Agenda bilateral ineludible

Agenda bilateral ineludible

Entre la República Dominicana y Haití han empezado a tomar forma signos que apuntan hacia la búsqueda de un esquema común de desarrollo sin desmedro de las soberanías.  El primer ministro haitiano, Jean Max Bellerive, envía una señal alentadora al invitar al empresariado dominicano a invertir y crear  empleos en su nación,  gravemente afectada por el terremoto del pasado 12 de enero.

Otro signo alentador es la reactivación de la Comisión Mixta Bilateral, un organismo de larga data que no ha logrado avanzar en el diagnóstico y diseño de soluciones para problemas comunes a ambos países, en materia de desarrollo sostenible, salubridad, servicios, migración y otros temas de alto interés. Ambos países tienen pendiente una larga agenda de trabajo y para avanzar en su desarrollo se requiere poner en armonía las voluntades.

Algo que el Gobierno de Haití debería ponderar es el poco asidero de algunas disposiciones que ha adoptado en materia comercial. La prohibición de las importaciones de pollo y huevos dominicanos  es injustificable desde todo punto de vista, y lo mismo ocurre  con el incremento arancelario unilateral que, aunque rige de manera global, lesiona el comercio domínico haitiano. Es hora de empujar la agenda común en favor de  ambas partes.

Escalas del subdesarrollo

La energía liberada por los terremotos en una unidad de tiempo se mide en dos escalas fundamentales. La Richter -en honor a su autor, el norteamericano Charles Richter- que mide en escala exponencial la cantidad de energía, y la Mercalli -debida al italiado Giusseppe Mercalli- que se basa en los efectos que percibe la gente por el paso de un terremoto. Ambos criterios, pues, son muy diferentes y enfocados a aspectos nada parecidos entre sí.

Pero, tratándose de terremotos, el atraso de los pueblos puede medirse indistintamente en Richter o en Mercalli. El terremoto que sacudió Chile y Argentina fue 50 veces más poderoso que el que destruyó Puerto Príncipe, pero los efectos en esta última ciudad fueron más destructivos que en las dos naciones suramericanas. Richter y Mercalli, con objetivos muy distintos en la medición de la energía que liberan los sismos, nos dan, sin proponérselo, una buena vara para medir el atraso de los pueblos.