Alianzas de pacotilla, más transfuguismo

Alianzas de pacotilla, más transfuguismo

El pueblo se cree libre cuando ejerce su derecho al voto en una democracia; “pero si ejerce mal, en ese breve momento, ese poco de libertad merece que se pierda.” El juicio es duro, no hay duda, pero no por duro menos merecido.
Ahora, lo que debería debatirse, es en qué país vivimos. Cada quien tendrá su propio criterio y es libre de tenerlo y ser respetado. Podemos tratar de engañarnos. De confundir la conciencia. Pero el corazón no se engaña. “Cuando el Estado, solo subsiste bajo una fórmula ilusoria y vana; cuando el vínculo social se ha roto; cuando el más vil interés se ampara descaradamente bajo el manto sagrado del bien público, entonces la voluntad general enmudece” (Rousseau).
Aceptemos al menos que la auténtica democracia, la democracia perfecta, no existe. Que cada vez más nos invade la codicia, el consumismo, la audacia, la intriga. “El interés privado se confunde con el interés público y eso es malo.” La sustancia del Estado se modifica en cada reforma, obedeciendo no al poder civil, del Pueblo, sino aquel que lo enajena y determina. Esa es la realidad que nos toca vivir.
Buena parte del Pueblo confía en el poder del voto. Confía que las elecciones serán libres y democráticas. Y el mismo se ilusiona con serlo. Parece no percatarse de las desigualdades. Tiene cifradas esperanzas en el cambio. Que serán superados los agobiantes problemas de inseguridad ciudadana, corrupción, impunidad, violencia generalizada, caos institucional y las deficiencias en servicios básicos. Pero para los partidos políticos del sistema, la Junta Central Electoral, el Gobierno lo más apremiante, lo que merece la mayor atención son la Alianzas. Su conformación no importa. Mansos y cimarrones, dan lo mismo. Lo que cuenta son los votos, su sumatoria. Ese no es precisamente el pensar del ciudadano que piensa en el país, no en parcelas políticas, lamentablemente en minoría.
Se sabe de esas alianzas que son puro oportunismo. Nada aportan al fortalecimiento institucional de la democracia. Procuran ventajas particulares que garantizan su improductiva supervivencia consumiendo gran parte del presupuesto en repartideras de puestos, prebendas y canonjías. Esos partidos de pacotilla, dependientes de los que tienen vocación de poder, saben valorarse, convencidos de que de ellos depende la posibilidad de un cambio efectivo o de más de lo mismo. Y, vendidos al mejor postor, a un precio que no tienen, gana “el que más saliva tiene.”
Mas tormentoso y desdichado, el transfuguismo. Puesto de moda seudos líderes y dirigentes de mucha o poca monta por su historial partidario de lucha y afanes, corta sus raíces. Por conveniencia personal, se alejan y autentican su verdadera identidad y decoro. Como renegados, dan su apoyo, cantan loas, improvisan discursos genuflexos, a quienes solo ayer apostrofaban.
En algunos países, donde aun se respira algo de decencia y dignidad, estos renegados políticos son tildados de traidores. Se les excluye y se les condena como mercenarios.
“Nunca se corrompe al pueblo, pero frecuentemente se le engaña, entonces por conveniencia personal parece preferir lo malo.”