Ante el laurel: prudencia y corrección

Ante el laurel: prudencia y corrección

Al Presidente Medina hay que colocarle el laurel de la victoria por la sigilosa renegociación del contrato con la Barrick; venciendo resistencias poderosas, pronósticos de apóstoles de la sumisión y poses radicalistas. Para abrillantarlo corresponde administrar prudentemente los recursos obtenidos y el favorabilísimo posicionamiento nacional e internacional alcanzado para corregir las profundas anomalías que están afectando nuestra  precaria calidad de vida. A la ciudadanía corresponde seguir al gobierno para racionalizar su utilización, evitando planteamientos absurdos y fomentar expectativas desbordables.

Debemos evitar la repetición de lo sucedido al conquistar el 4% para la educación: exacerbó desbordamientos salariales estimuladores de otros, exponiéndonos a desequilibrios agravadores de nuestras anomalías y precariedades; como  tentaciones ya planteadas de engrosar el barril sin fondo que constituye el sector eléctrico.  Aliviadas las finanzas públicas con el acuerdo,  lo prudente sería eliminar dependencias al endeudamiento para equilibrarlas. Reduciendo la succión de dinero por el gobierno, y la elevada tasa de interés utilizada para atraerlos en perjuicio de la actividad privada, aumentará la inversión directa y financiera vía mecanismos de ahorro y préstamos bancarios, quedando los recursos en manos particulares en lugar de fluir al erario para financiar déficits. Por igual razón, la tasa de interés bajaría, aumentando préstamos, reduciéndose costos.

Así podría iniciarse la principal corrección del presente dominicano: la inadecuada estructura del gasto concentrada, en 92% de recaudaciones, en tres partidas: burocracia, subsidios y servicio a la deuda.

Una corrección imprescindible para que el gasto pueda cumplir su papel dinamizador de la economía,  especialmente en estos momentos de confusos debates escudados en reacciones sociales cuestionadoras de las correcciones a distorsiones financieras y económicas provocadas por políticas populistas.

Inscribiéndonos en el papel activador del gasto público a la economía consideramos que para ser provechoso y sostenible debe dirigirse a fomentar producción de bienes y servicios vía, preferencialmente, infraestructuras; creando simultáneamente puestos de trabajo.

Para ello, el gasto tiene que ser de calidad y equilibrado, en su distribución y financiamiento. Ningún provecho se obtiene pagando una burocracia improductiva, subsidios inhibidores de la capacidad de emprendimiento, encubridores de ineficiencias o de ganancias excesivas.

Los gastos cubiertos con financiamiento terminan condenando los Estados en vorágines y reciclajes de endeudamiento, cuyo servicio restringe la capacidad de los gobiernos para ofrecer los servicios correctores de las precariedades sufridas.

El Presidente Medina, hoy situado en un pináculo de aceptación único dentro del casi medio siglo de experiencia democrática, tiene la oportunidad de emprender la gran y trascendente  corrección a la pésima, deficitaria y corruptible estructura de gasto heredada de su predecesor; cuyas cargas y compromisos fijos e improductivos consumen estérilmente nuestras contribuciones tributarias.