Apoyo a los socorristas

Apoyo a los socorristas

Dentro de poco y  con motivo de Semana Santa, miles de personas se desplazarán a playas y balnearios a disfrutar del asueto.

Debido a este movimiento extraordinario de gente y vehículos, es de rigor emplazar en lugares estratégicos equipos de socorro que se encargarán de atender las contingencias que nunca faltan, debido en gran medida a imprudencias que comete la gente y que dejan como resultado muertes y lesiones.

Pero llama poderosamente la atención el hecho de que una de las mayores dificultades que enfrentan los voluntarios de la Defensa Civil es la intolerancia de la gente, su actitud de ignorar las recomendaciones que les hacen los socorristas para prevenir accidentes y otros percances. Los conductores hacen poco caso a los consejos para que moderen  la velocidad y eviten ingerir bebidas alcohólicas. En las playas pasa igual con muchos bañistas.

Voluntarios de la Defensa Civil que comparecieron como invitados al coloquio La Esquina Joven, de este diario, explicaron sus experiencias al tratar con el público en esas circunstancias. Ellos llaman a acoger sus recomendaciones, pues tienen  propósitos preventivos. Y advierten que someterán a la justicia a los padres de menores de edad que sufran intoxicación alcohólica. Vale la pena acoger los consejos de esta gente que trabaja mientras otros se divierten.

El voto debe ser acto de dignidad

La compra de conciencias ha sido una práctica fomentada por los partidos políticos en perjuicio de la dignidad de la gente, sobre todo los pobres. El “transfuguismo” es una consecuencia de esa escuela, que relaja los principios y valores, y que violenta las preferencias electorales.

Sin embargo, desde todo punto de vista, el voto de cada ciudadano debe ser un acto de dignidad, un ejercicio de conciencia. Las iglesias, entre otros sectores de gran autoridad moral, llaman a no vender el voto ni siquiera bajo el azote del hambre.

La selección de una opción política se parece mucho a un acto de fe. Es decisión intrínseca del individuo que debe tener una significativa carga de conciencia y dignidad. Un voto al que se le haya puesto precio es un acto denigrante. Es como degradar la propia dignidad a cambio de un beneficio material.