Atolladero en Iraq

Atolladero en Iraq

El acto de «traspaso» de poder que se efectuó el 28 de junio último en Bagdad, capital de Iraq, es un símil del acontecido en Vietnam con el títere Nguyen Van Thieu, un intento fútil de indigenizar tanto uno como otro conflicto, tras Estados Unidos invadir a uno y otro país sin ningún argumento convincente.
La vietnamización de la guerra de agresión que Estados Unidos implementó en Vietnam, la concepción mefistofélica del entonces secretario de Defensa, Robert S. MacNamara de las «aldeas estratégicas», concretizado en aislar al pueblo vietnamina del Vietcong, resultó un imposible y un fiasco que condujo al desastre el 25-04-75 cuando el Vietcong asaltó a Saigón, hoy Ciudad Ho Chi-ming y obligó a poner los pies en polvorosa, única vez en la historia, al ejército más poderoso que conoce la humanidad en todas su historia.
Idéntico acontecerá en Iraq, donde la violencia, la guerra de guerrillas, de sorpresa, la explosión de vehículos-bombas, no amainarán ni podrán impedir nunca los 138/soldados invasores que Estados Unidos y la llamada «coalición» mantienen en Iraq para el imposible de doblegar la voluntad de los iraquíes.
Cuando el gobernador de Iraq, Paul Bremer, impuesto por el imperio, «traspasó» al poder, apoyado por la fuerza interventora, al quisling Iyad Allawi, como Primer Ministro y a Ghazi al Yawar, «presidente», en realidad accionaba una cuenta regresiva para el asesinato de estos dos títeres, y empecemos a contar.
Allawi está marcado por la coherente oposición iraquí a la presencia de tropas extranjeras interventoras, no solamente por prestarse a una opera bufa, sino por el prontuario de su trajinar político, que lo vincula a la tenebrosa Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense desde 1996 en que participó en un fracasado intento de derrocar el presidente Saddan Hussein.
Sobreviviendo milagrosamente de un atentado para darle muerte el 04-02-78 en Londres en que su atacante lo hirió de muerte a hachazos, un arma de uso muy generalizado en el mundo árabe, como las dagas, Allawi, médico cirujano, 58 años, prácticamente ha cerrado el círculo de su actividad política al sucumbir a los halagos del presidente George Bush jr. en la gestión que culminará con su existencia.
Bush jr. entendió que con adelantar dos días el «traspaso» de las autoridades norteamericanas a las iraquíes, obtendría la confianza y la unidad del pueblo iraquí, soliviantado por la afrenta de la invasión y los abominables hechos de torturas en la prisión de Abu Ghraib, difundidos en todo el mundo y consternando la conciencia de la humanidad.
Además, Bush jr. unió a ese pensar, que traduciría un impacto positivo con miras al dos de noviembre del presente año, en que se efectuarán elecciones para presidente y vicepresidente de su país y en las cuales él intentará el imposible de reelegirse, con una economía norteamericana estancada y con 1.4 millones de desempleados en la Era Bush jr. de un total de 2.7 millones iniciales.
Nisiquiera en el diminuto Haití, las fuerzas interventoras del imperio han logrado desarmar a la población, mucho menos en Iraq, un país con 432 mil kilómetros cuadrados, totalmente desértico, donde la temperatura diurna trepa a los 50 grados centígrados y desciende por las noches a menos de 15, catastrófico para los forasteros.
La aventura interventora de Bush jr. concluirá en un fiasco colosal y en uno de los motivos principales que conducirán a los norteamericanos a rechazarle el dos de noviembre de manera apabullante, una afenta suya como también mentirle a su país, tolerar la tortura, el pésimo desempeño en la economía, y que añadido a la forma suspicaz como ascendió al poder, lo distanciarán para siempre de merecer esculpir su efigie en el monte Rushmore junto a los Padres Fundadores de los Estados Unidos.