Agresiones haitianas al pueblo dominicano

Agresiones haitianas al pueblo dominicano

 A escasas 24 horas de que el presidente Medina acudiera a Haití para dejar en operación un programa de reforestación en  ese país, el gobierno occidental le lanzó una cubeta de estiércol a los buenos e inocentes deseos  del gobierno y pueblo dominicanos, que busca sostener relaciones maduras y responsables con un país acostumbrado a denunciarnos y a humillarnos, a sabiendas que no recibirán una reacción  contundente de los dominicanos.

 De nuevo, los ministros haitianos, mientras su presidente Martelly estaba de risitas y abrazos  con el presidente Medina, elaboraban  su prohibición de que ninguna carne ni huevos dominicanos podría ingresar  a Haití  por aquello de la fiebre aviar, que localmente  los medios  escandalizaban al país con el rebrote de la misma, dándole pie a los vecinos a emitir su decisión de prohibir las importaciones.

 No hay dudas que las autoridades haitianas, después de la muerte de Trujillo, se envalentonaron, y ya sin el temor de los juegos pesados del dictador, enfrentaron al país guiado por una diplomacia  sumisa  y temerosa al qué dirán internacional. A veces pareciera que nuestros funcionarios diplomáticos  quisieran ocultar la cabeza bajo tierra.

 Los dominicanos sostenemos desde hace años, una tambaleante diplomacia con Haiti. El país no ha actuado para evitar  las denuncias difamatorias, de la eficiente  y capaz diplomacia haitiana que nos colocan en mala situación internacional, donde siempre los dominicanos  somos los malos de la película. No ha habido forma de contrarrestar  ese odio del país occidental contra sus vecinos, que solo han sabido ayudarlos a sobrellevar sus miserias y enfermedades.

El objetivo haitiano  es de llevar a que el país renuncie a sus derechos de controlar y fiscalizar una línea fronteriza,  casi inexistente,  en donde el trasiego haitiano es un torrente  que no se detiene, creándose enormes enclaves  habitacionales como los de Verón,  en los alrededores de Santiago y de la provincia de  Santo Domingo, llevando sus costumbres, enfermedades  y pobrezas a esas regiones, ante la mirada ineficaz de las autoridades.

Las autoridades locales  proceden a veces con temor a las repatriaciones, casi simbólicas, y ya van encontrando una fuerte oposición de los que  se intentan reenviar a su país, que hasta han quemado los vehículos para impedir su retorno a su empobrecida nación. Aquí han logrado el paraíso y sus sustentos de vida, al tiempo que el sistema de salud dominicano les aporta precariamente  los medios para recuperar la salud, y masivamente, se auxilian a las parturientas para el nacimiento de sus hijos haitianos en los hospitales de la región norte.

Para los haitianos ya han quedado atrás  la enorme muestra de solidaridad que el pueblo dominicano les ofreció en ocasión del terremoto  de enero del 2010, así  como la donación de modernas edificaciones  en Cabo Haitiano para una universidad y el aporte para construir diversas obras con la presencia de dominicanos que  estuvieron trabajando en un esfuerzo que nunca se ha reconocido, como ha sido la ayuda médica cubana, pregonada a todo el mundo con amplio  despliegue propagandístico.

Y ahora, con esa muestra de agresión del pasado jueves 6, al querer prohibir la importación  de carnes y huevos a su país, es parte de esa estrategia de largo plazo de mantener amedrentados  y acorralados a los dominicanos, que con su temerosa  diplomacia para no ofenderlos, y ante el mundo, los haitianos nos señalan  como los agresores racistas e imperialista en contra de Haití.

Dominicana es de una población  mulata y mixta, pero Haití se mantiene provocando y azuzando para que la paciencia se agote, y el país reviente,  decidiéndose a tomar acciones más efectivas para las repatriaciones y el control del ingreso de los occidentales. Entonces, Haití pudiera  denunciar nuestro odio hacia ellos que impide la convivencia pacífica, y como ellos son los débiles  y mejores diplomáticos, hasta podrían lograr una resolución en las Naciones Unidas para condenar al país por su agresión  y que se les debe permitir que vivan pacíficamente en toda la isla.