Al buen crédito se llega por el ahorro

Al buen crédito se llega por el ahorro

Contrario a lo que normalmente se cree, ser un buen sujeto de crédito tiene que ver más con nuestra disposición al ahorro que con el nivel de ingreso o la capacidad nominal de pago que tengamos en un período determinado.

Si esta afirmación suena chocante, es porque hemos llegado a aceptar como normal que el crédito desplace al ahorro como protector del bienestar. Para reconciliarnos con la noción del ahorro como regulador ante los riesgos, veamos el siguiente símil. ¿Qué hacemos frente a la probabilidad de que el servicio de agua se interrumpa en nuestros hogares? Pues nos ocupamos de mantener una reserva de agua. De igual manera, necesitamos contar con reservas de efectivo que protejan nuestro bienestar si sucede cualquier situación.

La clave es que esa reserva de efectivo debe estar hecha de ahorro, y no de crédito. De otra forma, estaríamos respondiendo a un riesgo – aquel que nos hace recurrir a la reserva – con otro riesgo: el del crédito. Volviendo al símil, sería como contar con el agua del vecino, y no la propia, para responder a la escasez.

Cuando, en cambio, utilizamos el crédito como complemento, nunca como sustituto, del ahorro, éste se convierte en una herramienta que nos ayuda a conseguir nuestros objetivos sin que nos sobrecargue, sin que aumente más de lo prudente nuestra exposición a los riesgos y, por lo tanto, sin que comprometa nuestro bienestar.

Ese, y no otro, es el buen crédito.