Amigos vigilantes

<p>Amigos vigilantes</p>

FEDERICO HENRÍQUEZ GRATEREAUX
Dónde aprendió usted la lengua española? – La aprendí desde niño; mi padre fue un emigrado español. Cuando se impacientaba hablaba en español; lo mismo ocurría si estaba alegre o si bebía unas copas de vino. Mi madre la aprendió durante su noviazgo. Hablaba español con un raro y encantador acento húngaro. Mi padre aprendió la lengua de mi madre concienzudamente, leyendo viejas literaturas, gramáticas, periódicos de noticias sociales y deportes. Hablaba perfectamente, casi como si hubiera nacido en Budapest. Claro, si echaba pestes por la boca, eran todas en español. Mi padre vivió feliz de que yo hubiese aprendido el idioma de su familia, su lengua de origen. – ¿Hizo usted algún curso de español con financiamiento de una institución extranjera, fuera en su país o en otro? – Nunca. Me bastaba la casa; mi padre aclaraba cualquier duda, corregía mi menor falla en la conjugación de un verbo, en la concordancia “en género y número”. ¿Por qué pregunta estas cosas? – La verdad, Ladislao, es que me han pedido que lo haga. En la Unidad de Investigación saben que hablamos a menudo acerca de los municipios de las provincias de Cuba. Yo soy un empleado viejo. Estoy aquí desde los primeros tiempos de la revolución.

Confían en que yo pueda informar acerca de cualquier extranjero que pase por la institución.

Medialibra se inclinó hacia adelante en su silla para acercarse a Ladislao y, casi en secreto, explicó: – eres mi amigo, ningún extranjero me había tratado antes como usted lo ha hecho. Puede contar con que jamás haré nada que le perjudique en su trabajo o en su relación con el gobierno. Es imposible acusarle a usted de contrarrevolucionario o de disidente ideológico. Los cubanos de la alta jerarquía del partido no tienen intimidad con personas como yo, oficinistas simples, trabajadores comunes. En realidad, los jefes nuevos son más pretenciosos que los viejos oligarcas que vivían en El Vedado. No perderían conmigo el tiempo que me dispensa usted; las cortesías espontáneas que regala alrededor suyo no se ven todos los días en hombres con su educación; (He leído su currículo en el archivo ordinario vigente, en el departamento central).

– Dígame claramente, ¿hay algún problema conmigo en la Unidad? – No señor, lo único que ha pasado es que han visto un documento que usted dejó sobre su mesa de noche en el hotel.

La mujer que limpia lo mostró en la administración – para ganar méritos, probablemente -. El gerente sacó una fotocopia y la entregó a la policía secreta. El comisario practica en este momento una investigación de rutina sobre un asunto extraño: un preso húngaro con un crucifijo tatuado en el pecho; creo que es un expediente que será fácilmente sobreseído. En La Habana estas cosas son clasificadas “de segundo orden”. Es natural que pregunten a las personas cercanas de la misma oficina.

– Cada día que pasa tengo mas evidencias de que “la historia se repite”, como dicen los viejos jubilados en Hungría. Los cubanos que he conocido hasta ahora lo toman todo a guasa y chanza. Tal vez por eso no abundan en la isla los fanáticos ideológicos, políticos, religiosos; para la mayor parte de ustedes la vida es una lotería multifacética. No entiendo bien quées eso que llaman “el choteo”. Lidia me dice a menudo: “Ladislao, tú todo lo coges en serio”. Ella sostiene que aquí las discusiones y los trabajos acaban tan pronto como suena la rumba o interviene el gobierno. La gente vive tan mal en esta ciudad que, para no empeorar, sacrifican las amistades, las reglas, la verdad. Ese papel de que hablas es una historia que me contó una amiga sobre un compañero de estudios que fue detenido por una equivocación de la policía. Eso ocurrió hace años en mi país. A ella le contaron que ocurrió así.

– ¿Está usted molesto, señor Ubrique? Creame, mi intención ha sido probar mi amistad y adhesión, a su persona, a su trabajo profesional. – Le creo, Medialibra; lo que me sucede es que ya he visto parecidas cosas en mi país y en otros países vecinos. Es algo así como la forma rondó en la música. Después de algunas variaciones volvemos a los temas centrales, que se repiten una y otra vez. He visto estudiantes vigilados por estudiantes, obreros vigilados por obreros y profesores que espiaban a otros profesores. Cuando los regímenes políticos eran monárquicos los cortesanos actuaban en forma semejante en Austria, en Alemania, en Hungría, en Checoslovaquia. También en los regímenes populares totalitarios los funcionarios proceden con maneras y estilos parecidos. A los europeos les encantan los “países jóvenes”; creen que en ellos se estrena todo; los americanos, por el contrario, gustan experimentar con las fórmulas prestigiosas de las “naciones viejas”. No es otra cosa que morderse la cola. Pasarán los americanos por los mismos sufrimientos que nosotros en Europa. Bailarán la misma música, saltarán la misma cuerda; pero derramarán lágrimas mucho más negras que las cantadas por el señor Matamoros.

henriquezcaolo@hotmail.com