Aguaceros, sequía e incendios

Aguaceros, sequía e incendios

JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ ROJAS
Los productores agropecuarios han iniciado este año con el pie izquierdo. Desde finales del mes de diciembre del pasado año y casi todo el mes de enero, transcurrieron 43 días de intensos aguaceros que impidieron que la floración fructificara.  A seguidas y para el colmo de los males, nos ha asolado una sequía que lleva más de tres semanas calcinando el suelo y secando las escorrentías y los pequeños arroyos, lo cual es motivo de preocupación para aquellos cultivadores que están en las montañas por el peligro que representan los múltiples incendios que se han desatado en las zonas boscosas.

En la cordillera Septentrional, las constantes lluvias hicieron que las placas se saturaran de agua, resultando en deslizamientos de tierra, desplazamientos de viviendas y roturas de varias carreteras, incluyendo la denominada Turística entre Santiago y  Puerto Plata.  Varios agroempresarios de la zona se han visto afectados  por estos derrumbes que les han impedido sacar de manera expedita los diferentes productos que se cosechan en esta época del año.

A decir verdad, no podemos cuantificar cual de los dos fenómenos: aguaceros o sequía, han sido más devastadores, sin embargo, el agostamiento ha traído una secuela de incendios que hasta la fecha han afectado a más de ocho mil hectáreas de bosques, desapareciendo especies nativas, tanto de la flora como de la fauna, de muy difícil sustitución.

El gobierno dominicano, en su impotencia, ha solicitado la ayuda solidaria de varios países. El gobierno de los Estados Unidos, tal vez el de mayor potencialidad para combatir este tipo de desastre, según sus leyes, no pueden acudir en el auxilio de un país amigo si el mismo no es declarado en estado de emergencia.  Entonces, surge la oferta de la República Bolivariana de Venezuela, la cual ha enviado dos helicópteros y personal especializado en el combate de fuegos.  Estas naves han tenido que desplegar un ingente esfuerzo para sofocar incendios esporádicos, ya que la capacidad de almacenaje de líquido es muy escasa.

Nuestras Fuerzas Armadas habían adquirido unos doce helicópteros que, según investigaciones, cuatro de los mismos podían haber desplegado acciones similares a los dos venezolanos.  Pero, como los militares sólo piensan en que los mismos deben ser utilizados sólo en acciones bélicas o de patrullaje, no les adaptaron los aditamentos denominados “bambi bunke”, que son los que facilitan enganchar los depósitos de agua para derramarla sobre los incendios.  Según noticia aparecida en la prensa local, los mismos estarían en el país dentro de veinte días.  ¿Quiénes son los responsables de tan grave negligencia?  A nuestro entender, los militares que compraron los helicópteros, que sólo pensaron en su utilización con fines militares, olvidando que es la ciudadanía que con los impuestos que paga al fisco ha hecho posible la compra de esos equipos que deben estar a su servicio.

Tampoco nos explicamos cómo si los “bambi bunke” están depositados en la ciudad de Miami, no se envía un avión militar, o en su defecto, se alquila una aeronave local a recogerlos.  En veinte días se puede quemar una cantidad considerable de la poca superficie boscosa que nos queda.

El daño de los bosques quemados no se podrá apreciar sino en el futuro, ya que de haber afectado nacimientos de ríos es posible que los mismos se sequen y entonces la cantidad de agua necesaria para las presas, irrigación o acueductos se vería seriamente afectada.  De hecho, hay comunidades que ya carecen del líquido.

Se dice que los dominicanos ponemos candado después que nos roban. Que estos incendios nos sirvan de experiencia, para que la Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales compre los equipos necesarios para el combate de los fuegos, que muchas veces son intencionales. Hay una gavilla que se dedica a prender pastizales ubicados cerca de los bosques para después aprovechar la madera muerta para construir las casuchas que se observan en los alrededores de Villa Altagracia.  Osamos sugerir que de los cuatro helicópteros que se habilitarán para combate de incendios, dos deberían ser asignados a Medio Ambiente, para que esta Secretaría no tenga que depender de solicitar los mismos a las Fuerzas Armadas.  Por supuesto, los pilotos serían también del sector privado.

Por último, después que sean sofocados los incendios y que comience el período de lluvias, recomendamos que los bosques de pino arrasados por el fuego sean reforestados por el método del voleo, esparciendo semillas sea desde avionetas o desde los helicópteros.