Acerca de política y adulación

Acerca de política y adulación

JACINTO GIMBERNARD PELLERANO
No me hago muchas ilusiones en cuanto al mejoramiento general de la política, porque esta es la ciencia del poder y por más que se digan cosas, (Jefferson escribía a D. Tracy en 1793 que “No he podido concebir cómo un ser racional puede considerarse feliz por el solo hecho de poder mandar a los otros”), lo cierto es que los humanos anhelan mandar. Salvo excepciones, entre las cuales, felizmente me encuentro.

Nietzsche, cuya genialidad se movía entre certidumbre y caprichosos errores, dejó escrito en “Así habló Zaratustra”, XXXIV: “En dondequiera que encuentro una criatura viviente, encuentro una voluntad de poder”. Realmente suele ser así.

Yo estimo que a lo que hay que temerle es a la adulación y tener presente el consejo que consigna Diógenes Laercio en su vida de Antístenes: “Es mejor caer entre los cuervos que entre aduladores; aquellos devoran a los muertos y éstos a los vivos”.

Para mí, como para otros observadores de la historia, a Trujillo lo mataron los aduladores mucho antes de los disparos justicieros del 30 de mayo de 1961. No creo que algún ser humano sea invulnerable al elogio, así posea la frialdad filosófica de Joaquín Balaguer, que se mostraba irónico e impasible ante los elogios desmedidos y perseguidores de beneficios. Yo fui testigo ocasional de alguna reacción suya en las contadas oportunidades en que lo traté por asuntos culturales y otra persona presente iniciaba un desborde de alabanzas por la sabiduría y grandeza del Presidente. Él sonreía enigmático y sarcástico, unas veces diciendo “muchas gracias”, otras levantando la mano detenedora.

¿Estaría él convencido de que a Trujillo lo mató la adulación perseguidora de ventajas? Yo creo que sí, porque en cierta ocasión dejó salir una cascada de risa tras la salida del personaje en cuestión.

Creo que el presidente Fernández debe cuidarse.

A mi ver, debe instruir a los funcionarios bajo su mando para que suspendan la mención presidencial cada vez que cumplen con la tarea para la cual están en funciones. Por ejemplo: Si se logró un acuerdo para que las aeronaves de matrícula dominicana puedan volar a Estados Unidos, no hay que estar pasando costosas fílmicas televisivas con imágenes del Presidente recibiendo un papel que ya no es noticia. Y aún cuando lo fuera. El Presidente está en el cargo para todo eso, como están sus funcionarios. Si cumplen bien con su trabajo: ¡Estupendo! Lo bueno que ha hecho le otorgó la reelección.

En ocasiones en que he acudido a entrevistarme previa cita con algún secretario de Estado o alguien de menor categoría y sus asistentes me han dicho “Ah, pero él está muy ocupado” he respondido que “Naturalmente, para eso está ahí. No es para vagar”.

La tarea de un Presidente es tomar altas y trascendentales medidas en beneficio del desarrollo del país. Es su trabajo. Un trabajo dificilísimo que, de hacerlo bien, debe reconocérsele ampliamente en el reconocimiento popular.

Pero no en propaganda oficial pagada, fatigosa y muy costosa.

Además de innecesaria.