Al rescate del Yaque del Norte

Al rescate del Yaque del Norte

FABIO R. HERRERA-MINIÑO
Ubi Rivas, como buen santiaguero, ha comenzado a clamar por la atención nacional y regional para ir en rescate del río Yaque del Norte, cuya crítica situación se agravó con la construcción de la presa de Tavera y más luego con la de Bao. El río se encamina hacia una muerte lenta y segura, ya que los aportes de arroyos, que existen aguas abajo de esas dos presas, no son suficientes para frenar el uso que se le ha dado al lecho del río como depósito de la basura y aguas negras provenientes de los enclaves humanos a sus orillas.

El aporte humano de contaminación para un río que ya no tiene agua libre, por estar represada en sus dos grandes barreras artificiales, es tremendo y demoledor para la ecología, y sus orillas cada vez ofrecen una visión dantesca de depredación por los habitantes que viven a todo lo largo del río. La situación se ha agravado con la presa de Monción. Ahora el daño se extiende a toda la zona de Las Matas de Santa Cruz, Guayubín y Monte Cristi.

Resulta paradójico que un río, que era tan atractivo y fue fuente de inspiración para los bardos que le cantaban al “Yaque dormilón”, ahora constituye una afrenta, que mueve a todos a demandar medidas urgentes de parte de las autoridades para que se frene el colapso del río. Esto no ocurre con el río Nizao, que está también represado, pero a éste le entra agua de otros arroyos aguas abajo de la presa de Valdesia y del contra-embalse de Las Barías, por lo que todavía le queda más vida. Hasta es factible una explotación racional y vigilada de su inagotable fuente de agregados.

Los enclaves humanos a lo largo del Yaque del Norte están contribuyendo a su desaparición cuando con más gentes, menos educación y sin conciencia ciudadana, no les importa verter toda clase de desperdicios en su otrora lecho preñado de agua cristalina.

La riqueza que aportan las aguas represadas en esos dos embalses de Tavera y Bao van dirigidas a la producción de electricidad, llevarle agua potable a las poblaciones de Santiago y Moca, pero más importante es fertilizar la tierras de Pontón, Navarrete, Esperanza, Mao, Guayacanes, etc. Esto obliga a mantener en operación óptima los embalses y darle mantenimiento a las presas y a sus equipos de generación hidroeléctrica.

Entonces lo lógico sería, como una medida medio salomónica, que cada cierto tiempo, y cuando haya abundancia de agua en los embalses, provocar crecientes controladas de manera que esa avenida, previamente el agua sería aprovechada en las turbinas de generación de electricidad, arrastren todos esos desperdicios depositados en las orillas, ya que al llegar al mar crearían otro problema con la fauna y flora marina. Pero esas crecientes controladas, frenaría una condición muy indeseable para la vida humana, la cual es la que se debe proteger. Los caudales máximos no deben sobrepasar los 100 metros cúbicos por segundo.

Esa solución era la que se utilizaba hace ya muchos años cuando los vertederos de basura de los pueblos se hacían en las playas de los ríos, con el fin de que cuando llegaran las crecientes, fueran arrastrados hasta el mar, pero con la construcción de las grandes presas se eliminó ese mecanismo de disposición final de desperdicios, lo cual está afectando seriamente la vida de las poblaciones pobres que viven arrimadas a orillas del Yaque del Norte y de otros ríos represados.

La agonía del Yaque del Norte es terrible, frenarla requiere de medidas heroicas, que en otros países con situaciones similares de ríos represados, que pasan por las cercanías de sus ciudades, son canalizar sus riberas con revestimiento de hormigón, gaviones, piedras o terraplenes, etc. para darle higiene al lecho del río a sus orillas, evitando que se depositen desperdicios que ahora, al estar las márgenes sin protección, estimula a que se arroje tanta basura en sus orillas.

Mientras no se obtengan fondos para aportar soluciones costosas, la única barata y confiable es que se produzcan crecientes periódicas cada cuatro meses, durante unas seis horas, de manera que el agua se lleve a todas las inmediaciones que los ribereños colocan a orillas del Yaque del Norte.