Antirreleccionista

Antirreleccionista

[b]Señor director:[/b]

Solicito a usted la publicación de la carta anexa, que dirigí el pasado día 18 al secretario de Estado de Cultura:

«Distinguido poeta y ministro: He transitado este cuatrienio de su gestión al frente de la Secretaría de Estado de Cultura sin sí ni un no desde que pasé a ocupar las funciones de Encargado de Publicaciones de la Biblioteca Nacional «Pedro Henríquez Ureña» y, posteriormente, en marzo de 2001, las de director general.

«Es decir, que he apoyado su gestión al frente de esa cartera por entender que esa flamante Secretaría, creada apenas en el año 2000 necesitaba del concurso de intelectuales competentes a fin de llevar exitosamente a cabo el contenido cabal del Plan Decenal de Cultura y todo lo hecho hasta ahora en el interior con las Casas de Cultura y con los planes académicos de los gestores culturales, la Universidad de las Bellas Artes y la política de publicaciones apoyada por usted para beneficio de estudiantes de todos los niveles, de académicos, así como del público en general.

«Pero la publicación en el periódico Hoy del jueves 13 de mayo de 2004, página 10, de un comunicado titulado «Intelectuales, Artistas, Académicos, Gestores Culturales, y trabajadores de la cultura», en apoyo de la reelección presidencial, en el cual se incluye mi nombre sin que se me consultara, ya que ni siquiera se me convocó a la reunión donde se adoptó esa decisión, me obliga a disentir, por primera vez, de esa práctica a la que, por respeto a mí mismo, no estoy acostumbrado.

«Y no lo estoy porque, al igual que otros intelectuales que fueron incluidos sin que se les consultara y han protestado por esta actitud, en mi caso personal una cosa es apoyar la gestión cultural que usted lleva al frente de la Secretaría y otra es apoyar la reelección. A usted le consta mi posición sobre este tema desde que publicara en 1996 mi libro contra la ideología racista en Santo Domingo. Dos campañas por Peña Gómez. Y todavía más, en un opúsculo titulado «Tres ensayos acerca de la relación entre los intelectuales, el poder y sus instancias, el cual le hice llegar a usted, publicado en agosto de 2003, planteé mi vieja posición en contra de la reelección en estos términos: «Visto y comprobado el hecho, y expuestas las razones que me impulsan a sostener que el ideal de justicia está por encima del ideal de cultura -tal como lo dijo Hostos y lo repitió Pedro Henríquez Ureña-, rechazó la reproducción del patrimonialismo y el clientelismo como los dos procedimientos nefastos que impiden la vigencia de la igualdad de todos ante la ley y, por ende, de la primacía de un Estado de derecho con su corolario de la institucionalización como principio rector deseable para nuestra cultura-sociedad, he convenido en oponerme a la reelección presidencial hasta que la República no se decida a realizar la única revolución posible dentro de nuestro sistema democrático, republicano, civil y representativo: la lucha en contra del patrimonialismo y el clientelismo». (p19).

«Pensé que al remitirle esta posición en torno a la reelección, quedaba usted bien apercibido de la misma, sobre todo cuando, en elecciones anteriores en las que apoyé la candidatura de Peña Gómez, lo hice bajo mi propia responsabilidad. Cuando el doctor Peña Gómez me llamó para que apareciera en la televisión junto a otros intelectuales que apoyaban su candidatura, le reiteré mi apoyo, pero le informé que nunca creí en ese tipo de comparecencia ni en la famosa y gastada firma de comunicados.

«Sigo creyendo que el millón de perredeístas que votaron por su convicción partidaria merece la suerte de la redención de los problemas económicos, sociales y culturales y todavía debe resonarles la consigna del Dr. Peña Gómez sobre lo nefasto de la reelección, la cual tuvo su cuadro más negro bajo Balaguer. Y por la lectura de mi opúsculo sabe usted que soy quijote solitario y que no me asocio a reeleccionismos que contienen en la práctica los mismos procedimientos patrimonialistas y clientelistas de antaño y de nuevo cuño.

«Seguiré defendiendo estos principios que son, los de los millones de desposeídos de la fortuna en este país tan cerca de la corrupción y tan lejos de Dios.

«Con sentimientos de elevada consideración y estima, le saluda muy atentamente»,

Diógenes Céspedes

Escritor