Ambiente saludable

Ambiente saludable

Sergio Sarita Valdez

Una de las constantes siempre presente en los seres vivos es el cambio.

Nada permanece igual, todo está sujeto al movimiento transformador.

Si echamos un vistazo al imaginario aéreo de la nación dominicana de hace medio siglo notaremos una progresiva desaparición del verdor natural del país y una reducción del caudal de nuestros ríos.

Somos habitantes atmosféricos aeróbicos dependientes del oxígeno; sin esa maravillosa molécula gaseosa morimos asfixiados. La pandemia del coronavirus ha puesto en evidencia lo beneficioso que resulta vislumbrarse como integrantes del ecosistema.

Se calcula un mínimo de 25 por ciento de responsabilidad medioambiental en el mecanismo de muertes adultas y en más de un tercio de los fallecimientos infantiles.

Aire, agua, tierra y vegetación son integrantes indispensables para la supervivencia del Homo sapiens. Nuestra estrecha cosmovisión antropocéntrica nos vuelve animales peligrosamente miopes para una convivencia equilibrada.

El calentamiento global no se trata de un fenómeno natural, sino que es el resultado de la combustión de recursos fósiles llevada a cabo por los humanos.

Las inundaciones, tormentas, sequías, terremotos y otros accidentes atmosféricos reúnen sus ingredientes a partir de los grandes desaciertos de la especie dominante. Continuamente generamos moléculas tóxicas de monóxido de carbono.

El manejo descontrolado de las fuentes acuíferas reduce la disponibilidad de agua potable para una población urbana que crece exponencialmente, dificultando así la higiene colectiva y personal.

La huida acelerada de hombres y mujeres del campo a la ciudad, sin que la velocidad de dicho proceso nos permite realizar a tiempo los ajustes de lugar, explica en parte el surgimiento de los cinturones de miseria que rodean las grandes ciudades. Tratando de paliar el déficit habitacional se construyen edificios multifamiliares en detrimento de las áreas verdes que son el pulmón sanitario de las ciudades.

Pretendiendo mitigar un agobiante mal agudo, creamos otro de mayor cronicidad y efectos deletéreos para la posteridad. Se exacerba la crisis del transporte, la demanda de energía eléctrica se multiplica, se acumula basura, aumentan los ruidos, disminuyen los espacios físicos públicos y crecen las fricciones entre vecinos.

Urge el desarrollo y reforzamiento estatal de la planificación urbana a nivel nacional. La salud colectiva, familiar e individual, dependen en gran medida de la pureza del aire, potabilidad del agua, preservación de los alimentos, electricidad, y de una atención primaria de calidad, oportuna, asequible e incluyente.

Continuamente generamos moléculas tóxicas de monóxido de carbono

Urge desarrollo y reforzamiento de la planificación urbana

De la pureza del aire y potabilidad del agua depende la salud colectiva

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