Amanecer de un
forense dominicano

Amanecer de un<BR> forense dominicano

Un enorme e indescriptible torrente de emoción me embarga el espíritu cada amanecer cuando los electrizantes rayos solares tocan mi rostro anunciando el nacimiento de un nuevo día.  Cargado al máximo como un acumulador de doce voltios salgo anheloso y lleno de esperanza hacia el trabajo. Sueño en el trayecto con dulces y agradables sorpresas.

¡Cuán poco dura la felicidad en la casa del pobre! No bien he puesto un pie en la morgue cuando de repente se abre el telón de una cruenta, triste y dura realidad. Parecería que una prolongada y vengadora pesadilla se hubiese adueñado de aquel lugar. Descubro cinco fríos cuerpos de quienes apenas unas horas antes eran cálidos jóvenes contentos y felices pero que  ahora son cadáveres traspasados porbalas asesinas disparadas por las armas desordenadas que buscando  un nuevo orden desordenan para siempre la existencia.

Junto a los baleados reposan otros tres adultos caídos bajo el filo del machete o del puñal que penetra  las entrañas para hacerlo desangrar hasta la muerte. Dos niños y un adulto fallecidos secos y vacíos por el cólera sirven de adorno a los hijos de la violencia callejera. Asfixiado de horror salgo de aquel fatídico espacio tenebroso y desolador. Vuelvo ahora con tristeza a contemplar al mismo sol que ya no muestra los encantos de horas antes. Ahora me pica de rabia, me acalora y me quema cual fuego de infierno que desea hacerle coro al demonio que dejé desayunando en la sala forense.

Encamino mis pasos al habitual salón de reuniones para escuchar el relato de las circunstancias que rodearon el deceso de cada uno de los difuntos auditados. Se habla de uno que otro recogido sin vida tirado en la acera cual canino envenenado. Otro se pronuncia fallecido en circunstancias aún no aclaradas. Se habla de dos que cayeron en desigual enfrentamiento con fuerzas policiales. El quinto fue herido en una  reyerta frente a un lugar de expendio de bebidas alcohólicas.

Los apuñaleados y cortados corresponden a  unos machos selváticos quienes cargados de furiosa valentía  blandieron armas blancas que pronto teñirían de rojo y se batieron con bandas drogadas con el predecible balance trágico. Un adulto que apenas unas horas antes depositaba sus abundantes y acuosas excretas en una cañada cercana pereció de shock hipovolémico colérico mientras era conducido de emergencia a un cercano centro asistencial de salud. Los niños luego de ser rebotados en el clásico peloteo de clínicas y hospitales, fallecieron sedientos y desequilibrados por el Vibrio cholerae.

El día llegará en que la morgue amanezca vacía y podamos sentarnos juntos en el salón de reuniones a comentar aquellos tiempos en que las fuerzas del orden hacían la guerra en nombre de la paz, los hombres se volvían animales irracionales bajo el embrujo de las drogas y el alcohol, en tanto que niños y adultos haitianos y dominicanos caían diezmados por el cólera importado. Todo será historia de un ayer sepultado por la educación,  adjunta a unos optimizados servicios de salud humanizados y eficaces al alcance de todos. Será un luminoso amanecer primaveral de jóvenes deportistas felices  con mentes y cuerpos sanos, ancianos satisfechos y niños cargados de esperanza con fe en el futuro. Pero, ¿Cuando llegará ese día?