Animación clásica, secuelas tardías y  visitas familiares

<STRONG>Animación clásica, secuelas tardías y  visitas familiares</STRONG>

ANIMACIÓN CLÁSICA
Ya los niños, los niños de ahora, esos a los que no entendemos, consideran que la animación tradicional es cosa de la antigüedad. Ahora ellos buscan la tercera dimensión y disfrutan con los efectos logrados por computadora. No es lo mismo ver “Los increíbles” que “Dumbo”, pongamos el caso.

Jamás pudiera equipararse “La bella durmiente” con “Shrek”.

Antes  de que surgieran todos estos adelantos de la técnica, antes de que los menores coleccionaran los muñecos de “Toy story”, la situación era diferente y una reposición de “Blanca Nieves y los siete enanitos” siempre era bien recibida.

La misma casa Disney, la número uno en estos menesteres, ha tenido que claudicar y negociar.

De no comprar las acciones de Pixar, las cosas podrían ponerse feas.

Solución: Compra de la Pixar.

Pero, antes de que esas negociaciones se llevaran a cabo, había que concluir con una serie de proyectos y uno de los más insólitos era el de la secuela de “Bambi”.

Se ha escrito mucho acerca de la crueldad de los productos Disney de la época clásica, de lo mucho que sufríamos los niños de entonces con sus malévolas brujas y sus maldiciones, de lo terriblemente angustioso que se nos hacía pensar en que Pinocho se encontraba en el vientre de la ballena o en que Cruella De Vil iba a hacerse un abrigo con la piel de los 101 dálmatas.

Es verdad. Todo eso nos ocasionaba auténticas pesadillas, pero ninguna tan vívida y dolorosa como la que significaba la muerte de la mamá de Bambi.

Aquello resultaba demasiado para un niño de una época en la que los orientales no habían inventado el “Manga” y en la que la violencia televisiva resultaba de una ingenuidad absoluta.

Bambi atraía y repelía. Todos los menores queríamos volverla a ver, pero ninguno quería volver a enfrentarse con aquella terrible y dolorosa escena.

No estamos inventando nada. Estamos seguros de que si les preguntan a miles de personas de aquellas generaciones cuál fue uno de los momentos más terribles de su infancia fílmica responderán sin vacilar que aquella secuencia de la historia del cervatillo que, por cierto, decoraba todas las paredes de nuestra habitación.

Bambi parecía haberse quedado atrás pero, como todo es posible en un Hollywood dispuesto a que ninguna película suya se quede sin secuela, he aquí que sesenta y cuatro años más tarde, aparece una continuación de Bambi que, sin lugar a dudas fue el patrón de muchos otros héroes de la casa que crecieron en un mundo salvaje, desde el Mowgli de “El libro de la selva” hasta el cachorrito de “El rey león”.

Dicha secuela está ahora en nuestras salas de cine para tratar de conectar con las nuevas generaciones y despertar viejos temores ocultos en los que hace demasiado tiempo dejamos de ver a Bambi y a sus amiguitos del bosque.

SECUELAS TARDÍAS

Lo de “Gone with the wind” fue un auténtico crimen. No se trataba sólo de la película, sino también de la novela.

Muerta Margaret Mitchell, poco después del estreno del glorioso filme de Seltznick, era iluso pensar que aquella saga sureña iba a tener una continuación. Sin embargo, muchas décadas más tarde, cuando empezaban los noventa, se buscó a una novelista que fuera capaz de contarnos lo que le había sucedido a Escarlata O’Hara después de que Rhett la abandonara en aquella Tara que, a la fuerza, tendría que volver a florecer.

La elegida para cometer tal dislate se llamaba Alexandra Ripley y lo que nos contó se convirtió en una película televisiva que protagonizaron, sin la menor vergüenza, Joanne Whalley Kilmer y Timothy Dalton.

Otras secuelas que han tardado años y años en realizarse serían: “Two jakes” que, dirigida por Jack Nicholson pretendía seguir a “Chinatown”. “High noon” donde nada menos que Lee Majors quiso transformarse en Gary Cooper. “Look what’s happened to Rosemary’s baby” continuación espantosa de “Rosemary’s baby’’. Y es que Polanski ha tenido mala suerte cuando han querido continuar las que, por cierto, son sus mejores cintas.

“Un hombre y una mujer, veinte años después”. Claude Lelouch fue un cineasta sumamente elogiado en los sesenta.

Aquella película suya que protagonizaban Jean Louis Trintignant y Anouk Aimée dio la vuelta al mundo llevándose premios en los más prestigiosos certámenes.

La secuela, a pesar de contar con el mismo realizador y los mismos intérpretes era penosa, patética, dolorosa, insufrible.

Hay que ser un maestro de maestros para hacer más o menos lo mismo sin perder ni un ápice de interés o calidad.

No todos los días nace un Ingmar Bergman. Y ese Bergman, después de “Escenas de la vida conyugal” ha continuado ahora, también con sus mismos actores, aquella entrañable historia en “Saraband”.

Si usted no la ha visto puede, al menos, alquilarla en DVD, ya que nuestros cines prefieren exhibir “Deuce Bigelow”.

Bogdanovich se convirtió en todo un respetado director siendo muy joven gracias al inesperado éxito de “The last picture show”.

Jeff Bridges y Cybill Shepherd que la protagonizaban, volvieron a unirse a las órdenes del mismo Bogdanovich en “Texasville”, pero el resultado fue diametralmente opuesto.

Ahora bien, casos tan extremos que sucedan con cintas para niños, son insólitos y a “Bambi 2” no podemos buscarle ninguna comparación como tampoco pudiéramos buscársela a “The bad seed” que, en 1956 protagonizara una niña malísima en la ficción que se llamaba Patty McCormack y que, en 1995, ya bien crecidita, casi cuarenta años más tarde, siguiera con la misma maldad en “Mommy”.

Lo peor del caso fue que esa “Mommy” originó un par de secuelas de la misma manera que “Psicosis”, el clásico de Don Alfredo, que  tuvo también unas cuantas despreciables continuaciones.

Y Ahora Sharon Stone, cansada de rogarle a Michael Douglas que la acompañara en la segunda parte, amenaza con estrenar en este año su “Basic instinct 2”.

Ya saben lo que nos espera.

Para terminar con este tema hay que señalar que algunas de estas secuelas tardías le han valido de algo a sus actores. Ahí está Paul Newman con su Oscar por “El color del dinero”, de Scorsese, que no era otra cosa que una secuela de “El audaz” (The hustler) que, a finales de los cincuenta dirigiera Robert Rossen en mucha mejor forma que el director de “Taxi driver”.

VISITAS FAMILIARES

Precisamente una película que figura este año para el Oscar en la categoría de mejor actriz secundaria (Amy Adams, apunte ese nombre) y que se titula “Junebug”, trata sobre el tema de las visitas familiares.

Una pareja recién casada decide visitar a la familia del marido, ya que se encuentran por las cercanías.

La esposa va a conocer a una serie de personajes de lo más extraños y va a convivir durante un par de días con los suegros, el cuñado y la esposa de éste que, por cierto, es el personaje que interpreta la formidable Amy.

El tema de las visitas familiares no es nuevo y ha dado lugar a películas sumamente entrañables.

Jodie Foster, esa Jodie Foster que ahora corre como loca en el interior de un avión buscando a su hija, no sólo es una actriz galardonada con un par de Oscars, sino también una realizadora de cierta calidad que viene demostrando desde “Mentes que brillan”.

Su segundo largometraje se titulaba “Home for the holidays” y precisamente trataba de una de estas visitas familiares.