América Latina pasa página dolorosa al retirar bonos Brady

América Latina pasa página dolorosa al retirar bonos Brady

Washington (EFE).- América Latina está a punto de poner fin a un capítulo doloroso de su historia con la desaparición del mercado de los últimos bonos Brady, que son sinónimos de la crisis de la deuda de los 80, llamada la “década perdida”. Los bonos Brady han sido al mismo tiempo amados y odiados en América Latina.

Fueron la luz al final del túnel de los 80 ya que supusieron un perdón parcial de deuda que permitió a la región superar la suspensión de pagos casi generalizada a la que se vieron abocados unos estados que gastaban demasiado y que no pudieron soportar un alza en las tasas de interés en EEUU.

Pero si fueron salvación entonces, ahora su existencia hace recordar a los inversores extranjeros lo mal parados que salieron en América Latina en esa época y el riesgo inherente de poner el dinero en los países en desarrollo, según los expertos consultados por EFE.

“Al retirarlos, los países entierran el estigma asociado a los bonos Brady”, explicó Enrique Alvarez, jefe de investigación económica en América Latina de la consultora IdeaGlobal.

Brasilia pretende desembolsar 6.600 millones de dólares hasta finales de abril próximo para comprar los últimos bonos Brady brasileños que aún están disponibles en el mercado.

Venezuela, por su parte, ha anunciado que retirará de forma progresiva títulos por valor de 3.900 millones de dólares, lo que equivale al 15,2 por ciento de su deuda.

Cuando se concreten estos pasos sólo quedarán bonos Brady por unos 10.100 millones de dólares, según el banco de inversión estadounidense JP Morgan, comparados con los casi 150.000 millones en su punto álgido en 1997.

La recompra de los Brady refleja un cambio de mentalidad en América Latina, a juicio de Alvarez.  Mientras que en los 80 los países no estaban interesados en el manejo de la deuda y “básicamente despilfarraron el dinero”, explicó este experto, ahora se esfuerzan por reducir sus obligaciones, con emisiones en su propia moneda, en lugar del dólar, y a largo plazo.

Para ello se aprovechan de los beneficios extraordinarios que les ha generado la subida del precio de las materias primas, como el cobre en el caso de Chile, el oro y el estaño para Perú, el mineral de hierro para Brasil y el petróleo para Venezuela.

“*Quién habría pensado hace 15 años que (los gobiernos) pagarían la deuda o venderían títulos en su propia moneda?”, se preguntó Michael Chamberlin, director ejecutivo de la Asociación de Operadores de Mercados Emergentes (EMTA, en inglés).

Chamberlin conoce bien la mentalidad de esa época, pues participó en el diseño de las emisiones de los Brady de México entre 1989 y 1992.

Entonces el objetivo era romper un ciclo de reestructuraciones sucesivas de la deuda latinoamericana con los bancos extranjeros que se inició cuando México reconoció en agosto de 1982 que no podía pagar el interés a tiempo.

A finales de la década Wall Street se dio cuenta de que los problemas de esos países para hacer frente a sus obligaciones no eran temporales y muchas de esas deudas nunca serían amortizadas.

Esta constatación fue el catalítico de un plan articulado por Nicholas Brady, el secretario del Tesoro de EEUU, cuyo nombre no se ha olvidado por ello.

Según el plan, los acreedores daban a los gobiernos un recorte de la deuda a cambio de garantías de pago y promesas de reforma económica.

Se emitieron dos tipos básicos de bonos Brady: Bonos Par, que mantenían el valor nominal de los préstamos anteriores pero otorgaban un interés inferior al del mercado, y Bonos Discount, con un interés normal, pero un valor nominal entre un 30 y un 50 por ciento inferior al de los títulos que sustituían.

Asimismo, los gobiernos garantizaban el principal con bonos del Tesoro de EEUU.

Además de México, en América Latina emitieron la nueva deuda Brasil, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, Panamá, Perú, Uruguay, Venezuela.

Quito ha sido el único que ha declarado la suspensión de pagos de sus bonos Brady, en 1997, y México fue el primer país en recomprar todos esos títulos, en 2003.

A Chamberlin no le apena que los bonos Brady estén abocados a ser objeto de coleccionistas.

“Esos bonos fueron creados para un momento y unas circunstancias específicas”, dijo. Para fortuna de América Latina, ambos han cambiado.