Alianzas y transfuguismo

Alianzas y transfuguismo

CÉSAR PÉREZ
Tanto la forma como el contenido de las alianzas políticas tejidas por los partidos Revolucionario Dominicano, PRD, Reformista Social Cristiano, PRSC y de la Liberación Dominicana, PLD-aliados menores, para los próximos comicios tienden a vaciar de contenido los conceptos de representación y representatividad que son consustanciales a la democracia política.

De esas alianzas surgirán unos representantes en el Congreso y en las salas capitulares de los ayuntamientos, que ostentarán una representatividad que desde ya puede vislumbrarse que será volátil y esto deberá acentuar la practica de muchos elegidos que por intereses materiales cambian de casaca y se integran a otra mayoría, la cual se conoce como transfuguismo.

Este fenómeno tiende a generalizarse en muchos países y constituye uno de los elementos que, al igual que precaria democracia interna de los partidos, contribuyen a evidenciar los límites de democracia representativa, la crisis de la representación política, de la representatividad de los elegidos y de la generalizada corrupción de la práctica política en muchos países y de manera particular en el nuestro.

Por otro lado, la forma y contenido de las referidas alianzas, ha determinado una curiosa forma de transfuguismo, que se manifiesta antes de que se formen las próximas mayorías congresionales y municipales. Ya son varios los síndicos, regidores y hasta congresistas, que al no ser nominados nuevamente como candidatos por sus partidos, debido a la repartición de candidaturas de los partidos aliados, ya han renunciado a la representación de los partidos en cuyas boletas fueron electos y han aceptado ser candidatos de otros.

En ese sentido, cobra relevancia la vieja la discusión sobre si la representatividad de un elegido es o no vinculante al partido que lo presenta en su lista, si una vez elegido puede tranquilamente entrar a formar parte de otra mayoría o por el contrario, que es vinculante tanto al partido como a la plataforma o programa sobre la cual buscó su legitimación ante el elector y por lo tanto no tiene derecho a declararse “independiente” e integrarse en cualquier bloque. Aunque este es un tema muy complejo y delicado, su dilucidación puede ser crucial para establecer mecanismos, sino legales, por lo menos éticos para limitar el transfuguismo.

La idea de que el elegido debe dar cuenta a la nación o pueblo, que es quien delega la representación y no al grupo o partido que lo presentó como candidato, en sentido general, fue una sana intención del legislador, pero, dado el sostenido proceso de corrupción en la práctica política en general, este principio se ha desvirtuado y se ha convertido en la forma de justificación institucional que legaliza una acción aviesa y evidentemente ilegítima. 

Es este el principio que rige e nuestro país y, entre otros factores, quizás sea esta la razón que hace viable, en términos legales y procedimentales, el establecimiento de las actuales alianzas, carentes de las más mínimas coincidencias de ideas sobre proyecto de sociedad o de simple tradición de coincidencias políticas (que en algunos casos las hay) y sirve de garantía para que los disidentes de sus partidos inscriban sus candidaturas en las listas de cualquier otro, pues saben que si tienen un alto valor en el mercado político antes de ser elegidos, este se incrementará al eventualmente convertirse en tránsfugas.

Todas estas alianzas, por como se han hecho, en esencia, estimulan la práctica del transfuguismo, están fundadas en la repartición de representaciones al margen de proyectos nacionales, por lo cual el principio de representación de la nación y no al grupo o partido en que descansa la representatividad del representante, en el caso nuestro, es una mera ficción, otra evidencia de que esta democracia representativa que tenemos está cada día más vacía de contenidos.

Otros factores que contribuyen a la acentuación del transfuguismo son la práctica de las cúpulas dirigentes de “reservarse” el derecho de elegir el representante de una determinada demarcación con la finalidad tener la discrecionalidad de concertar pactos con eventuales aliados y las transacciones a que se ven compelidos realizar muchos candidatos de mayores proyecciones locales y/o nacionales, para aceptar cargos de menor jerarquía cediendo su puesto a candidatos de más recursos económicos, o de imagen más vendible o porque simplemente su candidatura debe cederla a un militante de mayor jerarquía en la estructura partidaria.

En tal sentido, entre otras iniciativas, debemos impulsar propuestas concretas de modificación del principio de la representación personal en las cámaras legislativas y que impidan que tanto síndicos, regidores y legisladores que abandonan el partido que los eligió solo puedan presentarse a cargos en las listas de otros partidos uno o más años después de sus renuncias.

Esto es sólo un esfuerzo de los muchos que hay que hacer, para reorientar este sistema de partidos y esta una democracia, cuyos déficit de representación y de representatividad han determinado un sistema político que excluye de la participación a sus mejores ciudadanos y como sociedad nos mantienen en estado permanente de ingobernabilidad.