Analizan la violencia religiosa en Chiapas

Analizan la violencia religiosa en Chiapas

México. (Alc/ACPress.net). Los orígenes, evolución y hechos relevantes de la persecución a indígenas evangélicos en el sureño Estado de Chiapas, por parte de otros indígenas católicos tradicionalistas, fueron analizados por Carlos Martínez García en una mesa redonda organizada por la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) sección de México y el Seminario Teológico Presbiteriano.

En el evento, además de la ponencia de Martínez, titulada “Protestantismo, Derechos Humanos y Tolerancia en los Pueblos Indios de Chiapas”, participó Arturo Piedra, de la Universidad Bíblica Latinoamericana, de Costa Rica.

En distintas zonas del Estado con preponderancia de población indígena se fue enraizando el protestantismo en las primeras décadas del siglo XX. Con ritmos más intensos en unos lugares, y menores en otros, los protestantes indígenas han tenido que enfrentar hostigamientos simbólicos y violentos por parte de poblaciones reacias a respetar su derecho a cambiar de religión, dijo.

Martínez se refirió a estallidos de violencia religiosa en diversos lugares y fechas en Chiapas, que apoyan su tesis, la formación de algunos organismos de defensa, el recurso infructuoso a los órganos jurídicos y estatales, y concluyó que la lucha de las comunidades evangélicas por la libertad de creencias ha derivado en una lucha por el respeto a los derechos humanos y la tolerancia.

[b]Los evangelios, vistos como una amenaza[/b]

En las sociedades indias de Chiapas, la tradición religiosa representa la columna vertebral de su cosmovisión. Esta religiosidad es una mezcla en la que sobreviven algunas creencias prehispánicas, con incorporaciones nuevas que sorprenden, como el papel ritual que juega la Coca Cola entre los chamulas, anotó.

Este conglomerado considera una amenaza a quienes se convierten a nuevos credos, como los evangélicos y los testigos de Jehová. Todos los actos de agresión contra una persona o colectividad que se hacen de manera continua, conlleva argumentaciones o prejuicios que estigmatizan a los agredidos y presentan a los agresores como los que tienen razones justificadas para perpetrar sus actos, explicó.

Se acusa a los indios evangélicos de romper la unidad de los pueblos. Este señalamiento proviene tanto de científicos sociales como de ciertas fuerzas políticas y sacerdotes católicos. Es obvio que se rompe la unidad cuando ésta descansa en la supuesta unanimidad religiosa. Exigir a los indios que guarden la unidad religiosa de sus pueblos significaría negarles un derecho que otros sectores sociales tienen, el derecho a la diversidad, dijo Martínez. Otro cargo que se imputa a los disidentes religiosos es que atentan contra las costumbres y tradiciones.

Las estimaciones sobre el número de expulsados evangélicos en Chiapas, preponderantemente en Los Altos, son variadas, pero en los años 70 del siglo pasado empezaron a tener lugar desplazamientos forzosos de grandes grupos. Según un recuento hecho en diciembre de 1993 por líderes evangélicos mestizos, la cifra de creyentes expulsados por la intolerancia religiosa en Los Altos se estimó en 33.531.

El protestantismo ha colaborado a legitimar el alfabetismo que, a los ojos de muchos indígenas, se asociaba de manera negativa con leyes y políticas represivas del gobierno ladino. Ahora los campesinos están aprendiendo a leer y a escribir sobre su fe protestante en sus lenguas indígenas y en español, y el alfabetismo está llegando a verse como algo propio, subrayó el conferencista.