Aspectos sanitarios de las inundaciones

Aspectos sanitarios de las inundaciones

Nuestra condición de país caribeño nos produce, como en todo, cosas buenas y cosas malas. Entre las buenas podríamos citar el eterno clima veraniego, el cual hace de las playas un sitio ideal para cualquier época del año. De igual manera citaríamos una fauna donde no se conoce ni de serpientes venenosas, ni tampoco de las temibles fieras. La flora es variada y refrescante, un verdadero encanto de la naturaleza. Por otro lado, periódicamente nos vemos amenazados por ciclones, ocasionales terremotos, sequías, así como por tiempos de lluvias torrenciales.

En esta ocasión hemos de referirnos a la temporada en donde los constantes y prolongados aguaceros derivan en altas crecidas de los ríos, arroyos y cañadas cuya consecuencia son los desbordamientos, derrumbes, interrupción de las vías de comunicación, caídas de árboles, ahogamiento de animales, daños a los sembrados, destrucción de viviendas y lo más lamentable de todo, que son las pérdidas de vidas humanas. La presencia de asientos familiares cercanos a las riberas de los ríos, conjuntamente con la ubicación de las viviendas en sitios bajos constituye un continuo peligro para dicha población. Es muy común que las casas construidas en tales zonas sean de pobre calidad y sin las garantías mínimas de seguridad arquitectónica.

Desde mediado del siglo pasado se tiene a nivel mundial una inmensa cantidad de datos acerca de los efectos de los desbordes de ríos alrededor de áreas densamente pobladas. Es impresionante la experiencia recogida en el Brasil, la República Popular China, Bangla Desh y hasta la cercana isla de Puerto Rico. Vale la pena resaltar el hecho de que los Estados Unidos con una población mayor a los 280 millones de habitantes y con más de viente mil ciudades propensas a este tipo de desastres solamente registran una mortalidad anual entre 46 y 146 personas. Su antípoda Bangla Desh tiene unos 138 millones de personas y su mortalidad anual por esta misma causa es de 15,000. Una mortalidad anual intermedia de unos mil individuos se reportan en la China continental cuya población actual se estima en casi 1300 millones de habitantes.

El ahogamiento es la causa de muerte más frecuente durante la primera fase de la inundación. Luego de amainada la precipitación surge la potencialidad de las epidemias para cuya prevención tienen que estar debidamente preparadas las autoridades de salud pública. Se trata de las enfermedades transmitidas por el agua, los alimentos y los vectores propagadores de las infecciones endémicas. En el caso de la República Dominicana estamos hablando mayormente de las diarreas bacterianas, la hepatitis, la leptospirosis, el dengue y el paludismo. Ello sin menospreciar las intoxicaciones por agroquímicos arrastrados por las corrientes.

Tarea número en la prevención de epidemias lo será la activación de la vigilancia epidemiológica a su máxima capacidad de 24 horas en todas las zonas afectadas por el fenómeno atmosférico. Ello implica establecer los sitios de registro y atención de todos los casos febriles, trastornos gastrointestinales y respiratorios. Los lugares de refugio deberán contar con una disposición adecuada de los excretas. Se proveerá de agua potable a las familias; es de rigor asegurar el suministro de alimentos y medicamentos. Hay que garantizar el control de las plagas de mosquitos, moscas, ratas y otras alimañas transmisoras de afecciones infecto-contagiosas. Se requiere vacunar a las personas susceptibles, especialmente a los niños, contra males como son el sarampión, la tos ferina, la difteria, el tétanos y la poliomielitis, entre otras.

No podemos olvidar los trastornos psicosociales que siguen a las inundaciones. Se incluyen el estrés, la ansiedad, la angustia y la depresión, los cuales con frecuencia ameritan de los cuidados facultativos. El abuso del alcohol y de otras substancias psicotrópicas durante y después de los aguaceros contribuye a aumentar la mortalidad y la morbilidad.

Catástrofes como éstas ponen a prueba la capacidad de liderazgo del ministerio de salud para movilizar y articular todos los recursos técnicos, financieros y humanos nacionales e internacionales, a fin de reducir a su mínima expresión, los daños que siempre se producen cuando las aguas se salen de su cauce y nivel normal en los lugares donde vive la gente.