A PLENO PULMÓN
Fractura del fémur

<STRONG>A PLENO PULMÓN<BR></STRONG>Fractura del fémur

Durante todo el tiempo que pasó enyesado no tuvo más remedio que descansar la pierna encima de un otomán y mirar a través de los cristales de una puerta corrediza. 

El yeso que cubría la pierna era tan pesado que caminar era un esfuerzo penoso.

 Además, al caminar sudaba y eso le producía picazón.  No era cosa fácil rascarse con unas varillas de hojas de palmas; las varillas irritaban la piel y podían traer infecciones.

  Empezó por examinar el árbol más cercano: una frondosa “reina de las flores”.  Lo primero que observó fue que los pájaros, al posarse en el árbol, contribuyen a que las hojas secas se desprendan.

Después cayó en la cuenta de que cuando las ramas llegan a estar casi desnudas, tras muchas hojas maduras haber rodado por el suelo, aparecen repentinamente unas hojas pequeñísimas. 

En pocas horas crecen y cambian de color: pasan, de un verde palidísimo de vegetal recién nacido, a un verde sólido de vida que se afirma sobre la tierra.

 Todos los días dedicaba algunas horas a contemplar el tronco negruzco del árbol; por la corteza subían hormigas, gusanos y otros insectos que nunca había visto.

  En realidad, antes de la fractura él pasaba por delante de la “reina de las flores” y apenas reparaba en su follaje.

Tuvo la suerte de ver florecer el árbol; notó que brotaban unos tallos llenos de globos diminutos en filas regulares; de cada bolita salía una flor de color morado.  Eran ramilletes azulados, cuyos pétalos abiertos brillaban al sol.

 Las personas que cruzaban por la calle miraban el árbol florecido y lo veían a él sentado en el mismo lugar.

La verja les impedía ver el yeso que le forraba la pierna.  –Es un vago que pasa la vida mirando el cielo; no se aparta de la puerta de vidrio.  –Es verdad, llevo dos semanas viéndolo asomado ahí.

Al marchitarse las flores surgieron las semillas durísimas, que se partían en capas delgadas. 

Nunca vio crecer un hijo de esas semillas.  Le explicaron que para poder germinar debían pasar por la digestión de un animal rumiante.

 Entonces descubrió que la naturaleza es un maravilloso concierto. La rotura del hueso iluminó la creación entera.

henriquezcaolo@hotmail.com