierno en camisa con manga mocha, y en esa facha se apersonó a conmemorar, en 2003, el acta de nacimiento de la República, el 6 de noviembre, en San Cristóbal, mientras inauguraba ese año el campeonato de béisbol en traje formal.

El presidente Leonel Fernández, una persona que se maneja con extrema prudencia y gran formalidad tanto en el vestir como en su trato respetuoso para con todos, no una pose como algunos insinúan, sino como una manera muy suya de ser, como su innata timidez, viste en forma impecable, dentro y fuera del poder, una constancia suya, como su pasión por los libros y su indomable asiduidad de melómano.

En ocasión de inaugurar el proyecto Barrio Seguro, en Capotillo, el presidente Fernández vistió traje sin corbata, lo propio el titular de Interior y Policía, doctor Franklyn Almeyda Rancier, mientras el secretario general del PLD, Danilo Medina, viste jacket y el procurador general de la República, licenciado Francisco Domínguez Brito, pantalón vaquero y camisa remangada.

Ese mismo día, en otra gráfica aparece el premier cubano Fidel Castro, que ha estilizado la chamarra como asiduidad de su atuendo, como su luenga barba, esta vez en formal traje oscuro, recibiendo al presidente de Panamá, Martín Torrijos, que vistió chacabana mangas largas y el presidente de Venezuela, comandante Hugo Chávez, en traje oscuro formal.

El presidente norteamericano George Bush jr. viste siempre traje formal, que abandona, empero, cuando vacaciona en su rancho texano de Crawford, en que viste camisa manga mocha o traje sin corbata.

Nuestro medio, tropical, exige ligereza y frescor en el vestir, y se viste bien, tanto un gobernante, ejecutivo como ciudadano común, en chacabana, algunas de hasta $5 mil, o safaris que confeccionan cotizados modistos.